El Santo Padre ha denunciado un escenario geopolítico de «contaminación de la razón»: «No se llame “defensa” a un rearme que aumenta las tensiones y la inseguridad, empobrece las inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia y enriquece a élites»
El papa León XIV se desplazó este jueves hasta la Universidad Sapienza de Roma, una visita marcada por un profundo análisis de los desafíos contemporáneos. El pontífice ha llegado al centro académico a eso de las 10:20 horas, donde ha sido recibido ante la Capilla Divina Sapienza por la Rectora Magnífica, la profesora Antonella Polimeni, y el capellán Gabriele Vecchione. Tras un momento de oración recogida y un primer encuentro con los estudiantes, el Santo Padre iniciaba un recorrido que incluiría la firma del Libro de Honor y el descubrimiento de una placa conmemorativa en el Palacio del Rectorado.
Posteriormente, durante su discurso central en el Aula Magna, León XIV ha elogiado el compromiso social de la institución, destacando su labor con personas con discapacidad, así como con los detenidos y refugiados. Ha hecho, asimismo, una mención especial a la reciente colaboración de la Sapienza con la diócesis de Roma para abrir un corredor humanitario universitario desde la Franja de Gaza. A este respecto, el Papa ha subrayado que la universidad no es solo un centro de excelencia académica, sino un espacio donde la búsqueda de la verdad se manifiesta en esperanza: «Cuando el deseo de verdad se hace investigación, nuestra audacia en el estudio testimonia la esperanza de un mundo nuevo».
Uno de los momentos más emotivos de su reflexión ha girado en torno a la salud mental y la presión académica. Inspirándose en la figura de san Agustín, el Pontífice ha abordado la «inquietud» juvenil, advirtiendo sobre el rostro amargo de este sentimiento provocado por la competitividad extrema. «Hoy, esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y de la presión de las prestaciones. Es la mentira persuasiva de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números exasperando la competitividad y abandonándonos a espirales de ansiedad», ha denunciado con firmeza, antes de recordar la esencia del ser humano: «¡Nosotros somos un deseo, no un algoritmo!».
El Santo Padre también se ha dirigido a los alumnos y docentes para cuestionar el legado que se está entregando a las nuevas generaciones, describiendo un escenario geopolítico de «contaminación de la razón», lanzando una crítica directa al aumento del gasto militar global y al uso de la tecnología para la destrucción: «No se llame “defensa” a un rearme que aumenta las tensiones y la inseguridad, empobrece las inversiones en educación y salud, desmiente la confianza en la diplomacia y enriquece a élites a las que nada les importa el bien común». En este sentido, ha instado a vigilar el desarrollo de la inteligencia artificial para que se libren de responsabilidad las decisiones humanas en conflictos como los de Ucrania, Gaza, Palestina, Líbano e Irán.
En el ámbito medioambiental, citando la encíclica Laudato si’, el Papa ha lamentado que, tras una década, la situación climática no haya mejorado sustancialmente. Ha animado a los jóvenes a no rendirse y a transformar su inquietud en «profecía» frente a un modelo de consumo que parece agotado. «Hoy, precisamente la implosión de un paradigma posesivo y consumista deja el campo libre a lo nuevo que ya germina: ¡Estudiad, cultivad, custodiad la justicia!», ha exhortado el Pontífice, pidiendo a los estudiantes que sean «artesanos de la paz verdadera».
Hacia el final de su intervención, León XIV ha elevado la labor docente a una dimensión espiritual y ética superior, comparándola con las obras de misericordia más urgentes: «Enseñar es una forma de caridad tanto como debe serlo socorrer a un migrante en el mar, a un pobre en la calle o a una conciencia desesperada», ha afirmado, instando a los profesores a no limitarse a transmitir conocimientos, sino a hablar al corazón y cultivar la conciencia de sus alumnos. Para el Papa, el saber debe servir para «discernir quién se es» y no solo para fines laborales.
La visita ha concluido con un último saludo a la multitud desde la escalinata monumental del Rectorado pasado el mediodía, antes de su regreso al Vaticano. Con este encuentro, León XIV ha buscado sellar una «nueva alianza educativa» entre la Iglesia de Roma y la prestigiosa universidad, reafirmando que la humanidad es capaz de tener futuro cuando lo construye con sabiduría y respeto por la vida.








