En la primera audiencia pública de su pontificado, con los comunicadores que han cubierto el cónclave, el Pontífice señaló que «la Iglesia debe aceptar el desafío del tiempo»
A las 11:00 horas, con puntualidad germana, el papa León XIV hizo aparición en el Aula Pablo VI para su primera audiencia pública de su pontificado con los periodistas, miles, que cubrieron la muerte del papa Francisco y el cónclave. Llegó, se sentó, y volvió a levantarse para saludar ante el júbilo de los presentes.
El discurso de León XIV comenzó con una pequeña broma, sobre si los periodistas permanecerían despiertos y con ese entusiasmo tras sus palabras. Lo estuvieron, porque el nuevo Papa regaló a los periodistas un texto no demasiado largo, pero con varias claves para ejercer la profesión y una defensa férrea de la libertad de expresión y de los periodistas que se juegan la vida y la propia libertad.
«La paz comienza con cada uno de nosotros: con la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás y hablamos de los demás. En este sentido, la forma en que comunicamos es de importancia fundamental: debemos decir no a la guerra de palabras e imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra», dijo con fuerza.
Luego pidió la liberación de todos los periodistas encarcelados por contar la verdad: «La Iglesia reconoce en estos testigos el coraje de quienes defienden la dignidad, la justicia y el derecho de los pueblos a estar informados, porque solo los pueblos informados pueden tomar decisiones libres».
En este sentido, subrayó que el sufrimiento de estos periodistas «interpela la conciencia de las naciones y de la comunidad internacional, llamándonos a todos a preservar el bien precioso de la libertad de expresión y de prensa».
Otra de las ideas que dejó el discurso papal fue el de «no ceder nunca a la mediocridad». Y dijo que la Iglesia debe aceptar el desafío del tiempo, igual que debe hacer la comunicación: «No puede existir una comunicación y un periodismo fuera del tiempo y de la historia».
«Gracias, entonces, por lo que han hecho para salir de los estereotipos y los lugares comunes, a través de los cuales leemos a menudo la vida cristiana y la misma vida de la Iglesia. Gracias, porque han logrado captar lo esencial de lo que somos y transmitirlo por todos los medios al mundo entero», añadió.
Superar la torre de Babel
Finalmente, reivindicó una comunicación que superar la torre de Babel, la confusión de los lenguajes sin amor, a menudo ideológicos y partidistas. «La comunicación no es solo transmisión de información, sino creación de una cultura, de ambientes humanos y digitales que se conviertan en espacios de diálogo», apuntó.
Una tarea que es todavía más urgente en un mundo en el que la inteligencia artificial aparece en nuestra vida, cada vez en más facetas. «Requiere responsabilidad y discernimiento para orientar las herramientas hacia el bien de todos, de modo que puedan producir beneficios para la humanidad», agregó.
Tras recordar el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales —desarmemos la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio; purifiquémosla de la agresividad—, pidió a los periodistas que, en el desarrollo de su trabajo, «elijan con conciencia y valentía el camino de una comunicación de paz».








