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De lunes a viernes con León XIV: la esperanza que vence a la muerte y un llamamiento a la caridad sin fronteras

La semana del Papa ha estado marcada por la evocación de la Pascua, desde la conmemoración de los difuntos hasta los desafíos geopolíticos, siempre con la conciencia y responsabilidad de la misión en un mundo herido

La semana que hoy cierra el papa León XIV ha estado marcada por la esperanza pascual como hilo conductor, desde la conmemoración de los difuntos hasta la reflexión sobre los desafíos geopolíticos, siempre con la conciencia y responsabilidad de la misión de la Iglesia ante un mundo herido. La intensa actividad del Pontífice durante estos días nos ha vuelto a recordar que la vida cristiana, al igual que un faro, no solo debe resistir las tormentas del sufrimiento, sino que debe proyectar una luz inquebrantable de esperanza, esa Pascua que es la única que tiene el poder de transformar el mundo.

Así las cosas, el Santo Padre ha mantenido, como viene siendo habitual, una intensa agenda diaria, en su propósito de orientar a los fieles a buscar en Cristo resucitado la única cura y sanación ante el sufrimiento. Durante su catequesis semanal del miércoles, León XIV continuó su ciclo sobre la esperanza, insistiendo en que la resurrección no es una idea, sino un acontecimiento que fundamenta la fe. El Pontífice proclamó que el anuncio pascual es «la noticia más hermosa, alegre y conmovedora que jamás ha resonado en el curso de la historia» y añadió que la fe en la Pascua requiere revolucionar nuestra vida, ya que esta «no elimina la cruz, sino que la vence, en el duelo prodigioso que ha cambiado la historia».

El lunes, el Papa presidió la emotiva Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año, una celebración que tuvo la particularidad de honrar la memoria del difunto Francisco. Al presidir su primera Eucaristía de este tipo, León XIV señaló que el momento estaba imbuido del «sabor de la esperanza cristiana». En su homilía, hizo hincapié en la transfiguración de la muerte por el amor de Cristo resucitado. Explicó que los cristianos no deben vivir la tristeza «como los otros, que no tienen esperanza», ya que Cristo, el crucificado, ha resucitado. Gracias a él, la muerte ha sido transfigurada, y de enemiga, «la ha hecho hermana, la ha amansado». Por ello, los lugares de sepultura se llaman «cementerios» —que significa literalmente «dormitorios»—, en espera de la resurrección.

Audiencia con el presidente de Palestina

El jueves por la mañana, el Santo Padre recibió en el Palacio Apostólico Vaticano a Mahmoud Abbas, presidente del Estado de Palestina, coincidiendo con el décimo aniversario de su acuerdo global con la Santa Sede. Durante el «cordial coloquio» mantenido en formato de audiencia, ambas partes constataron la urgencia de prestar socorro a la población civil en Gaza y de poner término al conflicto con Israel. Asimismo, el comunicado informó que la solución debe perseguir la perspectiva de la solución a dos Estados.

Ética y misión en la inteligencia artificial

El lunes, León XIV envió un Mensaje a los participantes en el Builders AI Forum 2025, celebrado en la Pontificia Universidad Gregoriana. El Papa expresó su gratitud a los organizadores y a quienes buscan que estas tecnologías emergentes se orienten hacia la dignidad de la persona y el bien común. Destacó asimismo que la inteligencia artificial surge de la capacidad creativa confiada por Dios, lo que implica que la innovación tecnológica puede ser una forma de «participación en el acto divino de la creación».

El Pontífice insistió en que el desarrollo de la inteligencia artificial conlleva un peso ético y espiritual, ya que cada elección de diseño «expresa una visión de la humanidad». Por ello, invitó a los desarrolladores de esta tecnología a cultivar el discernimiento moral, desarrollando sistemas que reflejen justicia, solidaridad y «una genuina reverencia por la vida». El Papa destacó que esta labor debe ser «un esfuerzo profundamente eclesial», poniendo la tecnología al servicio de la evangelización y el desarrollo integral, asegurando que la inteligencia halla su pleno significado en «el amor, la libertad y la relación con Dios».

Intención de oración para noviembre: por la prevención del suicidio

El martes se difundió el videomensaje del Santo Padre con su intención de oración para noviembre, centrada en esta ocasión en la prevención del suicidio. Dice así: «Oremos porque las personas tentadas por el suicidio encuentren en su comunidad el apoyo, la asistencia y el amor que necesitan y se abran a la belleza de la vida».

En su oración, el León XIV invoca a Cristo para que las personas que viven en la oscuridad y la desesperación —«especialmente para aquellos que luchan con pensamientos suicidas»— puedan «encontrar siempre una comunidad que los acoja, los escuche y los acompañe». También pide un «corazón atento y compasivo» para todos los fieles, capaz de ofrecer consuelo y apoyo, incluyendo «la necesaria ayuda profesional». El mensaje concluye con la esperanza de que, juntos, se pueda redescubrir que la vida es un don, y que «aún hay belleza y significado, incluso en medio del dolor y del sufrimiento».

400 años del Seminario de Trujillo

El miércoles, el Pontífice dirigió una Carta al Seminario Mayor Arquidiocesano «San Carlos y San Marcelo» de Trujillo (Perú), con motivo del 400º aniversario de su fundación. En ella, rememora sus propias huellas, pues forman parte de esa casa, donde sirvió como profesor y director de estudios, y resalta que la primera tarea de los seminaristas es «estar con el Señor, dejar que Él los forme, conocerlo y amarlo, para poder parecerse a Él».

En la misiva, el Pontífice delinea la autenticidad de la vocación sacerdotal, advirtiendo de que el sacerdocio «no puede reducirse a “llegar a la Ordenación” como si fuera una meta externa o una salida fácil a problemas personales». Afirma que, cuando se piensa en claves mundanas, el ministerio se confunde con «un derecho personal, un cargo distribuible; se transforma en mera prerrogativa o en función burocrática». León XIV, por último, exhorta a los seminaristas a cultivar el equilibrio entre la vida espiritual e intelectual, sentenciando que «una piedad sin doctrina se vuelve sentimentalismo frágil», mientras que «una doctrina sin oración se vuelve estéril y fría».

Llamamiento a la audacia de las religiosas

Ayer jueves, el Santo Padre recibió en audiencia a las participantes en los capítulos generales de las Religiosas de Jesús-María y de las Suoras Misioneras de San Carlos Borromeo. León XIV señaló que ambas congregaciones nacieron del «mismo amor por los pobres»: hacia las jóvenes en desventaja (Jesús-María) y hacia los migrantes, en el caso de las scalabrinianas. Y recordó que los inicios de ambas congregaciones no fueron fáciles, citando el drama de la Revolución Francesa y la tragedia de la emigración de masas.

El Pontífice invitó a las religiosas a dar amplio espacio a la oración y al silencio durante sus trabajos capitulares, pues «las iluminaciones más importantes se captan “de rodillas”». Usando el ejemplo de Rut, les recordó la necesidad de «buscar el rostro de Dios en el hermano y en la hermana necesitados», animándolas a vivir sus jornadas en humilde escucha de Dios y en «corajosa atención a los demás», teniendo el valor de dejarse interpelar por el sufrimiento, «sin temor de abandonar las propias seguridades, aventurándose, si el Señor lo pide, en senderos nuevos».

La nueva Charta Oecumenica como camino sinodal

También el jueves, el Santo Padre saludó a los miembros del Comité Conjunto del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y de la Conferencia de las Iglesias Europeas (CEC), quienes firmaron la nueva Charta Oecumenica. León XIV reconoció que 25 años después de la primera firma, ha sido necesario revisar el documento para abordar los nuevos desafíos en Europa y las preocupaciones contemporáneas para la misión.

El Papa destacó que, si bien hay «señales positivas y alentadoras de crecimiento», muchas comunidades cristianas europeas se sienten «cada vez más en minoría». Y subrayó que la nueva Charta Oecumenica es un testimonio de la disposición de las Iglesias a mirar su historia a través de los ojos de Cristo. León XIV insistió en que, en la Iglesia católica, «el camino sinodal es ecuménico, precisamente como el camino ecuménico es sinodal». El objetivo final de la Charta es proclamar a la gente de Europa que «Jesucristo es nuestra esperanza», siendo Él «el camino que debemos seguir [y] el destino último de nuestro viaje espiritual».

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