El Papa ha reflexionado durante la Audiencia General sobre el verdadero sentido del corazón humano y su anhelo del amor de Dios.
El papa León XIV ha dedicado su catequesis de los miércoles a meditar sobre la Pascua como destino del corazón inquieto ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Ha observado que hoy en día se exige rapidez en prácticamente todos los ámbitos de la vida para encontrar los resultados más óptimos, y se ha preguntado si seremos capaces de descansar cuando participemos de la victoria de Jesús sobre la muerte. «La fe nos dice: sí, descansaremos. No estaremos inactivos, sino que entraremos en el descanso de Dios, que es paz y alegría. Pues bien, ¿solo tenemos que esperar, o esto puede cambiarnos desde ahora?»
Con esta catequesis, el pontífice ha recordado que el corazón es el símbolo último de nuestra humanidad, el centro invisible de cada uno de nosotros. A ese respecto, se ha lamentado de todas las veces que llenamos nuestros días con tantas actividades y tareas que acaban sintiéndose vacíos. Asimismo ha querido subrayar la importancia de entender la vida bajo el signo de la Pascua, que «significa encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón: cor inquietum».
León XIV ha concluido con una llamada a no olvidar que el secreto del movimiento del corazón humano es «volver a la fuente de su ser, disfrutar del gozo que no termina, que no decepciona». Ha añadido, además, que el corazón humano no puede vivir sin esperar, sin saber que está hecho para la plenitud y no para el vacío. Por ello, ha recalcado que «el destino es seguro, la vida venció y en Cristo seguirá venciendo en cada muerte de lo cotidiano».
Finalmente, ha saludado especialmente a los peregrinos de lengua española, recordándoles que la esperanza no defrauda y haciendo memoria de San Agustín: «Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».








