El Pontífice culmina su jornada en Angola con un llamado a la reconciliación nacional y la justicia social, instando a los jóvenes a liderar la construcción de un futuro libre de divisiones.
El Papa León XIV continúa su viaje apostólico por el continente africano, tras haber pasado por Argelia y Camerún. En su visita a Angola, el Santo Padre ha querido estar cerca de una «Iglesia viva y joven» y de un pueblo que, en palabras del Pontífice, tiene «hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad». Durante la jornada de ayer, 19 de abril, el Papa celebró la Eucaristía en Kilamba, y presidió el rezo del Rosario en el Santuario de Mama Muxima.
Misa en Kilamba: Superar las viejas divisiones
En la explanada de Kilamba, ante una multitud de aproximadamente 100,000 fieles, León XIV presidió la Santa Misa del tercer domingo de Pascua. Inspirado en el relato de los discípulos de Emaús, el Papa reflexionó sobre el peligro de quedar atrapados en el desánimo tras los traumas de la guerra civil. En su homilía, advirtió sobre el riesgo de «perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo», señalando que la fe debe ser el motor para reconstruir la nación.
León XIV hizo una llamada a la renovación social y ética de Angola, pidiendo una Iglesia que sepa escuchar el lamento de sus hijos y que trabaje por la transparencia. «También nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir», afirmó. Antes de concluir, se dirigió especialmente a los más jóvenes, recordando que solo el camino de la paz será el que permita que recuperen la esperanza.
Rosario en Muxima: Un compromiso por la paz y los pobres
Por la tarde, el Santo Padre se trasladó al Santuario de Mama Muxima, el corazón mariano de Angola, para presidir el rezo del Santo Rosario. En este enclave, León XIV destacó que la devoción a la Virgen no puede separarse del compromiso con los más necesitados, subrayando que la oración debe traducirse en acciones como alimentar al hambriento y garantizar la educación.
Frente a un mundo marcado por las tensiones y los conflictos, el Papa lanzó desde el santuario un mensaje contundente: «¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!». Asimismo, exhortó a los fieles a no mezclar la fe con supersticiones y a confiar plenamente en el Evangelio, pidiéndoles que permanezcan «fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús”.








