El Papa ha celebrado la Eucaristía de manera privada en el Borgo Laudato si’ de los Jardines de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, una «catedral natural» en la que proclamó que «¡hay esperanza!», pues «la hemos encontrado en Jesús»
León XIV ha celebrado la Santa Misa de este 9 de julio de 2025 de manera privada en el Borgo Laudato si’ de los Jardines de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, marcando un hito histórico: por primera vez, se ha utilizado el nuevo formulario litúrgico de oraciones «para el Cuidado de la Creación». La celebración eucarística, descrita por el Papa como si tuviera lugar en una «catedral natural» entre plantas y elementos de la creación, ha servido para «dar gracias al Señor» y subrayar la urgente necesidad de cuidar la casa común.
En su homilía, el Pontífice ha expresado su profunda gratitud a las numerosas personas que han colaborado en la creación de esta liturgia innovadora y renovadora, resaltando que «la liturgia representa la vida, y ustedes son la vida de este Centro Laudato si’». Así, ha destacado que la iniciativa del Borgo Laudato si’ proviene, como no podía ser de otra manera, del papa Francisco, quien dedicó estos jardines y espacios para continuar la crucial misión del cuidado de la creación, diez años después de la publicación de la encíclica Laudato si’. Este lugar, de hecho, es concebido en el seno de la Iglesia como un «laboratorio» para vivir en armonía con lo creado, buscando sanación y reconciliación, y desarrollando formas nuevas y efectivas de custodiar la naturaleza confiada a la humanidad.
Desde su retiro, León XIV ha instado a la conversión personal y colectiva, enfatizando la necesidad de orar por la conversión de «tantas personas, dentro y fuera de la Iglesia, que todavía no reconocen la urgencia de curar la casa común». Ha vinculado los numerosos desastres naturales actuales, que se manifiestan «casi todos los días en tantos lugares, en tantos Países», a los «excesos del ser humano, con su estilo de vida». En un mundo que «arde, tanto por el sobrecalentamiento terrestre como por los conflictos armados», el mensaje de las encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti de Francisco se mantiene «tan actual».
Inspirándose en el Evangelio de Mateo 8,23-27, el Papa ha comparado el «miedo de los discípulos en la tormenta» con el «miedo de gran parte de la humanidad». No obstante, ha proclamado que, en el «corazón del año del Jubileo», «¡Hay esperanza!», pues nosotros «la hemos encontrado en Jesús». Y ha subrayado que el poder de Cristo «no trastorna, sino que crea; no destruye, sino que hace ser, dando nueva vida», recordando la pregunta de los discípulos: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). Este asombro, según el Pontífice, representa el «primer paso que nos hace salir de la miedo».
En cuanto a la homilía, esta ha profundizado en la identidad de Jesús, citando el himno de la carta a los Colosenses: «Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra» (Col 1,15-16). En este sentido, el Papa ha afirmado que la misión de la Iglesia de «custodiar lo creado, de llevar paz y reconciliación, es su misma misión: la misión que el Señor nos ha confiado». Al escuchar «el grito de la tierra» y «el grito de los pobres», se escucha el «corazón de Dios».
De este modo, la alianza indestructible entre Creador y criaturas moviliza «nuestras inteligencias y nuestros esfuerzos, para que el mal sea vuelto en bien, la injusticia en justicia, la avaricia en comunión». El Santo Padre ha recordado también el canto del salmista: «La voz del Señor está sobre las aguas, truena el Dios de la gloria, el Señor sobre las grandes aguas. La voz del Señor es fuerza, la voz del Señor es potencia» (Sal 29,3-4), una voz que compromete a la Iglesia en la profecía, incluso a oponerse al poder destructivo de los príncipes de este mundo.
Finalmente, León XIV ha destacado que la Eucaristía «da sentido y sostiene nuestro trabajo» en el cuidado de la creación. Ha citado al papa Francisco, explicando que «en la Eucaristía, el creado encuentra su mayor elevación» y que Dios «quiso alcanzar nuestra intimidad a través de un fragmento de materia. No desde lo alto, sino desde dentro, para que en nuestro mismo mundo pudiéramos encontrarle» (Papa Francisco, Lett. Enc. Laudato si’, 236).
Y ha concluido con unas inspiradoras palabras de san Agustín: «Tus obras te alaban para que te amemos, y nosotros te amamos para que tus obras te alaben» (Confesiones, XIII, 33,48), deseando que esta armonía se difunda al mundo.








