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De la ‘Rerum novarum’ y san Agustín a Francisco, Beethoven, Tolkien y Picasso: los apoyos intelectuales y culturales de ‘Magnifica humanitas’

Su programa es claro: evitar que la tecnología construya una nueva torre de Babel y, en su lugar, edificar una «civilización del amor» donde la IA sea, ante todo, un ambiente acogedor y habitable

Con la publicación de su primera encíclica, Magnifica humanitas, el papa León XIV no solo ofrece una respuesta profunda, discernida y razonada a los desafíos propios de nuestro tiempo, sino que quedan desveladas las coordenadas de su propio corazón intelectual. A través de sus 111 páginas, el Pontífice traza un puente entre la tradición milenaria de la Iglesia y las voces más agudas de la cultura moderna para responder a una pregunta urgente: ¿cómo custodiar lo humano en la era del silicio?

El propio León XIV se presenta como un continuador orgánico de la Doctrina social de la Iglesia y, como no podía ser de otra manera, refleja el porqué de la elección de su nombre pontificio: la encíclica Rerum novarum, de León XIII, sobre la situación de los obreros durante la inflexión de la revolución industrial, aparece profusamente citada en una coyuntura muy compleja y que recuerda a aquella, y ante la que propone analizar los «nuevos asuntos» del siglo XXI bajo la misma luz de la justicia y la dignidad.

Por otra parte, el referente que más resuena en sus páginas es el papa Francisco, de quien asume como propio el diagnóstico del «paradigma tecnocrático» denunciado en Laudato si’ y la llamada a la fraternidad universal de Fratelli tutti. Dilexit nos, la exhortación Laudate Deum, Evangelii gaudium, los mensajes para la Jornada Mundial de la Paz y diversos discursos —a vaticanistas, a la ROACO, a la FAO, al FIDA— se encuentran como referencias espolvoreadas sobre el texto principal. Como no podía ser de otra manera, el texto también se nutre de la mirada y el magisterio de los papas del último siglo: desde la sobriedad ética de Benedicto XVI en Caritas in veritate o Deus caritas est hasta la antropología de la libertad de san Juan Pablo II —Centesimus annus, Veritatis splendor, la carta Gratissimam sane, el mensaje para la 31ª Jornada Mundial de la Paz o la bula Incarnationis mysterium—, pasando por la visión del desarrollo y el progreso de san Pablo VI —Populorum progressio—, Pío XI — Quadragesimo anno— y Pío XII —radiomensaje de agosto de 1939 ante el peligro de la guerra y diversos principios sobre el derecho y las disparidades económicas—, o san Juan XXIII —Mater et Magistra—.

Un diálogo con el mundo

Sin embargo, lo que define la fisonomía intelectual de este Papa es su capacidad para dialogar con autores no eclesiales, convirtiendo la encíclica Magnifica humanitas en un espacio de encuentro cultural. Pues, para León XIV, la verdad no es propiedad de unos pocos, sino un bien común que se descubre también en el arte y la filosofía secular. Así, recurre a Hannah Arendt en cuanto autora de Los orígenes del totalitarismo para alertar sobre la fragilidad de la democracia cuando la desinformación algorítmica borra la distinción entre el hecho y la ficción.

También aparece entre sus páginas Romano Guardini, citado para recordar que el progreso técnico no garantiza la maduración ética; el hombre moderno, advierte León XIV siguiendo al teólogo alemán, posee un inmenso poder pero no siempre sabe usarlo con acierto. Pierre de Bérulle, con sus Discursos y elevaciones, y Giorgio La Pira, con sus Reflexiones sobre el Concilio, tienen también su hueco entre la bibliografía.

De manera sorprendente, León XIV echa mano de El Retorno del Rey, parafraseando a J.R.R. Tolkien para ilustrar la resistencia humana frente a la deshumanización, recordándonos que el futuro está confiado a la libertad y a las relaciones, no a los cálculos. Y con las menciones a Pablo Picasso, Beethoven y Steven Spielberg, el arte se convierte en magisterio, no en vano el Guernica, la Novena Sinfonía y La lista de Schindler aparecen en el texto como testimonios de la capacidad humana para reconocer el rostro del otro y resistir ante el horror.

El error como inicio de la gracia

En consonancia con la trayectoria del Papa agustino, la argumentación aparece fuertemente apoyada en las Confesiones de san Agustín, sin olvidar al otro gigante de la teología católica, santo Tomás de Aquino y su Suma Teológica —aparte de Super Boetium De Trinitate—, a través de la que se establece una distinción fundamental: mientras que para un algoritmo el error es solo un dato a corregir, para una persona puede ser el inicio de un cambio profundo o una conversión. Sin olvidar a san Benito de Nursia, referenciado por su intuición sobre la oración y el trabajo. Esta visión se complementa con la psicología de Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido, reafirmando que lo que nos hace humanos es algo inaccesible para una máquina que carece de cuerpo, dolor y alegría.

Son abundantes, asimismo, las referencias a los documentos del Concilio Vaticano II, especialmente a la Constitución pastoral Gaudium et spes, y al Catecismo de la Iglesia Católica. Antiqua et nova, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación; Oeconomicae et pecuniariae quaestiones, de Doctrina de la Fe y Servicio del Desarrollo Humano Integral; el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia, del Pontificio Consejo Justicia y Paz; Memoria y reconciliación: la Iglesia y las culpas del pasado, de la Comisión Teológica Internacional; Hijos e hijas de la Luz, de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos; el Documento final del Sínodo de los Obispos; la Carta de las Naciones Unidas o el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares son textos que también juegan un papel preeminente en la argumentación.

En definitiva, Magnifica humanitas nos muestra a un Papa que habita la historia bíblica de la mano de Nehemías, el profeta Isaías, el apóstol san Pablo —especialmente en sus respectivas cartas a Corintios y Efesios—, los Evangelios de Mateo y Marcos, el libro del Apocalipsis y el testimonio de la Virgen María, a través del Magnificat. Su programa es claro: evitar que la tecnología construya una nueva torre de Babel y, en su lugar, edificar una «civilización del amor» donde la IA sea, ante todo, un ambiente acogedor y habitable para todos.

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