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Comunión y Liberación lanza un manifiesto por la «esperanza y construcción de la paz» en todo el mundo

El documento concluye que el testimonio de unidad de la Iglesia debe ser «signo ante el mundo de la unidad a la que estamos llamados todos los pueblos»

El movimiento eclesial Comunión y Liberación ha lanzado un manifiesto por la «Esperanza y Construcción de la Paz», con el que pretende concienciar sobre la escalada de conflictos en diversas regiones del mundo, con un acento especial en la situación de Tierra Santa y la «martirizada Ucrania».

Así las cosas, el documento se hace eco de la profunda consternación y dolor generados por el conflicto en la Franja de Gaza, donde se lamenta la suerte del pueblo palestino, «víctima de una auténtica masacre» y de «una violencia inaceptable». El manifiesto también expresa su enorme preocupación por los rehenes que siguen «aún en manos de los terroristas de Hamás», así como por los conflictos y persecuciones en el este de Europa y otros lugares del planeta.

Comunión y Liberación critica firmemente lo que el papa León XIV describía como «la imposición de la ley del más fuerte, en virtud de la cual se legitiman los propios intereses». Según la visión del Pontífice, la fuerza del derecho internacional y del derecho humanitario ya no parece obligar, habiendo sido sustituida «por el supuesto derecho a obligar a los demás con la fuerza». El manifiesto plantea asimismo interrogantes cruciales sobre la efectividad de la guerra como herramienta pacificadora: «¿Cómo se puede creer, después de siglos de historia, que las acciones bélicas traen la paz y no se vuelven contra quienes las han llevado a cabo?».

En este contexto, se censura la tendencia a la militarización, cuestionando: «¿Cómo se puede seguir traicionando los deseos de paz de los pueblos con la falsa propaganda del rearme, en la vana ilusión de que la supremacía resuelve los problemas en lugar de alimentar el odio y la venganza?». Por ello, Comunión y Liberación hace un llamamiento a que, «más que nunca», se apoye «cualquier iniciativa diplomática para reabrir la espiral del diálogo, la negociación y la confrontación entre las partes», ya que «la paz merece todo esfuerzo posible».

Aunque el deseo de justicia y paz habita en el corazón humano, el manifiesto advierte de que este deseo positivo puede reducirse a meras buenas intenciones o a perspectivas «fácilmente manipulables». La paz debe ser «construida día a día, comenzando desde abajo». Esto implica vivirla en el propio entorno —la familia o el trabajo, incluso en situaciones de guerra— para «tejer con obras el entramado social y generar cultura», lo que puede llegar a influir en las relaciones entre Estados. Retomando el pensamiento de don Giussani, el documento recuerda que «las fuerzas que mueven la historia son las mismas que hacen feliz al hombre».

Por otra parte, el movimiento asume la pregunta lanzada por el Santo Padre el pasado mes de junio: «Como cristianos, además de indignarnos, alzar la voz y arremangarnos para ser constructores de paz y favorecer el diálogo, ¿qué podemos hacer?». La primera respuesta indicada es la oración. El Papa invita a «convertir cada noticia trágica y cada imagen impactante en un grito de intercesión a Dios». Por ello, Comunión y Liberación se sumó a la vigilia de oración del 22 de septiembre y participará junto a otros movimientos en el rezo del Rosario que el Pontífice guiará el 11 de octubre.

El manifiesto también subraya el papel del «testimonio», al hilo de lo proclamado por León XIV, quien ha invitado a «sanar las heridas de la historia con la sola mansedumbre de su cruz gloriosa, de la que brotan la fuerza del perdón, la esperanza de volver a empezar». Un ejemplo conmovedor y radical de este testimonio es el de los religiosos que viven en Gaza, y que decidieron no abandonar la Franja a pesar de la orden de evacuación del Gobierno israelí. Esta decisión implicaba e implica aceptar el riesgo de morir, pero lo hacen para seguir cuidando de aquellos que sufren y no pueden huir, de acuerdo con la declaración conjunta de los Patriarcados greco-ortodoxo y latino de Jerusalén, el pasado 26 de agosto.

Por último, Comunión y Liberación concluye que este testimonio de unidad de la Iglesia es «signo ante el mundo de la unidad a la que estamos llamados todos los pueblos». En la vida diaria, este testimonio se traduce en «estar al servicio de la dignidad de la persona y del bien común», viviendo la comunión y la unidad con todos los cristianos, y mostrando una «experiencia de concordia y de acogida».

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