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Faros para la esperanza: la historia de Manuel y Lita, cómo hacer de la enfermedad una compañera de camino

Ingeniero naval de 83 años, acompañó a su esposa, Lita, durante 17 años, antes de fallecer por la enfermedad de Alzheimer. Sus cuatro motores: «Amor, discernimiento, fe y espiritualidad»

En el marco del Jubileo 2025, convocado por el difunto papa Francisco con el deseo de traer la esperanza de vuelta al mundo, la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española está desarrollando el proyecto «Reavivar la esperanza en comunión con los santos». Dentro de esta iniciativa se inserta «Faros para la esperanza», una serie de ocho vídeos, cada uno con una historia sencilla pero iluminada por la esperanza, que muestra cómo el amor de Dios nos dota de fortaleza en la debilidad. Cada testimonio se relaciona con una bienaventuranza.

Así, el testimonio de Manuel López López, tercer faro de esta serie, se centra en la enfermedad como compañera de camino, a partir de la bienaventuranza «Felices los que lloran, porque ellos serán consolados». Esta historia nos acerca a la realidad cotidiana de Manuel, un ingeniero naval de 83 años que ha acompañado y cuidado la convalecencia de su esposa, Lita, durante 17 años, antes de fallecer por la enfermedad de Alzheimer.

Manuel y Lita estuvieron casados durante más de 50 años, en una relación de mutua lealtad inquebrantable. Para él, cuidar de Lita no fue nunca un sacrificio, sino una gratificación y un verdadero «motor emocional». A pesar de la enfermedad neurológica degenerativa que padecía su esposa, Manuel estaba seguro de que ella sentía, observaba y tenía emociones y sensaciones, aunque no las comunicara verbalmente. Para él, un simple toque de mano tenía mucha más influencia que intentar recordar, por ejemplo, viejas canciones. Así, se muestra convencido de que los enfermos «no son muebles, sino que sienten y padecen, oyen, escuchan y detectan», por lo que es crucial entender cómo viven la soledad.

Durante su testimonio, Manuel comparte profundas reflexiones: prefiere la palabra «vigía» en lugar de «cuidador» porque el vigía es activo, no pasivo. Su rol no es solucionar el problema, sino evitar que se produzca, una analogía que extrae de su conexión con el mar y la Armada. Del mismo modo, identifica «cuatro motores» para enfrentarse a una situación como la suya: «El amor, el discernimiento, la fe y la espiritualidad».

También se detiene en «la espiritualidad en la adversidad». A su juicio, la espiritualidad emerge cuando uno sale de la «cápsula de confort» y se enfrenta a la incertidumbre, valorando lo que antes no percibía como necesario. Para él, la parte espiritual es «oler el viento» en el mar de la vida. Sin olvidarse de comprender a los demás, pues Manuel subraya la importancia del discernimiento y la comprensión de las acciones de los demás, incluso cuando parecen «abandono».

En cuanto a la felicidad, Manuel defiende que ésta no es ausencia de dureza, la felicidad no es contradictoria con la dureza de la realidad. Para él, la felicidad es la forma en que uno entiende el presente y se adapta a él, sin caer en la nostalgia ni culpar a los demás. Lo fundamental para ser feliz es sentirse aceptado y parte de un grupo.

Y contrariamente a la intuición, Manuel sugiere que, en su opinión, lo más importante para un enfermo es que vaya más allá del recuerdo, que olvide, ya que así solo se quedará con lo que realmente quiere recordar. Y destaca la importancia de no caer en el victimismo, reconociéndose como un privilegiado al comparar su experiencia con la de personas con parálisis cerebral. Su vivencia, asegura, le ha permitido desarrollarse personalmente, volviéndose menos crítico y más comprensivo.

El programa Ecclesia al día, de TRECE, emitió este testimonio que busca ofrecer luz y aliento para afrontar la tragedia desde la fe, demostrando que el amor puede vencer al miedo y que es posible navegar del duelo a la esperanza.

Otros faros de la serie han presentado el testimonio de Belén Carreras Maya, misionera idente de etnia gitana, centrado en la bienaventuranza «Felices los pobres de espíritu», y el del diácono permanente Fausto Marín, relacionado con «Felices los mansos». Los vídeos y fichas explicativas de los «Faros para la Esperanza» se estrenan mensualmente de abril a noviembre en la página web de la Conferencia Episcopal Española, con motivo del Jubileo 2025.

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