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Vigilia y Rosario por la paz con León XIV

El fin de semana del Papa: un mensaje de paz para «los poderosos de este mundo»

En la vigilia de oración por la paz, en el contexto del Jubileo de la Espiritualidad Mariana, les ha pedido que tengan la audacia de desarmarse y que la paz no llegará como fruto de victorias, sino como el resultado de sembrar justicia y perdón

El fin de semana de León XIV ha estado fuertemente marcado por el Jubileo de la Espiritualidad Mariana y, entre el programa de eventos y celebraciones, la vigilia de oración y el rosario por la paz. Desde la plaza de San Pedro, el Papa volvió a dirigirse «a los poderosos del mundo, a quienes guían el destino de los pueblos» para pedirles que tengan «la audacia de desarmarse».

«Como ya he mencionado en otras ocasiones, la paz es desarmada y desarmante. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. No llegará como fruto de victorias sobre el enemigo, sino como el resultado de sembrar justicia e intrépido perdón», afirmó durante la meditación, que puedes leer aquí.

El Pontífice recordó que la lógica de Dios no es la de los grandes del mundo, que construyen imperios con el poder y el dinero. Porque Dios «no tiene tronos, sino que se ciñe una toalla y se arrodilla a los pies de cada uno». «Su imperio es ese pequeño espacio que basta para lavar los pies de sus amigos y cuidar de ellos», añadió.

Por eso, propuso mirar el mundo desde abajo, «con los ojos de quien sufre, no con la óptica de los potentes; para ver la historia con la mirada de los pequeños y no con la perspectiva de los poderosos; para interpretar los acontecimientos de la historia desde el punto de vista de la viuda, del huérfano, del extranjero, del niño herido, del exiliado, del fugitivo».

Y el gran ejemplo de esta actitud es la Virgen María cuando, en el Magníficat, dirige su mirada «a los puntos de fractura de la humanidad, allí donde se produce la distorsión del mundo, en el contraste entre humildes y poderosos, entre pobres y ricos, entre saciados y hambrientos». «Y elige a los pequeños, se pone de la parte de los últimos de la historia, para enseñarnos a imaginar, a soñar juntos con ella los cielos nuevos y la tierra nueva», subrayó.

Una chispa de esperanza en Gaza

La paz también apareció en el ángelus del domingo. Se acordó de Gaza, donde el acuerdo sobre el inicio de paz, dijo, «ha encendido una chispa de esperanza en Tierra Santa». «Animo a las partes implicadas a proseguir con valentía el itinerario marcado hacia una paz justa, duradera y respetuosa de las legítimas aspiraciones del pueblo israelí y del pueblo palestino», agregó.

También se refirió a Ucrania, tras recibir noticias de nuevos ataques, que ya han provocado la muerte de inocentes: «Mi corazón se une al sufrimiento de la población, que desde hace años vive en la angustia y entre privaciones. Renuevo el llamamiento a poner fin a la violencia, a parar la destrucción, a abrirse al diálogo y a la paz».

Una verdad disruptiva: el amor es gratuito

Antes del ángelus, León XIV presidió la Eucaristía en la plaza de San Pedro por el Jubileo de la Espiritualidad Mariana. En la homilía, hizo una reflexión al hilo de que la Virgen nos señala al centro, a Jesús.

«Es necesario que el domingo nos haga cristianos, es decir, que llene de la memoria incandescente de Jesús nuestro sentir y nuestro pensar, modificando nuestra convivencia, nuestra forma de habitar la tierra. Toda espiritualidad cristiana se desarrolla a partir de este fuego y contribuye a hacerlo más vivo», afirmó.

Otra idea sugerente es la siguiente: «Quizás, cuantos menos títulos se puedan ostentar, más claro está que el amor es gratuito. Dios es puro don, sola gracia, pero ¡cuántas voces y convicciones pueden separarnos también hoy de esta verdad desnuda y disruptiva!».

Y hay una advertencia, al hilo del Evangelio: «Cuidémonos, pues, de ese subir al templo que no nos lleva a seguir a Jesús. Existen formas de culto que no nos unen a los demás y nos anestesian el corazón. Entonces no vivimos verdaderos encuentros con aquellos que Dios pone en nuestro camino; no participamos, como lo hizo María, en el cambio del mundo y en la alegría del Magníficat. Cuidémonos de toda instrumentalización de la fe, que corre el riesgo de transformar a los diferentes —a menudo los pobres— en enemigos, en «leprosos» a los que hay que evitar y rechazar».

Puedes leer la homilía completa aquí.

CNS. Lola Gómez
Con comunicadores y eremitas

Al margen de los grandes encuentro, León XIV se vio este fin de semana con los trabajadores del Dicasterio para la Comunicación y con sus familias. Le agradeció su trabajo para ayudar a difundir la Buena Noticia por todo el mundo y les recordó que son una red de personas, «cada una con sus competencias, puestas al servicio de la Iglesia».

«Es una red que se ofrece al mundo para compartir la verdad, para ayudar a ver y a comprender, siempre con amor. Es una red en la que los roles son diferentes, pero ninguno es más importante que otro», agregó.

También se encontró con eremitas italianos que participaron en el Jubileo de la Vida Consagrada. Les dijo que están llamados a vivir su vocación a la adoración y a la oración interior, «propia de todo creyente», de una manera ejemplar para «ser en la Iglesia testimonio de la belleza de la vida contemplativa».

«No es una huida del mundo, sino una regeneración del corazón, para que sea capaz de escuchar, fuente de acción creativa y fecunda de la caridad que Dios nos inspira. Esta llamada a la interioridad y al silencio, para vivir en contacto con uno mismo, con el prójimo, con la creación y con Dios, es hoy más necesaria que nunca, en un mundo cada vez más alienado en la exterioridad mediática y tecnológica. De la íntima amistad con el Señor renacen, de hecho, la alegría de vivir, el asombro de la fe y el gusto por la comunión eclesial», agregó.

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