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El Papa, en la cárcel Regina Coeli por Jueves Santo: «Este año no puedo lavaros los pies, pero quiero estar cerca de vosotros»

Se encontró con 70 internos que participan en la catequesis y en las actividades organizadas por el capellán. Por la mañana, se hizo presente en la Misa Crismal con la homilía

El papa Francisco se ha acercado esta tarde a la cárcel Regina Coeli de Roma. Una visita que ha durado 30 minutos y durante la que se encontró con unos 70 reclusos de diversas nacionalidades que participan regularmente en actividades y catequesis organizadas por el capellán.

El Pontífice dirigió unas breves palabras, a través de las que manifestó que la visita a la cárcel y el lavatorio de pies es una de las cosas que más le gusta hacer cada Jueves Santo. Y agregó: «Este año no puedo hacerlo [lavaros los pies], pero sí puedo y quiero estar cerca de vosotros. Rezo por vosotros y por vuestras familias».

Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, al terminar el encuentro, Francisco saludó individualmente a cada uno de los presos. Luego, rezaron juntos un padrenuestro e impartió su bendición.

Misa Crismal: sacerdotes, nunca se desanimen

Horas antes, en la Misa Crismal, Francisco se hizo presente a través de la homilía, leída por el cardenal Domenico Calcagno, presidente emérito de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica, que presidió la celebración.

El texto estuvo muy centrado en los sacerdotes, a los pidió que pongan atención y no se desanimen nunca, porque la obra es de Dios: «¡Creer, sí! ¡Creer que Dios no fracasa conmigo! Dios nunca falla! […] Es obra de Dios, no nuestra, la de llevar a los pobres un mensaje de alegría, a los cautivos la liberación, a los ciegos la vista y la libertad a los oprimidos».

En este sentido, continúo señalando que a través de los sacerdotes Dios sigue liberando a las personas «Nuestro sacerdocio se convierte en un ministerio jubilar, como el suyo, sin sonar el cuerno ni la trompeta; en una entrega silenciosa, pero radical y gratuita. Es el Reino de Dios, ese que narran las parábolas, eficaz y discreto como la levadura, silencioso como la semilla», explicó.

Por ello, ha clamado: «Nosotros, obreros, vivimos el esfuerzo y la alegría de la cosecha. Vivimos después de Cristo, en el tiempo mesiánico. ¡Fuera la desesperación!». Porque, continúo, el Pueblo de Dios «espera más bien la restitución y la remisión de deudas, la redistribución de responsabilidades y de recursos».

«Queridos fieles, pueblo de la esperanza, recen por la alegría de los sacerdotes. Que llegue a ustedes la liberación prometida por las Escrituras y alimentada por los sacramentos. Muchos miedos nos habitan y grandes injusticias nos rodean, pero un mundo nuevo ya ha surgido. Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su hijo, Jesús. Él unge nuestras heridas y enjuga nuestras lágrimas. «Él viene entre las nubes» (Ap 1,7). Suyo es el Reino y la gloria por los siglos», concluyó

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