Esta elección habla de continuidad: continuidad con su vida espiritual, con su amor por la Virgen María y con su vocación de pobreza
Para muchos ha llamado la atención que el papa Francisco cambiase el rito exequial para enterrarse fuera de las criptas vaticanas -lugar elegido tradicionalmente por los papas precedentes- y haya elegido descansar en la basílica de Santa María la Mayor pero ¿Por qué habría tomado esta decisión?.
Algunos han querido interpretar este hecho como ruptura, sin embargo esta elección habla de continuidad: continuidad con su vida espiritual, con su amor por la Virgen María, con su vocación de pobreza y con su deseo de una Iglesia misionera, sencilla y maternal.
Si miramos la historia son muchos los papas que están enterrados fuera de los muros del vaticano, desde aquellos primeros papas en las catacumbas y luego trasladados a San Práxedes, o algunos enterrados por distintas Iglesias de la ciudad, fuera de la ciudad como Benedicto XI (Perugia) o hasta algunos fuera del país. (Benedicto XII en Avignon, Francia).
Francisco y la Virgen María: un amor filial
Francisco ha mostrado una devoción a la Virgen María, sobre todo a la patrona de Roma, al icono milagroso de la Salus Populi Romana. El mismo día de su elección, el 13 de marzo de 2013, acudió a rezar en silencio ante esa imagen, confiando su pontificado a la Madre.
El papa Francisco en muchas ocasiones ha hablado sobre la Madre de Dios: «Donde está la Virgen, está la Iglesia» (Homilía del 1 de enero de 2020). O también le hemos oído pronunciar en el Ángelus del 29 de marzo del 2000: «María es madre, y una madre no deja nunca de acompañar a sus hijos. Nosotros somos su pueblo y ella es nuestra protectora».
Este vínculo filial atraviesa toda su espiritualidad. Por eso ha querido descansar junto a Ella, bajo su mirada, en la Basílica romana que representa no solo a María como madre, sino como intercesora de todos los pueblos, y como madre de la Iglesia. Quizás una de las razones es cerrar ese círculo donde lo empezó hace 12 años.
El pesebre de Belén: pobreza encarnada
Santa María la Mayor alberga una de las reliquias más significativas del catolicismo: los restos del pesebre donde, según la tradición, fue colocado el Niño Jesús. Francisco ha meditado profundamente sobre este signo.
En su carta apostólica Admirabile signum sobre el significado del belén, escribió: «El pesebre nos muestra la ternura de Dios: el Creador del universo se abaja a nuestra pequeñez». No es casualidad que haya querido descansar en un lugar donde esa pobreza divina se recuerda con cada visita al relicario. El pesebre es donde el mismo Dios se hace hombre, es la pobreza absoluta.
El pesebre es, para Francisco, el icono de una Iglesia pobre para los pobres. Su elección de sepultura junto a estas reliquias habla de una fe encarnada, humilde, profundamente evangélica, sin duda acorde con su pontificado.
La primera Misa de San Ignacio: el eco jesuita
Otro detalle poco conocido es que Santa María la Mayor fue el lugar donde san Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, celebró su primera Misa en la noche de Navidad de 1538 (tras un año de oración y preparación). Francisco, como hijo espiritual de Ignacio, no puede ignorar el valor simbólico de ese lugar para su vocación.
En muchos discursos, el papa ha resaltado la misión, el discernimiento y la obediencia a Dios como claves del carisma ignaciano. Elegir este lugar es, también, una forma de volver al origen, al pesebre, al altar donde nació su vocación sacerdotal en el corazón de la Iglesia.
El descanso del pastor de la Iglesia en casa de la Madre
La decisión del Papa Francisco de ser enterrado en Santa María la Mayor es una de esas señales que no necesitan muchas palabras para ser comprendidas. Es la opción de quien quiere que, tras haber guiado a la Iglesia con ternura y firmeza, su cuerpo repose donde siempre reposó su corazón: a los pies de la Madre, junto al pesebre de Dios hecho niño.
No es un alejamiento del Vaticano, sino un acercamiento al corazón del Evangelio. «María es el camino más rápido, más seguro y más tierno para llegar a Jesús» (Papa Francisco, 15 de agosto de 2014). Y allí, en la Basílica de Santa María la Mayor, Francisco compartirá espacio con otros papas como Pablo V y Sixto V, quienes también promovieron su embellecimiento. La presencia de Francisco en este templo no será solo la de un pontífice más, sino la de un hijo que ha querido volver a casa, a los brazos de su Madre.








