El Papa ha celebrado una multitudinaria Eucaristía en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo, patrona de la nación. La homilía ha estado marcada por una fuerte carga social
En el penúltimo día de su histórico viaje apostólico por África, el papa León XIV ha presidido una multitudinaria Eucaristía en la Basílica de la Inmaculada Concepción, en Mongomo. Ante miles de fieles, el Pontífice ha bendecido la primera piedra de la nueva catedral y ha hecho un llamamiento urgente a construir un futuro basado en la justicia y la dignidad humana.
En el templo dedicado a la patrona de Guinea Ecuatorial, el Santo Padre ha sido recibido con el júbilo de un pueblo que celebra los 170 años de evangelización. Antes de iniciar la Misa, León XIV, visiblemente conmovido, ha saludado a los asistentes: «¡Qué hermoso encontrarnos todos unidos para alabar al Señor, para dar gracias por sus dones, para recibir su bendición!».
Uno de los momentos más significativos de la celebración ha sido la bendición de la primera piedra de la futura catedral de la Ciudad de la Paz. Durante el rito, el Papa ha pedido que este bloque de piedra represente «la fuerza de la fe, la fuerza que nos une, la fuerza que hace de nosotros hermanos y hermanas en Jesucristo». A continuación, y con un tono cercano y paternal, ha instado a los fieles a permanecer siempre unidos bajo el amor del Señor, que «nos acompaña siempre».
Posteriormente, durante su homilía el Pontífice ha recordado con gratitud la labor de los misioneros, sacerdotes y catequistas que, desde hace casi dos siglos, han venido entregando sus vidas al servicio del Evangelio en estas tierras. Citando las palabras de san Pablo VI, el Santo Padre ha proclamado que «los africanos ya son misioneros para sí mismos» y que la Iglesia está «verdaderamente arraigada en esta tierra bendita».
Sin embargo, el mensaje del Papa no se ha quedado solo en el recuerdo, sino que enfoca firmemente a los desafíos actuales. Reflexionando sobre el lema de su visita —«Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza»—, León XIV ha querido lanzar una pregunta ha que resonado en toda la basílica: «¿De qué tiene hambre hoy este país?». Su respuesta no ha sido menos contundente: «Hay hambre de futuro, pero de un futuro habitado por la esperanza, que pueda generar una nueva justicia, que pueda dar frutos de paz y fraternidad».
Con una reflexión marcada por una fuerte carga social, León XIV ha exhortado a todos los bautizados a ser «apóstoles de la caridad» y a trabajar por el desarrollo integral de la nación. Así, ha hecho un llamamiento directo a las autoridades y a la sociedad civil para superar las desigualdades y trabajar «al servicio del bien común y no de intereses particulares, superando las desigualdades entre privilegiados y desfavorecidos».
Y, en un gesto de profunda humanidad, ha tenido palabras de recuerdo para los más vulnerables, mencionando específicamente a los reclusos que viven en «condiciones preocupantes de higiene y de sanidad». Antes de concluir, ha animado a los cristianos a tomar en sus manos el destino del país: «¡No tengan miedo de anunciar y dar testimonio del Evangelio! Sean ustedes los constructores de un futuro de esperanza, de paz y de reconciliación».
Con la bendición final y la entrega simbólica del cáliz, el papa León XIV se ha despedido de Mongomo, dejando un mensaje de renovación y compromiso en este viaje que ya marca un hito en el pontificado y en la historia de la Iglesia africana.








