El arzobispo de Madrid ha presidido la Eucaristía de apertura de la Asamblea General de la CONFER, que se reúne en Madrid
El cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, ha presidido este martes la primera de las Eucaristías de la Asamblea General de la CONFER, que tiene lugar en Madrid los días 26 y 27 de mayo. La celebración, en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción, contó con la participación del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello; del presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada y obispo de León, Luis Ángel de las Heras; y del obispo auxiliar de Getafe y miembro de la citada comisión, José María Avendaño.
Durante la homilía, el cardenal Cobo puso encima de la mesa la necesidad de crear vínculos profundos y comunitarios en un momento en el que dominan la fragmentación, las soledades o el individualismo.
En este sentido, reconoció que la vida consagrada vive la sinodalidad con naturalidad y que, en muchas ocasiones, es laboratorio y escuela. Sin embargo, recalcó que la conversión es siempre necesaria y, por ello, compartió cinco propuestas de diálogo o conversación para ser signo de fraternidad y ser profetas con la fuerza del Evangelio.
- Conversación con Dios: «Si Dios no va delante, esto no funciona. Para mantener la llama de la vida religiosa es necesario este diálogo continuo».
- Conversación entre vocaciones y generaciones: «Necesitamos gente que escuche de verdad, que comparta misión, donde las diferencias no se conviertan en barreras, sino que sean una riqueza y una forma de vivir la comunidad»
- Conversación con los pobres: «Es irrenunciable. Vosotros sois pioneros allí donde hay sufrimiento. En una ciudad como Madrid no hay realidad en la que no estéis presentes de una u otra forma, porque los carismas siguen apuntando a anunciar el Evangelio entre los más pobres de nuestro mundo, pero no simplemente para dar, sino para descubrir la presencia de Jesucristo».
- Conversación con el mundo y la cultura: «Nos enseñáis a no vivir a la defensiva, sino a escuchar. Este es el diálogo: escuchar las preguntas profundas de este tiempo».
- Conversación interior: «No hay sinodalidad ni diálogo sin corazones reconciliados con humildad. Humildad para dejarse conducir por los otros y por Dios. Si no nos ponemos detrás del Espíritu, quizás este diálogo no funcione. El Señor está invitando a dar pasos nuevos»
Finalmente, el purpurado afirmó que la Asamblea General de la CONFER, que aborda la cuestión de la sinodalidad, puede ser precisamente un paso adelante para «refrescarnos en la vida sinodal» y para «seguir creciendo en el horizonte que Dios nos pone». Un horizonte, dijo, que no tiene que ver con números, sino con el testimonio. No con el miedo y sí con la confianza. No con la autorreferencialidad y sí con la misión compartida.








