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Nuevos santos

El fin de semana del Papa: del abrazo con el pueblo gitano a los nuevos santos

El Papa recordó que sin fe en Dios, no podemos esperar en la salvación, que una tierra sin fe estaría poblada de hijos que viven sin padre, es decir, de criaturas sin salvación

El fin de semana del papa León XIV ha estado marcado por un acontecimiento gozoso para toda la Iglesia, la canonización de Ignacio Choukrallah Maloyan, Pedro To Rot, sor María Troncatti, sor Vicenta María Poloni, sor Carmen Rendiles Martínez, Bartolo Longo y José Gregorio Hernández Cisneros, siete nuevos santos que, en palabras del Pontífice, «no son héroes, o paladines de un ideal cualquiera, sino hombres y mujeres auténticos».

En la homilía de la Eucaristía con canonizaciones, en la plaza de San Pedro, León XIV reflexionó sobre la fe que «sobresale» frente a otros bienes —materiales, culturales, científicos y artísticos—, «no porque estos sean despreciables, sino porque sin fe pierden el sentido».

«La fe, comparada con grandes bienes materiales y culturales, científicos y artísticos, sobresale; no porque estos bienes sean despreciables, sino porque sin fe pierden el sentido. La relación con Dios es de máxima importancia porque él ha creado de la nada todas las cosas, en el principio de los tiempos, y salva de la nada todo aquello que en el tiempo termina. Una tierra sin fe estaría poblada de hijos que viven sin Padre, es decir, de criaturas sin salvación», ha subrayado.

Y para mantener la fe es esencial la oración, como la respiración lo es para la vida del cuerpo. «Así la oración sostiene la vida del alma. La fe, ciertamente, se expresa en la oración y la oración auténtica vive de la fe».

Pero el Papa quiso poner a prueba esta realidad con las dificultades que los hombres y mujeres de hoy encuentran: el escándalo del mal o la pretensión de que Dios actúe como nosotros queremos.

Dijo sobre la primera cuestión: «No hay llanto que Dios no consuele, no hay lágrima que esté lejos de su corazón. El Señor nos escucha, nos abraza como somos, para hacernos como es él. En cambio, quien rechaza la misericordia de Dios permanece incapaz de misericordia para con el prójimo. Quien no acoge la paz como un don, no sabrá dar la paz».

Insistencia por la paz

Ya tras el rezo del ángelus, en su grito insistente en favor de la paz, León XIV puso el foco en Myanmar, donde se producen «continuos enfrentamientos armados y bombardeos aéreos, incluso dirigidos a personas e infraestructuras civiles». «Estoy cerca de quienes sufren a causa de la violencia, la inseguridad y tantas dificultades. Renuevo mi sincero llamamiento para que se alcance un alto el fuego inmediato y efectivo. ¡Que los instrumentos de la guerra den paso a los de la paz, a través de un diálogo inclusivo y constructivo!», afirmó.

Al mismo tiempo, pidió a la Virgen y a los nuevos santos su intercesión por la paz en Tierra Santa, Ucrania y otros lugares de guerra: «Que Dios conceda a todos los responsables sabiduría y perseverancia para avanzar en la búsqueda de una paz justa y duradera».

Con los gitanos

La jornada del sábado estuvo marcada por un emotivo encuentro con gitanos con motivo del jubileo. «Todos nos sentimos renovados por el don que traéis al Papa: vuestra fe fuerte, vuestra esperanza inquebrantable en Dios, vuestra confianza sólida que no cede ante las dificultades de una vida que a menudo se vive al margen de la sociedad», comenzó el Papa.

Así, los animó a ser testigos de la confianza en Dios, de no apegarse a ningún bien mundano y de mostrar una fe ejemplar con palabras y obras.

Dicho esto, lanzó un mensaje en favor de la integración del pueblo gitano, en muchas ocasiones, desplazado. «Es el modelo de sociedad que os marginó y os convirtió en itinerantes, sin paz y sin acogida, el que ha creado las mayores injusticias sociales a nivel mundial en el último siglo: enormes desigualdades económicas entre individuos y pueblos, crisis financieras sin precedentes, desastres medioambientales, guerras».

«Pero nosotros, en la fe en Jesucristo, sabemos que «la piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular», y por eso nos sentimos cada vez más fortalecidos en la idea de que los valores que los pobres defienden con gran dignidad y orgullo son precisamente aquellos a los que todos debemos mirar para cambiar el rumbo. Vuestra presencia en las periferias de Occidente es, en efecto, un signo al que podemos referirnos para eliminar muchas estructuras de pecado, por el bien y el progreso de la humanidad hacia una convivencia más pacífica y justa, en armonía con Dios, con la creación y con los demás», continuó.

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