La religiosa Deisy Delgado gasta cada día numerosas horas en barca y a pie sobre el barro para llevar la Palabra a las zonas más remotas de Panamá
Este 25 de enero, la Iglesia universal celebra el Domingo de la Palabra de Dios bajo el lema «La Palabra de Cristo habite en vosotros» (Col 3, 16). Esta jornada, instituida por Francisco en 2019, busca promover la lectura, la reflexión y el escrute de las Sagradas Escrituras en la vida pastoral ordinaria. Además, en torno a esta celebración se confiere a algunos laicos el ministerio de catequista.
En la diócesis panameña de Colón-Kuna Yala, por ejemplo, la Palabra trasciende los medios materiales y es una presencia que camina, se embarra en el lodo y cruza sobre ríos caudalosos e infestados de cocodrilos de la mano de mujeres bravas, como la hermana Deisy Delgado.
Consagrada desde hace más de 30 años como franciscana de María Inmaculada, la hermana Deisy encarna la figura del «apóstol del siglo XXI», en palabras de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, que ha basado en su testimonio, entre otros, su reciente campaña de Navidad. La religiosa panameña gasta su vida actualmente en Río Indio, una zona de misión donde coordina la formación de catequistas en 62 comunidades rurales, servidores de Dios para quienes la Palabra es materia prima de su vocación y alimento de su existencia. La geografía panameña impone desafíos que parecen sacados de una película de aventuras —no en vano la religiosa es conocida popularmente como la Indiana Jones de los catequistas—, pero que son el pan de cada día para la hermana Deisy. Para llegar a los fieles, debe atravesar numerosos «trillos» —senderos estrechos y embarrados— donde a duras penas pasa un caballo. «A veces nos atascamos en esos lodos, nos caemos y enlodamos bastante», detalla en entrevista con ECCLESIA, con una mezcla de realismo y alegría misionera.
Así las cosas, las distancias se miden en horas de esfuerzo físico continuado: «Vamos tres horas en lancha, o dos, porque a veces hay que bajarse antes y caminar otras cuatro horas para llegar a una comunidad», detalla. En estas zonas montañosas y remotas, además, las casas están dispersas, bastante alejadas unas de otras, lo que dificulta aún más la labor de cohesión comunitaria. Sin embargo, la acogida de los vecinos es el motor que renueva sus fuerzas: «Cuando una llega al fin a la comunidad y, aunque supercansada, ve que el pueblo la espera con alegría y canta: “Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”, eso me llena de júbilo».
En el marco del Domingo de la Palabra de Dios, la labor de los catequistas adquiere un relieve especial. Como señala el subsidio pastoral, siguiendo a san Pablo, esta debe «habitar en vosotros» para hacerse signo tangible. En la selva de Panamá y en contextos de carestía extrema, esta Palabra es muchas veces el único consuelo posible. La hermana Deisy no oculta su dolor ante la pobreza de su gente: «Es horrible ver cómo muere alguien picado de culebra. El hospital está a cinco o seis horas. Muchos no llegan. Y que nuestros gobiernos no se preocupen por acortar los caminos…», se lamenta.
La falta de recursos básicos, como agua potable o luz eléctrica, anticipa la extrema dificultad de acceder a materiales para la formación religiosa. «Duele ver situaciones como, por ejemplo, familias tan pobres que no tienen dinero ni para comprar una Biblia, ni cinco dólares para adquirir el libro de sus niños», relata. En este escenario, los catequistas son piezas fundamentales, pues son ellos, en tanto Palabra encarnada, quienes «hacen que el Evangelio toque la vida de las personas y las transforme».
Una lámpara de aceite
La campaña de Navidad de ACN enfocó, precisamente, a estos agentes de la Iglesia que son como una lámpara de aceite en medio de la jungla: la pequeña llama que portan quizás no sea suficiente para iluminar el bosque, pero sí enseñan dónde poner el siguiente paso, guiando al caminante a salir de su oscuridad. Con cerca de 2,9 millones de catequistas en el mundo —muchos de los cuales sirven en zonas de conflicto o pobreza extrema—, la fundación se ha propuesto financiar 1.000 proyectos este año para su formación y sostenimiento.
Para la hermana Deisy, esta ayuda se ha concretado en más movilidad, más agilidad y más presencia. Porque, gracias a los benefactores de ACN, su comunidad ha recibido un vehículo que multiplicará el alcance de su misión. «Estamos muy agradecidas, nos sentimos sumamente apoyadas… Estamos seguras de que en el verano podremos llegar a otras comunidades», asegura. En el pasado 2024, ACN facilitó 1.141 vehículos a nivel global, incluyendo coches, barcos y bicicletas, para permitir que el Evangelio siga llegando a los lugares más recónditos del mundo.
Durante la Navidad, cuenta la hermana Deisy, las comunidades de Costa Abajo de Colón se sumergen en la tradición de las novenas, realizadas en los hogares para que las familias sientan que «ese Emmanuel, ese Dios con nosotros, se acerca a cada uno». En el día a día, las religiosas motivan a su pueblo a recordar que Jesús nace y vive en los más humildes, y que ellos siguen siendo sus preferidos.
Para la hermana Delgado, la misión se resume en una sola palabra: «Gratitud». El testimonio de esta franciscana nos recuerda que, mientras en Europa celebramos cómodamente el Domingo de la Palabra de Dios, en las montañas de Panamá se vive con los pies manchados de barro y el corazón lleno de una esperanza que lucha contra las grandes distancias y los peligros de la selva. En sus momentos de fragilidad, la Indiana Jones de la evangelización se sostiene «en el mandato de ir por todo el mundo y anunciar la buena noticia» y «en la certeza de que cuando soy débil, soy fuerte». Y lanza una invitación a los catequistas de todo el mundo: «Que nuestras comunidades y pueblos experimenten a través de cada uno de ustedes… a Jesús».








