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Octubre, mes del rosario

Queridos diocesanos de Alcalá de Henares:

El mes de octubre es conocido como el “Mes del Rosario”. En octubre celebramos la memoria de la Virgen del Rosario, que fue instituida por el Papa San Pío V, en el siglo XVI, para agradecer a la Virgen la victoria en la batalla de Lepanto. La “Liga santa” estaba en inferioridad numérica frente a las tropas turcas, por lo que la victoria solo podía alcanzarse por una intervención sobrenatural, que se logró gracias al rezo del Rosario.

Tiempo atrás, Santo Domingo de Guzmán también atribuyó la victoria sobre la herejía albigense al rezo del Rosario. Los religiosos anudaban el Rosario a la cintura, en el lugar en el que los caballeros llevaban la espada, con la conciencia de que era el arma más poderosa. El Papa Francisco decía que el Rosario es “la oración de los santos y de los sencillos”. Es cierto, no se conoce ningún santo que no rezara el Rosario. De igual modo, no hay oración más sencilla. En su origen, sus ciento cincuenta Avemarías representan los ciento cincuenta salmos, con los que los monjes alababan a Dios en sus monasterios. De esta manera, el pueblo sencillo, que no tenía acceso a la cultura, podía también elevar su corazón a Dios.

No hay ninguna otra oración, como el Rosario, que haya sido más recomendada por los Papas y el Magisterio de la Iglesia. San Pío X decía: “Dadme un ejército que rece el Rosario y vencerá al mundo”. San Juan Pablo II decía que el Rosario era su “oración predilecta”. En su Carta Rosarium Virginis Mariae, nos dejó párrafos muy elocuentes sobre la importancia de esta oración: “En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad” (n. 1).

El Rosario es una oración mariana, pero profundamente cristocéntrica. En el Rosario se concentra todo el mensaje cristiano, de manera que aprendemos de María a contemplar el rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Como subraya San Juan Pablo II, “el Rosario no solo no se opone a la liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla con plena participación interior, recogiendo así sus frutos en la vida cotidiana” (Rosarium Virginis Mariae, n. 4).

El pasado 24 de septiembre, el Papa León XIV pidió a los católicos del mundo que el Rosario de todos los días de octubre lo rezaran por la paz. Hay un vínculo indisoluble entre el Rosario y el don de la paz. Así aparece en los mensajes de Fátima y Lourdes. “Promover el Rosario significa sumirse en la contemplación del misterio de Aquél que es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz” (Rosarium Virginis Mariae, n. 6).

Recemos el Rosario por la paz y por la familia, que sigue amenazada por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica. Como decía el Venerable Padre Peyton, “la familia que reza unida, permanece unida”, y lo decía refiriéndose a la oración del Rosario en familia, del que fue un gran misionero. No dejemos que esta hermosa costumbre caiga en el olvido.

Recibid mi saludo y mi bendición.

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