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El Vaticano publica un profundo documento teológico por el 1700 aniversario del Concilio de Nicea: ‘Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador’

La Comisión Teológica Internacional presenta una reflexión que va más allá de la teología académica: es una valiosa y oportuna síntesis para acompañar la profundización de la fe y el testimonio en la vida de la comunidad cristiana

La Comisión Teológica Internacional (CTI) ha publicado un documento titulado Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. 1700º aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea con motivo de tan redonda efeméride, que se cumplirá el próximo 20 de mayo. El aniversario se celebra en este año jubilar, centrado en Cristo nuestra esperanza, y coincidiendo con la Pascua de todos los cristianos, en Oriente y Occidente.

Se trata, en palabras de la propia Comisión, «no solo de recordar el tenor y la significación del Concilio, sin duda de capital importancia en la historia de la Iglesia, sino también de sacar a la luz los extraordinarios recursos que el Credo, profesado desde entonces, conserva y relanza en la perspectiva de la nueva etapa de evangelización que la Iglesia está llamada a vivir».

En este sentido, el Credo de Nicea constituye, en el corazón de la fe de la Iglesia, «una fuente de agua viva de la que beber también hoy parar entrar en la mirada de Jesús y, en Él, en la mirada que Dios, el Abbá, tiene sobre todos sus hijos y sobre toda la creación». Empezando por los más pequeños, los más pobres y desechados.

Cuatro capítulos y una conclusión

El documento de la CTI, que consta de 70 páginas estructuradas en cuatro capítulos («El símbolo para la salvación»; «El símbolo de Nicea en la vida de los creyentes»; «Nicea como acontecimiento teológico y eclesial»; «Mantener la fe accesible a todo el pueblo de Dios») y una conclusión, pretende ser algo más que un texto de teología académica.

En esta línea, llega propuesto como una valiosa y oportuna síntesis que puede acompañar provechosamente la profundización de la fe y su testimonio en la vida de la comunidad cristiana. No solo enriqueciendo la participación en la vida litúrgica y la formación del Pueblo de Dios en la comprensión y vivencia de la fe con nueva conciencia, sino también estimulando y orientando el compromiso cultural y social de los cristianos en este desafiante punto de inflexión epocal.

En Nicea, por vez primera la unidad y misión de la Iglesia se expresan de modo emblemático a nivel universal «en la forma sinodal de ese caminar juntos que le es propio».

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