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Los viajes de Juan Pablo II a España: un país evangelizado y evangelizador

A lo largo de cinco viajes, san Juan Pablo II demostró su amor por nuestra patria y nuestra historia de santos, fundadores y evangelizadores

España evangelizada y evangelizadora, ese es el camino. No descuidéis nunca esa misión que hizo noble a vuestro país en el pasado y es el reto intrépido para el futuro». Son palabras de Juan Pablo II tras el rezo del Regina Caeli del 4 de mayo de 2023 en la plaza de Colón de Madrid. Fueron sus últimas palabras públicas en España, tras 21 años en los que visitó cinco veces nuestra nación, en 12 comunidades autónomas y 26 ciudades. Son, fueron, palabras que, a mi juicio, expresan certeramente lo que él percibía y esperaba de España y la razón de fondo por la que tantas veces nos visitó, como ahora recorreremos y evocaremos.

Un primer viaje esperado durante 13 meses

España quería una visita papal. La esperaba y la anhelaba, máxime cuando comprobaba cómo Juan Pablo II era el Papa viajero —ya, hasta febrero de 1981, había realizado nueve viajes apostólicos— y que sus visitas apostólicas a otros países eran un inequívoco tiempo de gracia. Además, iba a ser el primer sucesor de San Pedro en realizar un viaje oficial a España.

Juan Pablo II iba a venir a España en octubre de 1981, tres años después de su elección pontificia. Cinco meses antes, el 13 de mayo de 1981, estuvo a punto de morir en el atentado de Ali Agca. La agenda viajera papal quedó cancelada. El contexto de la visita era la apertura del IV centenario de la muerte de santa Teresa de Jesús.

Una vez recuperado del atentado, el viaje se fijó para octubre de 1982. El 15 de octubre clausuraría el centenario teresiano. Pero el segundo atentado contra Juan Pablo II, el perpetrado en Fátima el 12 de mayo de 1982 por Juan Fernández Krohn, volvió a suscitar dudas sobre la viabilidad del viaje. Sin embargo, el ataque no tuvo consecuencias importantes en la salud del Papa, y se mantuvo el plan previsto.

Con todo, a finales de agosto de 1982, el entonces presidente del Gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, anunció la disolución de las Cortes y la convocatoria anticipada de elecciones generales para el 28 de octubre, en las que el PSOE de Felipe González obtuvo 202 de los 350 diputados del Congreso. Según lo previsto, Juan Pablo II habría de estar en España del 14 al 23 de octubre, en plena campaña electoral. A fin de no interferir, el viaje sufrió un nuevo retraso, fijándose sus fechas del 31 de octubre al 9 de noviembre y posponiéndose la clausura del Año Teresiano al día 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos.

«Huracán Wojtyla», «Testigo de esperanza»

La frase «Testigo de esperanza» fue el lema de una visita apostólica espléndidamente preparada en las diócesis y esperada con ardor e ilusión por todo el Pueblo de Dios. El viaje fue un éxito total. Como, a toda plana, tituló un diario español, tras marcharse Juan Pablo II, el viaje había sido «huracán Wojtyla».

Juan Pablo II visitó un total de 18 ciudades —Madrid, Ávila, Alba de Tormes, Salamanca, Guadalupe, Toledo, Segovia, Sevilla, Granada, Loyola, Javier, Zaragoza, Montserrat, Barcelona, Valencia, Moncada, Alcira y Santiago de Compostela— pertenecientes a 11 comunidades autónomas: Madrid, Castilla y León, Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Galicia.

Juan Pablo II pronunció en España un total de 57 discursos, a los que hay que añadir un mensaje previo, la alocución del ángelus en Roma del domingo 31 de octubre de 1982 y la posterior catequesis de la audiencia general de los miércoles (17-11-1982). El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) era Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo, y Fernando Sebastián Aguilar, el secretario general.  

La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo

Juan Pablo II se encontró con distintos y numerosos colectivos de la Iglesia y la sociedad españolas: obispos, monjes y monjas, teólogos, autoridades y representantes del pueblo, diplomáticos, empresarios, periodistas, familias, jóvenes, representantes del judaísmo y de otras confesiones cristianas no católicas, universitarios, profesores, académicos, científicos e intelectuales, obreros, emigrantes, representantes del apostolado seglar y de cofradías y hermandades, educadores cristianos, catequistas y niños, religiosos, religiosas y miembros de los institutos seculares, misioneros y misioneras, enfermos, trabajadores, mayores, sacerdotes, seminaristas, víctimas de las catástrofes naturales, hombres y mujeres del mar, políticos vinculados con Europa y, sobre todo, con el pueblo, con el Pueblo de Dios que peregrinaba entonces en la Iglesia católica en España.

Todos los actos del Papa fueron seguidos por miles de personas. En la Misa de las familias de la plaza de Lima de Madrid, el 2 de noviembre, y el encuentro con los jóvenes, en el estadio Santiago Bernabéu, participaron en torno a medio millón de personas. Fueron los dos actos más multitudinarios.

La doctrina predicada por el Santo Padre durante su viaje apostólico a España y sus interpelaciones y retos constituyeron la base del plan pastoral que la Conferencia Episcopal Española aprobó meses después, ya en 1983, bajo el título La visita del Papa y el servicio a la fe de nuestro pueblo

 «Testigo del Evangelio»

Y tan buen sabor de boca dejó aquel tan magnífico primer viaje de Juan Pablo II a España que nada tuvo de extraño que apenas dos años después decidiese volver, aunque solo fuera una escala técnica.

Fueron 15 horas, cuatro actos y despedida, desde la tarde del miércoles 10 a la primera hora de la mañana del jueves 11 de octubre. La ciudad elegida fue Zaragoza, en razón de que aquella visita era una escala con destino a República Dominicana y a Puerto Rico, en viaje insertado en el llamado novenario de años de preparación al V Centenario de la Evangelización de América Latina. 

Y, claro, qué mejor pórtico que España y, más en concreto, Zaragoza y su Virgen del Pilar. Y, claro también, el lema, en continuidad con el de 1982, no podía ser otro que «Testigo del Evangelio».  Elías Yanes era el arzobispo de Zaragoza.

Peregrinos, los de Santiago y los de las JMJ 

De los tres grandes destinos jubilares históricos, quienes iban a Roma eran romeros; quienes caminaban hasta Santiago «peregrinos» —como escribiera Dante, «peregrinos, solo los de Santiago»—; y quienes marchaban hasta Jerusalén y Tierra Santa, palmeros. Y también… peregrinos, desde agosto de 1989, los participantes de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ). Nacidas en Roma en 1986, tres años más tarde quedaron confirmadas y consagradas en Santiago de Compostela como una de las principales y más fecundas citas eclesiales universales. Un joven Antonio María Rouco, entonces arzobispo compostelano, fue el anfitrión de Juan Pablo II desde la mañana del sábado 19 a la tarde del domingo 20 de agosto de 1989.  El éxito de la JMJ fue extraordinario. Que lo diga el Monte del Gozo… «Yo soy el camino, la verdad y la vida» fue el lema de la JMJ y de la peregrinación papal, que se extendió un día en Asturias.

En efecto, Oviedo y Covadonga, con visita privada y tan bellas imágenes a los lagos de Covadonga y Cangas de Onís, completaron la tarde del domingo 20 y el lunes 21 de agosto el tercer viaje de Juan Pablo II a España. «Testigo de fe» fue el lema de esta etapa asturiana y mariana. Díaz Merchán era el arzobispo de Oviedo y el cardenal Ángel Suquía, el presidente de la Conferencia Episcopal.

V Centenario de la Evangelización de América

Sevilla, Dos Hermanas, Huelva, La Rábida, Palos de la Frontera, Moguer, El Rocío y Madrid fueron los destinos del cuarto viaje de Juan Pablo II a nuestro país. Se desarrolló del 13 al 17 de junio de 1993 con el LX Congreso Eucarístico Sevilla 1993, la clausura y acción de gracias por el V Centenario de la Evangelización de América, la consagración de la catedral de la Almudena de Madrid y la canonización del sacerdote Enrique de Ossó y Cervelló, fundador de la Compañía de Santa Teresa y patrono de catequistas, como hilos conductores.

«Jesucristo, luz del mundo» fue el lema del congreso eucarístico y de la visita papal a Sevilla. En Huelva, el lema fue «El Papa, en los lugares colombinos, en el V Centenario de la Evangelización de América, y por una nueva evangelización»; y en Madrid, «El Papa viene a verte».

Juan Pablo visitó por segunda vez la sede de la CEE (la primera vez fue el 31 de octubre de 1982 y esta segunda el 15 de junio de 1993), cuyos presidente y secretario general eran Elías Yanes y José Sánchez, respectivamente.

San Juan Pablo II, en Cuatro Vientos, en mayo de 2003. / CNS. Reuters

La última visita

A finales de 2002, el Santo Padre polaco aceptó con prontitud y gozo la invitación que le realizaba el presidente de la CEE y arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela —el secretario general de la CEE era monseñor Juan José Asenjo— de regresar a España.

«¡Hasta siempre, España! ¡Hasta siempre, tierra de María!» y el añadido «¡Adiós, España!». Así cerraba, en la plaza de Colón de Madrid, su quinto viaje apostólico a nuestra nación.  Sonaba a despedida y despedida fue… 23 meses más tarde, Juan Pablo II, próximo ya a los 85 años, regresaba a la Casa del Padre, tras cerca de 27 apasionantes e inolvidables años. 

¿Y a qué vino, de nuevo? Le trajo su amor a nuestra patria, nacido ya en sus años jóvenes de tesis doctoral sobre san Juan de la Cruz, manifestado en las cuatro visitas precedentes, y su admiración e interpelación de futuro por nuestra historia de santos, de fundadores y de evangelizadores.

Por ello, los dos ejes de aquel viaje fueron un reconocimiento actualizado a esta brillante historia de fe y una apuesta por un relevo generacional fiel a esta historia, que se expresaron, respectivamente, con la Misa de canonización de cinco grandes santos españoles contemporáneos —Pedro Poveda, José María Rubio, Genoveva Torres Morales, Ángela de la Cruz, a quien había beatificado en Sevilla el 5 de noviembre de 1993, y María Maravillas de Jesús— y el memorable encuentro con los jóvenes (casi otra JMJ…) en Cuatro Vientos.

«Seréis mis testigos» fue el lema y las fechas, sábado 3 y domingo 4 de mayo de 2003. Y permítaseme añadir que de aquel inolvidable quinto y último viaje quien esto suscribe fue el responsable para Medios de Comunicación 

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