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La belleza artística de la Semana Santa

Patricia Messa es profesora del Departamento de Humanidades de la Universitat Abat Oliba CEU

Nos encontramos inmersos en la Semana Santa donde celebramos el corazón de la fe cristiana: la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús. Todo el tiempo cuaresmal desemboca en estos días santos donde el arte y las tradiciones artísticas que florecen en todos los rincones de nuestro país ayudan a entrar en el misterio y, en última instancia, a reconocer que, «si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra fe» (1 Cor 15,14).

Porque, ¿qué trascendencia tendrían dichas tradiciones si no colaboraran en la salvación y redención del hombre? ¿Si no ayudaran al fiel a aumentar su fe, esperanza y caridad? El arte que se respira en Semana Santa difiere de otros momentos litúrgicos y motivos artísticos porque su fin es traslucir y desvelar el misterio, que el pueblo cristiano participe de él y lo encarne; de manera que, contemplando un paso de Semana Santa o una representación teatral de la Pasión, podamos entrar en la escena como un personaje más, como proponía san Ignacio en los Ejercicios Espirituales, y, así, exclamar como san Pablo: «Vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gal 2,20).

Esta dimensión trascendente del arte es posible, puesto que, como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: «El hombre, creado a imagen de Dios, expresa también la verdad de su relación con Dios Creador mediante la belleza de sus obras artísticas. […] El arte es una sobreabundancia gratuita de la riqueza interior del ser humano, […] y da forma a la verdad de una realidad en lenguaje accesible a los sentidos. Y como cualquier otra actividad humana, el arte no tiene en sí mismo su fin absoluto, sino que está ordenado y se ennoblece por el fin último del hombre» (CIC, 2501), que es «alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto salvar nuestra alma» (Ejercicios Espirituales, n.23).

Este cambio de mirada hacia las manifestaciones y tradiciones artísticas nos permitirán vivirlas en su esencia, lograr el fin para el que fueron hechas. Dicho esto, en cada región la piedad popular ha tomado formas y manifestaciones diversas. Por ello, ahora nos disponemos a recoger las más populares de nuestro país.

Arte por todos los rincones

Si retrocedemos en el tiempo, podemos encontrar los descendimientos románicos de la Vall de Boí, una joya escultórica del románico que ayudaba a teatralizar durante la liturgia el descendimiento de la cruz mediante esculturas móviles de una gran calidad artística. Algunos de estos grupos escultóricos se encuentran en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. En la misma región, encontramos la representación de la Pasión en el municipio de Cervera, considerada una de las 37 celebraciones de interés nacional; la danza de la muerte del pueblo de Verges, también de origen medieval; y la tradicional «mona de Pascua», pastel casero que se da a los niños para celebrar la Resurrección.

En Aragón, cabe destacar la tamborrada de Calanda, donde se toca «la rompida de la hora» el Viernes Santo a las 12:00 horas de la mano de miles de tambores y bombos que anuncian la Pasión en tono solemne.

Una tradición típica de la Comunidad Valenciana justo antes de la Vigilia Pascual es el «trenca perols», que consiste en tirar pucheros de barro (perols), platos viejos y agua por la ventana para celebrar la resurrección de Jesús.

No podemos obviar todos los pasos y procesiones que recorren las calles de la mayoría de los pueblos y ciudades durante toda la semana, cobrando gran popularidad las de Andalucía, especialmente la Madrugá de Sevilla la noche del Jueves al Viernes Santo, la del Cristo de Mena de Málaga o la de Los Gitanos de Granada.

Asimismo, en otras regiones, la procesión de la Diablesa de Orihuela, del Jesús de Medinaceli de Madrid, la de Las Turbas en Cuenca, la de la Sagrada Pasión del Redentor de Valladolid, la del Jesús Yacente de Zamora o la de Nuestra Señora de Os Caldiños de Ferrol. 

Todas las procesiones y los pasos de Semana Santa son de una gran belleza artística y piedad religiosa digna de ser vivida. Pero, quizá, los pasos más populares y que representan el esplendor del arte procesional español son las obras de Francisco Salzillo, escultor murciado del siglo XVIII. Hasta nueve pasos que recorren la Pasión son llevados en procesión la mañana del Viernes Santo por las calles de Murcia. De estos pasos, albergan especial relevancia por su belleza y composición la Santa Cena y la Oración en el Huerto.

Gastronomía

Tampoco podemos olvidar la gastronomía como forma de arte, especialmente los postres típicos de esta Semana: torrijas, pestiños, buñuelos o ¡la mona de Pascua! Lo mejor de las tradiciones artísticas es que constan de un gran abanico de ejemplos, no solo pictóricos, escultóricos, sino también musicales y gastronómicos. El arte recoge todas las dimensiones del hombre y les da voz, les da ritmo, les da forma, les da color, les da sabor, les da símbolo. Por eso, todos nos podemos sentir identificados, acompañados, confortados e impulsados por alguna de estas expresiones artísticas.

Todo lo referido hasta aquí son expresiones y tradiciones artísticas de una gran riqueza religiosa y cultural que merece la pena conocer, custodiar y transmitir de generación en generación como parte del tesoro espiritual y cultural de España.

Cerramos estas líneas parafraseando una cita del Catecismo que expresa lo que aquí hemos querido laurear: «El arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio trascendente de Dios, Belleza supereminente e invisible de Verdad y de Amor, manifestado en Cristo» (CIC, 2502).

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