La Libreria Editrice Vaticana recopila homilías, cartas y discursos de la etapa de Robert Francis Prevost como prior general de la Orden de San Agustín
Hay un momento en todo pontificado recién inaugurado en el que la figura pública del Papa deja de ser la sorpresa de la elección y empieza a construir su propia sintaxis. Con León XIV, ese momento está ocurriendo ahora, cuando se cumple un año de su elección.
A las puertas de su primer viaje apostólico a España (6-12 de junio), un país que para la Iglesia es, a la vez, memoria de la Iglesia, laboratorio de secularización y escenario de nuevas tensiones culturales, aparece un libro que ayuda a comprender al nuevo Pontífice más allá de los gestos y la liturgia cotidiana de las audiencias.
Libres bajo la Gracia, publicado por la Libreria Editrice Vaticana y presentado el pasado 6 de mayo en el Instituto Patrístico Augustinianum, reúne homilías, cartas y discursos del entonces padre Robert Francis Prevost durante sus años como prior general de los agustinos. Más que una antología, es una cartografía preliminar del pontificado, un archivo espiritual e intelectual que ahora adquiere el valor de una clave de lectura.
La coincidencia no parece casual. La España que León XIV está a punto de recorrer es, precisamente, una de las geografías donde las cuestiones que atraviesan el volumen, es decir, secularización, pobreza, migraciones, lenguaje de la fe, crisis de comunidad, se manifiestan con mayor intensidad.
De las páginas recopiladas por los padres Rocco Ronzani, Miguel Ángel Martín Juárez y Michael Di Gregorio emerge un Prevost bastante más complejo de lo que ciertos intentos de etiquetarlo han sugerido en estos meses. Durante la presentación, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, subrayó un aspecto decisivo: el futuro León XIV nunca concibe la verdad como una propiedad. En un tiempo eclesial y global marcado por la polarización, Prevost describe al cristiano como «compañero de camino», no como propietario de la verdad.
La fórmula remite al papa Francisco, pero hunde sus raíces en una sensibilidad profundamente agustiniana, el corazón inquieto, la búsqueda permanente, la fe entendida como movimiento. Ahí reside uno de los rasgos más significativos del libro: León XIV aparece como un Papa de la búsqueda antes que de las definiciones cerradas, un Pontífice que desconfía de las identidades rígidas y las respuestas automáticas.
La cuestión del lenguaje reaparece constantemente en sus reflexiones. Ya en 2002, Robert F. Prevost advertía de que no bastaba con repetir las soluciones del pasado, sino que era necesario hacer inteligible el Evangelio para la cultura contemporánea. La idea cobra especial relevancia ante la España actual, donde el catolicismo enfrenta el desafío de hacerse escuchar en un espacio fragmentado, urbano, digital y posidentitario.
Primera prueba europea
En ese contexto, el viaje puede acabar siendo algo más que una visita pastoral. Puede convertirse en la primera gran prueba europea de un pontificado que quiere mantener unidas tradición y presente, no mediante la ruptura espectacular, sino a través de una persistencia dialogante.
La cuestión social atraviesa el volumen con igual insistencia. El cardenal Pietro Parolin señaló que las palabras «pobres» y «pobreza» aparecen 195 veces. Es un eje teológico de todos sus escritos. Prevost vincula la credibilidad de la Iglesia con la pobreza evangélica, y señala la acumulación de riqueza y la falta de solidaridad como obstáculos para la nueva evangelización. La continuidad con Francisco es evidente, aunque el libro revela también una raíz más profunda, la tradición social agustiniana y una sensibilidad estadounidense moldeada en las periferias latinoamericanas.
En León XIV, la migración no es un asunto sociológico, es una prueba moral y espiritual para las sociedades occidentales.
Es ahí donde Libres bajo la Gracia adquiere plenamente una dimensión política en el sentido más noble del término. No porque proponga programas, sino porque revela la mirada desde la que el nuevo Papa observa el mundo.
A las puertas del viaje a España, el libro parece sugerir precisamente eso: para comprender hacia dónde quiere ir León XIV, primero hay que entender desde dónde mira.








