Este domingo la Iglesia celebra la jornada de Manos Unidas, una organización eclesial que tiene como objetivo dar a conocer y denunciar la existencia del hambre y de la pobreza en el mundo, sus causas y las posibles soluciones, al tiempo que reunir medios económicos para financiar los programas, planes y proyectos de desarrollo integral dirigidos a paliar estas necesidades.
Para hacer resplandecer la luz de Dios ante el mundo necesitamos ante todo ser conscientes de las necesidades de este mundo para iluminar allí donde más convenga. La fe que profesamos en Cristo, esa fe que debe ser luz para el mundo y sal para la tierra, se nutre en el amor a Cristo ya los hermanos, y ese amor se traduce en obras concretas de amor donde amor y obras son dos términos convergentes que no pueden existir uno sin otro.
El sentido profundo de la fe que nos mueve a amar a los demás ya mostrarles ese amor con acciones concretas, nos viene del amor de Cristo, ésta es la diferencia entre la acción social de la Iglesia, a través de sus múltiples organizaciones, y la de cualquier otro organismo humanitario. Nos lo dijo el papa Francisco varias veces cuando afirmaba que ésta es la misión de la Iglesia, de una Iglesia que cura, que cuida. A veces habló el papa Francisco de la Iglesia comparándola a un hospital de campaña. Entre las misiones de la Iglesia está la de ayudar y hacer organizaciones que ayuden, pero si olvidamos el sentido de la misión de la Iglesia, si olvidamos el celo apostólico y ponemos la esperanza tan sólo en los medios, la Iglesia lentamente corre el peligro de convertirse en una ONG, quizás en una hermosa, eficaz y potente organización, pero no evangélica de la guía.
«La Iglesia -decía el papa Francisco- es como María: la Iglesia no es un negocio, no es una agencia humanitaria, la Iglesia no es una ONG, la Iglesia está enviada a llevar a todos hacia Cristo y su Evangelio; no se lleva a sí misma, la Iglesia lleva a Jesús y debe ser como María cuando fue a visitar a Isabel. ¿Qué llevaba María? A Jesús. La Iglesia lleva a Jesús: ¡esto es el centro de la Iglesia, llevar a Jesús! Si en algún momento sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, ésta sería una Iglesia muerta. La Iglesia debe llevar la caridad de Jesús, el amor de Jesús.» (Audiencia general del 23 de octubre de 2013).
En cualquier empresa que emprendamos en nombre de Cristo, en nombre de su Iglesia, no hay que olvidar nunca que el amor que la mueve, el amor que nos mueve a la acción, viene de Cristo. Sólo así resplandecerá su luz, haremos visible su luz y seremos luz para el mundo y sal para la tierra.







