La Subcomisión para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal ofrece cursos de formación para jóvenes que quieren llevar su experiencia de fe a los ambientes en los que se mueven y no saben cómo hacerlo
Ramón del Soto es un joven sevillano inquieto, que vive agradecido por haberse encontrado con Jesús. Ese agradecimiento lo muestra cada día en su trabajo en la Delegación de Juventud de la archidiócesis de Sevilla y en el deseo que ha tenido siempre de comunicar la Buena Nueva. Esa llamada a evangelizar se ha intensificado en el último año, a partir de haber participado en el curso #Despierta, que organiza la Subcomisión para la Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española. Ramón hizo el curso, de un fin de semana de duración, —como miembro de la citada delegación— y lo describe como «un antes y un después». Allí se encontró con jóvenes con las mismas inquietudes que él, que se acompañaban en descubrir cómo cada uno de ellos ha sido llamado a «esta misión tan importante».
Los cursos #Despierta nacieron poco antes de la pandemia, aunque inspirados en otra propuesta formativa anterior, para dar herramientas a los jóvenes que quieren ser evangelizadores en sus ambientes, pero que no saben cómo hacerlo. Tras dos ediciones de ámbito estatal, que revelaron una gran demanda, se pusieron en marcha de forma renovada tras el confinamiento por la pandemia de la COVID-19. Desde entonces, son las diócesis, los movimientos y las congregaciones las que lo solicitan, y el equipo organizador el que se desplaza para impartirlo. Y una vez que lo han hecho, ya pueden replicarlo ellos mismos.
Los asistentes son jóvenes como Ramón, que ya se han encontrado con el Señor, por lo que no son retiros de primer anuncio. Son jóvenes ya convertidos, que, como explica Fran Ramírez, de la Subcomisión de Juventud e Infancia de la CEE, a ECCLESIA, «saben que Jesucristo es algo importante en su vida y han aceptado su propuesta». Además, viven la fe en comunidad. El objetivo es que el joven, abunda, «sepa que él es el protagonista de la evangelización». Lo que hace el curso es prepararlo para que llegue de manera efectiva a su entorno: estudios, trabajo, universidad, ocio y tiempo libre, familia, amigos… «Que sea capaz de transmitir el mensaje del Evangelio en su realidad», subraya. Lo más importante, añade, «es que ese joven sea capaz de decir “Jesús te ama” en el supermercado, en la discoteca, en el gimnasio o en clase de ingeniería».
Detalles y contenido
Aunque estos encuentros no son de primer anuncio, sí utilizan el mismo estilo, lenguaje y formatos, porque se cuidan los detalles. Se tiene muy en cuenta la música, el color, la decoración, las dinámicas, la frescura, la cercanía, la fraternidad… «Dios entra en nuestro corazón con detalles, con sensibilidad, con delicadeza…», agrega Ramírez.
Se compone de ocho bloques formativos: el primer anuncio y kerigma, centrado en el núcleo del mensaje cristiano como punto de partida; el encuentro personal con Cristo, para profundizar en la experiencia personal de cada joven con Jesús; la conversión y la gracia, donde se aborda la necesidad de un cambio de vida y la acción del Espíritu Santo; la comunidad y la Iglesia, sobre el sentido de pertenencia y corresponsabilidad; la misión y el envío, enfocado en llevar el Evangelio a todos los ambientes; las herramientas para la evangelización, que son recursos prácticos; el discernimiento vocacional y compromiso; y por último, la vida de oración y sacramental, para reafirmar la centralidad de la oración y la Eucaristía como pilares de la vida cristiana y fuentes de fortaleza para la misión.
«Nosotros no nos inventamos nada, simplemente somos replicantes del mejor evangelizador y del que nos enseñó todo, que fue Jesús en el Evangelio», añade Ramírez. De ahí se deriva todo lo demás.
Por todo el país
Desde su renovación, se han celebrado siete cursos a lo largo y ancho de toda la geografía española, a petición de delegaciones, movimientos o congregaciones. Sevilla es un ejemplo. Allí, como señala Ramón del Soto a ECCLESIA, se veía muy necesario fomentar este tipo de formación para «ser evangelizadores y descubrir cómo cada uno hemos sido llamados a esta misión tan importante que nos pide la Iglesia».
Tras la celebración del primer curso, la Delegación de Juventud de Sevilla decidió continuar este camino para su pastoral. La particularidad de la religiosidad popular, que está muy viva en Sevilla, sostenía la necesidad de formaciones de este tipo, pues «hace falta profundizar». Además, el curso fue una ocasión de unidad con toda la Iglesia española y universal. Por eso, celebraron este año un segundo curso —el primero a nivel diocesano— y ya están pensando en el tercero. «Necesitamos que los jóvenes se pongan al mando y que estén preparados. Que tengan formación para transmitir su experiencia con el Señor. Es una gracia y una riqueza».
Ramón del Soto se ha encontrado muchas veces con ese afán e ilusión por ser misionero, pero sin herramientas. Tras haber participado en un curso #Despierta y haber organizado otro, tiene claras algunas claves para ser evangelizador y «no andarte por las ramas». E insiste, como tónica general del proyecto: «Hay una forma de evangelizar, la manera en la que lo hizo Jesucristo», eso sí, adaptado al lenguaje que hablan los jóvenes y compartiendo sus mismas inquietudes.








