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Cartas de Teresita de Lisieux

Las cartas de santa Teresita de Lisieux: un mapa de su «caminito espiritual»

A través de la correspondencia, tema del III Congreso Santa Teresa de Lisieux, acompañó a sus hermanas, ayudó a las novicias y aconsejó a un sacerdote

Historia de un alma es la obra más conocida de santa Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz. Está compuesto por tres manuscritos autobiográficos que fueron escritos desde el Carmelo de Lisieux a petición de sus hermanas. En estos textos, Teresa hace una relectura de la obra de salvación que Dios ha hecho con ella desde niña y nos muestra su doctrina, su «caminito espiritual» de confianza plena en Dios para llegar al cielo. Aunque menos conocidas, sus cartas nos aportan una información importante sobre su vida y refuerzan su doctrina. Son textos menos elaborados, escritos muchas veces con premura —según ella misma indica—, enviados a veces sin corregir, en los que Teresita abre su corazón y a través de los cuales se puede apreciar de forma más clara su proceso de transformación espiritual.

La correspondencia le servirá, como a todos, para acortar distancias con aquellos que están lejos y para desahogar su corazón ante las dificultades que frenan su entrada en el Carmelo de Lisieux. Y una vez dentro, sus cartas se convertirán en un «locutorio» en el que Teresa conversará con aquellos a los que acompañará en su vida espiritual, será una forma de poner en práctica y animar a otros a seguir su «caminito espiritual».

De las cinco hermanas Martin, cuatro vivirán juntas su vocación como carmelitas descalzas en el Carmelo de Lisieux (Paulina, María, Teresa y Celina), mientras que la vocación de Leonia la llevará a la Visitación de Caen. 

Con Leonia y Celina

Las 17 cartas escritas a Leonia «son una joya del acompañamiento espiritual», dijo Amando Cantó, OCD, en el III Congreso Internacional Santa Teresa de Lisieux, celebrado a principios de septiembre en el Centro Internacional Teresiano Sanjuanista (CITeS) – Universidad de la Mística, en Ávila. Leonia, en proceso de beatificación, creyó las palabras de su hermana y realizó su «caminito espiritual» hasta el final de su vida. «Yo tengo una gran confianza en que mi querida salesita va a salir victoriosa de todas sus grandes pruebas y que un día será una religiosa ejemplar. ¡Dios ya le ha concedido tantas gracias!, ¿podrá abandonarla ahora que parece haber llegado a puerto…? No, Jesús duerme, mientras su pobre esposa lucha contra las olas de la tentación. Pero nosotras lo llamaremos tan tiernamente, que no tardará en despertarse, dando órdenes al viento y a la tempestad, y se restablecerá la calma» (Cta 171).

La correspondencia le servirá a Teresa para seguir abriéndole su corazón a su querida hermana Celina —cuatro años mayor que ella—, con la que siempre soñó seguir a Jesús: «Mañana hará un mes que estoy lejos de ti, pero no me parece que estemos separadas, ¿qué importa el lugar en que estemos…? Aun cuando nos separase el océano, seguiríamos unidas, porque nuestros deseos son los mismos y nuestros corazones laten al unísono…» (Cta 47). Años más tarde, Teresa se convertiría en su maestra de novicias, aunque acompañaría a su hermana en su discernimiento vocacional mucho antes: «¡Celina…!, sencilla florecita-Celina, no envidies a las flores de los jardines (…). Esta mañana, junto al sagrario, yo pensé que mi Celina, la florecita de Jesús, debía ser —y serlo siempre— una gota de rocío escondida en la corola divina del Lirio de los valles. Una gota de rocío, ¿qué hay más sencillo y de más puro? (Cta 141). 

Dentro y fuera del Carmelo

Pero las cartas no solo le sirvieron a Teresita para acortar el espacio físico que la separaba de sus seres queridos. Sus cartas traspasaban los muros del Carmelo de Lisieux, pero también circulaban dentro de él, de esta manera estableció un espacio paralelo de comunicación con una de sus novicias, María de la Trinidad. Una correspondencia que nació para «superar la distancia interior, para generar unidad espiritual, desde la pedagogía de la confianza y en un camino de confianza y amor», explicó Jerzy Nawojowsky, OCD, director del CITeS, en su conferencia dentro del congreso.

Teresa, quien, en el Manuscrito B de Historia de un alma, nos desvela que en su corazón caben todas las vocaciones, también la del sacerdocio, a través de la correspondencia acompañó en su discernimiento y camino interior al seminarista Maurice Bellière y al sacerdote Adolfo Roulland. Durante los últimos meses de la vida de la santa invitará a su «hermanito» —como ella llamaba a Bellière— a poner a Cristo en el centro de su vida, a separarse de las ataduras de su pasado y a abandonarse en la confianza. Adolfo Roulland vivirá la tan ansiada por Teresa experiencia de la misión; de Lisieux a China viajarán las cartas de Teresa animando al sacerdote en su ministerio: «No comprendo, hermano, cómo puede usted dudar de su entrada inmediata en el cielo si los infieles te quitasen la vida. Yo sé que hay que estar muy puros para comparecer ante el Dios de toda santidad, pero sé también que el Señor es infinitamente justo. Y esta justicia, que asusta a tantas almas, es precisamente lo que constituye el motivo de mi alegría y de mi confianza. Ser justo no es solo ejercer la severidad para castigar a los culpables: es también reconocer las intenciones rectas y recompensar la virtud» (Cta 226). 

Bellière será el último destinatario en recibir correspondencia de Teresita. Cinco días antes de fallecer enviaría una estampa pintada por ella misma con la frase: «Yo no puedo tener miedo a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí… ¡Yo lo amo!… ¡Pues él es solo amor y misericordia!». Y al dorso escribiría: «Último recuerdo de un alma hermana de la tuya» (Cta 266). 

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