El Papa, preocupado por las hostilidades con Estados Unidos, se ha unido al mensaje, «invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano»
El pasado 31 de enero, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) emitió durante la memoria de san Juan Bosco un mensaje urgente dirigido «a todos los cubanos de buena voluntad». Este documento no solo pretende dar continuidad a las preocupaciones expresadas por la Iglesia el pasado mes de junio, sino que, tras la caída de Nicolás Maduro, denuncia una «realidad dolorosa y apremiante» que, lejos de mejorar, ha derivado en un agravamiento de la «angustia y la desesperanza» del pueblo.
La voz de los pastores cubanos es clara: el país se encuentra en un punto donde «las cosas no están bien» y se hace eco del sentir generalizado de que «no podemos seguir así». En este contexto, los obispos señalan que es imperativo «cambiar el rumbo de esta situación» para lograr «salvar a Cuba y devolvernos la esperanza».
Este llamamiento, más allá de una observación pastoral, constituye una interpelación directa a quienes ostentan las «responsabilidades más altas a la hora de tomar decisiones». Con esta mirada a los políticos del régimen, sostienen que ha llegado el momento de crear un clima propicio, libre de presiones internas y externas, para implementar los «cambios estructurales, sociales, económicos y políticos que Cuba necesita». La Iglesia aboga, así, por una nación renovada y próspera que no exija más luto ni sangre a las familias.
Uno de los puntos más críticos del mensaje es la advertencia sobre la crisis energética. Las noticias sobre Donald Trump que anuncian la «eliminación de toda posibilidad de que entre petróleo al país» han encendido las alarmas, pues impactan de manera directa en la alimentación y la sanidad de los más desfavorecidos, como ancianos y niños. Los obispos advierten con gravedad a este respecto que el «riesgo de un caos social y de violencia entre los hijos de un mismo pueblo es real». Ante esta amenaza, recalcan que ningún cubano de buena voluntad puede desear un desenlace violento y que la solución debe buscarse a través del «diálogo y la diplomacia», rechazando la coerción como método para resolver desavenencias.
El papa León XIV aseguró durante el ángelus de este domingo haber recibido «con gran preocupación noticias sobre un aumento de las tensiones entre Cuba y los Estados Unidos de América, dos países vecinos». Por eso, «me uno al mensaje de los obispos cubanos, invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano. ¡Que la Virgen de la Caridad del Cobre asista y proteja a todos los hijos de esa amada tierra!»
Retomando el histórico mensaje de san Juan Pablo II en 1998, los obispos insisten en que, para que el mundo se abra a la isla, es primero necesario que «Cuba se abra a su propio pueblo», integrando a todos los ciudadanos «sin exclusiones ni estrategias que busquen favorecer solamente a algunos». Para ello, piden poner el bien de la patria por encima de intereses particulares o de la facción de turno.
En cuanto al plano internacional, el mensaje se muestra contundente al calificar las medidas económicas restrictivas impuestas desde fuera como «injustas y éticamente inaceptables», debido a que su repercusión es indiscriminada y golpea con más fuerza a los débiles. Sin embargo, los obispos aclaran que el respeto a la dignidad y la libertad interna no debe quedar supeditado a los conflictos externos, ya que una «sana pluralidad» en el interior del país favorecería la distensión internacional.
La Iglesia, finalmente, reafirma que continuará con su misión de servicio: orando, anunciando el Evangelio y acompañando a los pobres, enfermos y presos. Más allá de su labor asistencial, los obispos ofrecen formalmente su «disponibilidad para, si así se lo solicitaran, contribuir a rebajar el tono a las hostilidades» y facilitar la colaboración por el bien común.
Por último, el mensaje concluye con la esperanza de que llegue para Cuba la «hora del amor», un tiempo donde la caridad de Dios prevalezca y la «sensatez y la cordura» se impongan sobre las posturas que hoy parecen irreconciliables. Bajo la intercesión de la Virgen de la Caridad, los obispos ruegan para que todos los hijos de esa tierra puedan, por fin, vivir en paz y con dignidad.








