ACN lanza una campaña para ayudar a la isla, donde evangelizar y sanar las heridas de la población es cada vez más complicado por la escasez de medios
Indudablemente, Cuba vive el momento de mayor necesidad a nivel material en muchas décadas». El grito de auxilio lo lanza monseñor Emilio Aranguren, obispo de Holguín y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. La población de la isla languidece bajo la bota de la dictadura, lejos de la atención de un observatorio internacional más preocupado por los nuevos conflictos que por las injusticias cronificadas. Falta de todo: alimentos, medicinas, productos de higiene y de limpieza, electricidad, gasolina… La Iglesia de Cuba que sufre con los necesitados no es ajena a los dramas de su pueblo, aparte de las propias penurias: sin vehículos, carburante ni material catequético, evangelizar se vuelve muy difícil.
«Se puede decir que un agente pastoral con coche es como un sacerdote y medio», afirma Rafa, dueño de un taller mecánico en Camagüey. El padre Damián, misionero en la diócesis de Santiago de Cuba, recuerda la forma como atendían a las comunidades rurales: «Alquilábamos un camión. Entre catequistas, religiosas y voluntarios éramos casi 30 personas. Visitábamos a los enfermos, impartíamos catequesis, celebrábamos Misa y confesiones…». Nada de eso puede hacerse ahora, con la terrible crisis económica que azota al país.
Los desplazamientos son esenciales para el trabajo de la Iglesia en Cuba, habida cuenta de que solo cuenta con 374 sacerdotes sobre el terreno. Comparado con nuestro país, mientras que en la isla un cura tiene a su cargo, de media, a 20.872 católicos, en España esa cantidad es diez veces menor (2.342), por 1.784 en Europa. Como ejemplo del buen pastor que no abandona a sus ovejas, los presbíteros se sobreponen diariamente a las dificultades para dispensar los sacramentos, acompañar y llevar el primer anuncio a las zonas más inaccesibles del país. Sin olvidar las 118 congregaciones e institutos de religiosas y religiosos que gastan su vida por los más pobres en nombre de Cristo.
De un total de 663 religiosos, 147 son cubanos, por 516 misioneros. Su esfuerzo y entrega suponen la transmisión de la fe puerta a puerta, bautizando, impartiendo catequesis, celebrando la Palabra o visitando a los enfermos. Algunas de estas monjas misioneras, que suelen vivir de tres en tres, sostienen ellas solas territorios de misión que equivaldrían al de 130 parroquias de Madrid.
Y, para cuando darlo todo no alcanza, ahí están los laicos, auténtico pilar de la Iglesia cubana, presencia de Dios donde no pueden llegar los sacerdotes y religiosos. Es el caso de Rosa, natural de Camagüey, quien fundó una casa de misión en honor de la Virgen de la Caridad hace más de diez años: «Mi sueño es que esta comunidad tenga una capilla. Pero, mientras tanto, aquí, además de celebrar Misa, impartimos catequesis, encuentros con matrimonios, celebramos bautizos, rezamos novenas. Es casi una parroquia, eso es mi casa». En muchas zonas de la isla, la falta de templos es muy grande. Algunos se desplomaron por falta de permiso para renovarlos, otros nunca fueron devueltos después de la revolución, otros han sufrido las inclemencias de los huracanes.
«No es raro el día que algún sacerdote me recuerda que tiene que reformar su templo, y que yo le respondo que está bien, pero que hay que esperar, porque todavía tengo templos en el suelo», asegura monseñor Aranguren. Pese a todas las dificultades, la Iglesia cubana es, en palabras del presbítero, «una Iglesia viva, unida, pobre, confiada, esperanzada, sinodal, que hace el bien y respeta a Dios». Por eso, «cuando vemos que la necesidad no se detiene, recordamos que la misión debe continuar», señala.
Los que se quedan
En la actualidad, el número de misioneros seglares y catequistas asciende a aproximadamente 3.700. Uno de ellos es Jorge, diácono permanente en Ciego de Ávila, dedicado a predicar la palabra de Dios, así como a celebrar los sacramentos del Bautismo y el Matrimonio. «Mi lema de ordenación es Mi familia y yo serviremos al Señor. Tuve la oportunidad de emigrar de la isla y no me he ido, porque esta es la vocación que Dios me regaló», admite. Ni que decir tiene que la migración de los seglares es motivo de desvelo para la Iglesia cubana. «Ahora, las abuelas están siendo las que transmiten la fe a los niños en las familias, mientras que también se observa un cierto reciclaje y retorno de los adultos de entre 40 y 50 años, que se pudieron haber alejado. Por otra parte, es muy duro también para los catequistas no tener materiales con que instruir a las gentes, ni unas Biblias de bolsillo, ni un altavoz pequeñito por bluetooth para poder hablar y ser escuchado, o poner una canción con el teléfono móvil», explica Aranguren.
Debido a esta situación límite, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha decidido poner en conocimiento de la sociedad española todos estos testimonios y lanzar una campaña de ayuda bajo el título La Iglesia en Cuba, donde contigo nada es imposible, coincidiendo con la celebración de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla. El objetivo es hacer frente de manera inmediata a la falta de medios materiales para la pastoral, la necesidad de formación de los laicos, el apoyo a los sacerdotes y religiosos para su supervivencia o el acompañamiento de las vocaciones. Es la naturaleza de esta fundación pontificia, encargada de apoyar la difusión de la Buena Noticia y asumiendo que otras entidades de Iglesia hacen su labor suministrando medicinas, alimentos y otros bienes de primera necesidad.
Relación con el Gobierno
Paradójicamente, la relación de la Iglesia de Cuba y el resto de confesiones religiosas con el Estado cubano parece ir destensándose conforme aumentan las necesidades materiales. Según Aranguren, «las actitudes en contra de la libertad de expresión religiosa han disminuido, lo cual no significa que no pueda haberlas. Incluso, el Gobierno ha expresado algún tipo de valoración positiva sobre el bien que hace la Iglesia con respecto a alguna acción determinada».
Cabe recordar que, desde 1976 hasta 1992, la Constitución de la isla era de carácter ateo. Posteriormente, se pasó a un Estado laico, donde los obispos señalan que hay una gran diferencia entre el Gobierno y el Partido Comunista. «Desde hace un año, la oficina que lleva los temas religiosos ha pasado a ser responsabilidad del Gobierno, con lo que ya no se juega tanto en el campo ideológico. Hace un año, los obispos tuvimos un encuentro puntual con el presidente. Por ejemplo, han cesado las actividades paralelas que se convocaban los sábados y fines de semana para impedir que los chicos fueran a las catequesis y Misas. Supongo que hay un cierto cansancio por su parte», señala el presidente de los obispos.
Por eso, para terminar, Aranguren recuerda un viejo chascarrillo pasado de pastor a pastor: «Las virtudes cardinales en esta isla son cinco: prudencia, justicia, fortaleza, templanza… y además está el cubaneo, que es la manera en que las gentes de Iglesia nos acercamos a las instancias del Estado para llevar adelante las acciones que estamos llamados a realizar».








