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600 años del pueblo gitano en España y «el corazón de la Iglesia»

El papa Francisco y la Conferencia Episcopal se unen a la comunidad en sus festejos y le abren las puertas de «par en par», pues esta etnia «tiene mucho que aportar a la Iglesia y a la sociedad»

El pueblo gitano está en el corazón de la Iglesia. Con motivo del sexto centenario de la presencia de esta etnia en España, el Papa ha enviado una carta a la comunidad residente en nuestro país, encabezada con un cercano «queridos primos y primas, tíos y tías, querido pueblo gitano de España». En su misiva, escrita con expresiones propias en romaní y lengua castellana, el Santo Padre invita a las personas de etnia gitana a que, «sin renunciar a los mejores valores de su cultura», apuesten por la evangelización, con el objetivo de «contagiar la alegría de vivir la fe, la esperanza y el amor cristianos». De esta forma, Francisco quiere subrayar que este pueblo «tiene mucho que aportar a la Iglesia y a la sociedad», destacando el aprecio por los mayores y el sentido de familia o el significado del trabajo como un medio para vivir y no tanto para acumular, así como recordar que la Iglesia les sigue «abriendo sus puertas de par en par». 

Para José Antonio Satué, obispo de Teruel y Albarracín y responsable de la Pastoral con Gitanos de la Conferencia Episcopal Española, el mensaje de Francisco puede ayudar «al pueblo gitano y a la sociedad española a avanzar en el camino de una inclusión respetuosa, que tanto enriquece a todos» y ser, además, «un revulsivo para animar y fortalecer la Pastoral Gitana en todas las diócesis españolas». En este sentido, el Papa ha querido agradecer el trabajo de todas las personas que dedican «cariño y tiempo» a esta pastoral, invitándolas a «mantener abiertas las puertas de nuestras comunidades a los primos y primas que ya no celebran la fe en la Iglesia católica, ofreciéndoles siempre la amistad y el diálogo propios de quienes estamos llamados a vivir en fraternidad, más allá de nuestras diferencias».

El director del Departamento de Pastoral con los Gitanos de la CEE es José Emiliano Rodríguez Amador, quien afirma, en conversación con ECCLESIA, que «ante todo, el pueblo gitano tiene un agradecimiento por que se le valore, se sepa que existimos, que estamos aquí desde hace seis siglos». La conmemoración está referenciada al salvoconducto que Alfonso V de Aragón expidió el 12 de enero de 1425 al gitano Juan, duque de Egipto Menor, para transitar por los territorios de la Corona de Aragón, documento que, hasta la fecha, permanece como el testimonio más antiguo de la presencia del pueblo gitano en España.

«Para nosotros, este escrito tiene un significado muy especial. Es como un padre de familia que se dirige a su hijo para mimarlo, animarlo y tenerlo en cuenta, eso es lo más grande que hay. Que el Papa haga este gesto con nosotros nos produce mucho gozo. Los gitanos queremos abrazarlo y achucharlo, mimarlo como a nuestros mayores, con ese júbilo, respeto y amor. Y ojalá podamos hacerlo de forma presencial con motivo del Jubileo en Roma o en alguna actividad eclesial», agrega Rodríguez Amador.

En las delegaciones de Pastoral con los Gitanos conviven sacerdotes, religiosos y laicos, payos y gitanos. Y en las diócesis sin este departamento, las necesidades son atendidas por los delegados de Migraciones. «Actualmente —señala José Emiliano—, los gitanos que participamos y nos sentimos Iglesia vamos haciendo caminos de desarrollo personal y a la vez compartido en una misma fe». «Por ello, es imprescindible que nuestra Pastoral Gitana dé ese protagonismo a nuestra manera de vivir y sentir la fe, porque, si no, no seríamos realmente nosotros, nos sentiríamos unos extraños, como ese extranjero que va a otro lugar y no entiende nada», agrega.

Para no sentirse extranjeros en su tierra, precisamente, las Jornadas de la Pastoral con los Gitanos son organizadas y tituladas en clave nacional, pues «el pueblo gitano quiere profesar su fe, pero todos juntos, como una nación», afirma. En la última ocasión —octubre de 2024—, las jornadas se celebraron en Sevilla, «para conocer la parte de los gitanos que están en las hermandades», señala. Desde la pastoral también se ofrecen cursos de evangelización, como el de San Andrés, donde gitanos y gitanas predican como ponentes la Palabra de Dios. En palabras de Rodríguez Amador, «esto es para vivirlo y de manera presencial, tanto para el castellano como para el gitano».

«Somos gente de acción —continúa— y, por eso, valoramos mucho el trabajo pastoral. Los propios miembros de la comunidad nos llaman con muchas propuestas, porque quieren conocer, vivir, tener experiencias, compartir nuestra fe gitana en Dios, viajar y transportarnos a lugares donde haya más gente de nuestro pueblo, tener numerosos encuentros, catequesis, cursos de evangelización… Esto también nos traslada y nos recuerda a nuestros antepasados, cuando caminaban por aquellos lugares todos juntos». 

—¿Qué cree que aportan los gitanos a la Iglesia?
—Diría que una comunidad familiar, porque somos una familia y debemos transmitir sus valores como hermanos en Cristo y en la Iglesia. Somos una comunidad muy religiosa, con unos sentimientos de fe muy intensos, especialmente a la hora de expresar nuestra creencia ante el creador de la vida. Dios es muy especial y muy importante en nuestras vidas y creo que estas aportaciones son valiosas.

—¿Y la Iglesia al pueblo gitano?
—Nos aporta mucho también, como, por ejemplo, conocer la religiosidad de quienes no son gitanos, enriqueciéndonos unos a otros cuando compartimos. Nos aporta esa acogida desinteresada cuando somos y nos sentimos iguales, como una madre trata a sus hijos en casa, y les da sus deberes para contribuir a ella. El Departamento de Pastoral con los Gitanos nos ofrece también grandes teólogos de cara a entender lo que es una buena evangelización. Ver a los sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos que luchan y defienden la dignidad humana, haciéndose familia dentro de la familia gitana y anunciando, así, la buena noticia de Jesucristo. La riqueza intelectual de los colegios, centros formativos, talleres, la formación de catequistas… El contacto con los obispos que se interesan y son sensibles a las necesidades de los gitanos y nos hacen partícipes de la programación diocesana… Y muchas cosas más.  

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