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De lunes a viernes con León XIV: ecumenismo, justicia social y vencer la tristeza con la alegría de la resurrección

La semana del Papa ha vuelto a ser de gran intensidad, con la visita de Estado de los reyes de Inglaterra para una oración ecuménica que no se había producido en cinco siglos, y el encuentro con unos movimientos populares en crisis

Una semana más, León XIV ha mantenido una agenda de especial intensidad, marcada nuevamente por una fuerte llamada a la esperanza, abordando esta no solo como consuelo espiritual, sino en calidad de motor para la acción concreta en el diálogo ecuménico y la lucha contra la exclusión social. En apenas dos días, el Papa ha pasado de meditar sobre la victoria de la resurrección de Cristo frente a la tristeza humana a sostener encuentros diplomáticos y religiosos de altísimo nivel con la siempre exigente monarquía británica, para enfilar el final de la semana arropando a los movimientos populares, campeones de humanidad que piden «tierra, techo y trabajo». El hilo conductor que hilvana los días del Pontífice es la encarnación de una Iglesia que no se queda en el centro y la zona de comodidad, sino que se proyecta hacia las periferias y los desafíos globales, desde la promoción de la paz y la seguridad hasta la defensa de la creación.

Este dinamismo que está queriendo mostrar el Santo Padre subraya la centralidad de la dignidad humana en toda sus dimensiones: espiritual, social y ecológica. Al abordar la «cultura del descarte», León XIV demuestra que los problemas de la pobreza y la exclusión no son tangenciales, sino que están presentes en el corazón del Evangelio. De igual manera, el histórico encuentro con los reyes del Reino Unido ha servido para consolidar el camino hacia la unidad y el compromiso compartido en temas como el cuidado del medio ambiente. En este contexto, la voz del sucesor de Pedro ha resonado y retransmitido como una invitación constante a la «cultura de la reconciliación y el compromiso» frente a la «globalización de la impotencia».

La resurrección, respuesta a la tristeza

La Audiencia General que tuvo lugar, como cada miércoles, en la Plaza de San Pedro, continúo el ciclo de catequesis jubilares «Jesucristo, nuestra esperanza». En su reflexión, el Papa afirmó rotundamente que la resurrección de Cristo es la respuesta a la tristeza, esa enfermedad «invasiva y generalizada» de nuestro tiempo, que quita sentido y vigor a la vida. Recordó que la resurrección fue una explosión de vida y alegría que cambió el sentido de la realidad, y que se produjo de forma suave y humilde, no violenta ni espectacular.

El Pontífice, así las cosas, recurrió al famoso relato de los discípulos de Emaús como paradigma de la tristeza humana, mostrando cómo se alejaban de Jerusalén, desilusionados y con la esperanza desvanecida. La paradoja es superlativa: este triste viaje tiene lugar el mismo día de la victoria de la luz, pero la tristeza nubla la mirada a los discípulos, hasta tal punto de que, cuando el mismo Jesús resucitado se une a ellos, los escucha y luego reprende por ser «duros de entendimiento para creer en todo lo que han dicho los profetas», demostrándoles que Cristo debía sufrir, morir y resucitar.

De este modo, el momento de la verdad llega a la mesa, cuando Jesús toma el pan y reabre los ojos y el corazón de los discípulos. La memoria se vuelve agradecida y la energía fluye entonces de nuevo, impulsándolos a regresar deprisa a Jerusalén para contar la buena nueva. León XIV afirmó que la victoria de la vida es «un hecho real, concreto», e instó a los fieles a permanecer vigilantes en el asombro de la Pascua, pues «solo Él hace posible lo imposible».

Audiencia al rey y la reina del Reino Unido

A la mañana siguiente, el jueves, 23 de octubre, el Palacio Apostólico vaticano se vistió de gala para acoger la visita de Estado de sus majestades el rey Carlos III y la reina Camila, del Reino Unido. Los monarcas fueron recibidos con todos los honores en el Patio de San Dámaso, incluyendo la interpretación del himno británico por la banda de la Gendarmería vaticana. Tras la audiencia privada con el Santo Padre, Carlos III se reunió con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, y con el arzobispo británico Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales.

Durante los «coloquios cordiales» en la Secretaría de Estado, se valoraron positivamente las buenas relaciones bilaterales existentes. Según ha trascendido, el intercambio de pareceres se centró en temáticas de interés común, destacando la necesidad de promover la paz y la seguridad frente a los desafíos globales, así como la lucha contra la pobreza y, de manera muy prominente, la custodia del medio ambiente. Además, se reflexionó conjuntamente sobre la historia de la Iglesia en el Reino Unido y la necesidad de continuar impulsando el diálogo ecuménico.

Histórica oración ecuménica

La dimensión ecuménica del encuentro alcanzó su momento culminante ese mismo día con una histórica oración ecuménica celebrada en la Sala Regia y, más tarde, en la Capilla Sixtina. Fue un acontecimiento que no ocurría desde hacía cinco siglos, uniendo a la Iglesia católica y la Iglesia de Inglaterra, representada por el rey Carlos, en la misma alabanza a Dios Creador. El rey, en tanto gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra, ha buscado dotar a su visita al Vaticano de una profunda dimensión espiritual, especialmente en el contexto del Jubileo de la Esperanza.

Así las cosas, el carácter ecuménico se reflejó en cada detalle del acto: la oración se celebró en latín e inglés, y el himno inicial unió la composición de san Ambrosio de Milán con la traducción inglesa de san John Henry Newman. Acompañando al papa León XIV estaba el arzobispo de York, Stephen Cottrell. Tras la celebración, en la Sala Regia, el sucesor de Pedro y el rey de Inglaterra intercambiaron dos ejemplares idénticos de orquídeas, símbolo de un compromiso compartido con el cuidado de la creación, reflejando su esperanza y determinación. El Santo Padre y el rey Carlos salieron de la Capilla Sixtina caminando uno al lado del otro, como potente símbolo de la continuidad del diálogo ecuménico.

Encuentro con los movimientos populares

Finalmente, la intensa jornada del jueves se cerró con una audiencia de León XIV a los participantes en el V Encuentro Mundial de los Movimientos Populares. El Papa reveló que uno de los motivos para elegir el nombre de León XIV fue la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, como compromiso y simpatía hacia su causa. Aunque generalmente las «cosas nuevas» —aseguró— se miran desde el centro —como la inteligencia artificial—, el Pontífice invitó a verlas «desde la periferia».

De este modo, León XIV mostró su total apoyo a la vitalidad de los movimientos que llevan el estandarte de la demanda de «tierra, techo y trabajo», afirmando que estos son «derechos sagrados», y les proclamó: «¡Estoy con vosotros!». En su encuentro, el Santo Padre calificó a estos fieles de «poetas sociales», por buscar soluciones no con alta tecnología, sino desde la base, con la belleza del artesano y la solidaridad. La clave de su servicio, destacó, «debe ser el amor», pues en las heridas de los pobres está escondido el rostro de Jesús.

Por último, el Papa criticó la «arbitrariedad sistémica» que priva a las personas de lo necesario y las sumerge en lo accesorio, señalando que la exclusión es el nuevo rostro de la injusticia social, una «novedad» que el papa Francisco ya había llamado la «cultura del descarte». E insistió en que, aunque la tecnología se globalice, los pobres siempre sufren el mayor impacto del progreso mal gestionado, como está sucediendo con la crisis climática. A pesar de que los sindicatos y los sistemas de seguridad social están en crisis, el Papa aseguró ante ellos que la Iglesia debe acompañar las «justas luchas» de los movimientos populares, mostrando su convicción de que «las vías justas parten desde abajo y desde la periferia hacia el centro».

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