«Nos gustaría que la visita dejara muchas conversiones y mucha renovación personal y espiritual»
El matrimonio que forman Isabel Miranda y Luis Vela acogerá en su casa a varios peregrinos que viajarán a Madrid para encontrarse con el Papa. Ella, profesora de Filosofía en Secundaria y Bachillerato; y él, trabajador de banca ya jubilado, con tres hijos. Colaboran con su parroquia, son voluntarios habituales de Cáritas y forman parte del Movimiento de Santa María. No es la primera vez que abren sus puertas a peregrinos.
—¿Cómo se vive la fe en familia?
—Luis Vela (LV): Lo vivimos con sencillez. Lo único extraordinario que solíamos hacer, cuando los niños eran pequeños, era leer el Evangelio después de cenar e ir a Misa del domingo. Luego, ellos se han ido integrando; los hemos ido animando a que participen en grupos, pero el Señor elige y ellos solos se han incorporado.
—Isabel Miranda (IM): Lo importante es vivir la fe en comunidad; no estar aislados ni ser pequeñas islas, sino tener un grupo.
—¿Cuándo fue la primera vez que decidieron ser familia de acogida?
—LV: La primera vez que nos lo plantearon fue para la JMJ de 2011. Nos dijeron que hacía falta acoger gente y lo hicimos con quienes nos mandaron. Luego, en un encuentro de Taizé también se pidió alojamiento y les dijimos que vinieran, que nos apañábamos. La gente que viene es muy maja, no hay ningún problema ni incordio. Se nota que en la Iglesia hay fraternidad.
—IM: También teníamos la experiencia de haber estado en Valencia cuando vino Benedicto XVI con la familia. Los niños eran muy pequeños, así que tenemos la experiencia como familia de desplazarnos y de ser acogidos.
—¿Cómo fue para ustedes la última visita de un Papa a España?
—IM: Yo todavía me emociono. El más pequeño, por ejemplo, decía: «Si el Papa viene a vernos a nosotros, ¿cómo no vamos a ir a verlo?». Fue muy positivo, con mucha alegría y entusiasmo. Recuerdo que hacía mucho calor, íbamos andando y la gente tiraba cubos de agua con las mangueras desde los edificios; había una alegría tremenda.
Son días muy intensos, con mucho cansancio, pero queda la relación que se establece con las personas que han estado en nuestra casa; el vínculo está ahí. Con el tiempo se va perdiendo un poco, pero hemos mantenido el contacto; se han ido casando, nos han mandado fotos o algún detalle. Se recuerda con mucho cariño.
—¿Qué opinión les merece el primer año de pontificado de León XIV?
—LV: A mí me gusta mucho que es un hijo de san Agustín. Creo que es complementario al anterior. En sus discursos siempre se nota la cuña de san Agustín, que es un gigante como autor de la Iglesia, igual que lo es san Ignacio. Cuando el Espíritu Santo elige primero a un hijo de san Ignacio y luego a un hijo de san Agustín, algo nos quiere decir: que nos fijemos en estos gigantes que tanto bien han hecho. Es una persona equilibrada en este mundo tan polarizado. Lo que hay que pedir es que los corazones estén dispuestos a acoger lo que nos dice.
—IM: A mí me llama la atención la serenidad que transmite. Últimamente, con los comentarios que le lanzan, él ha respondido con una tranquilidad y una serenidad admirables. Además, el hecho de que hable español es un punto a favor del Papa.
—¿Cómo se están preparando para la visita?
—LV: No hacemos nada fuera de lo ordinario. Estos días estoy leyendo más a san Agustín, también porque explica muy bien el Evangelio de san Juan, que es muy propio de él. Más allá de eso, simplemente le decimos a nuestro párroco que estamos a su disposición para lo que se necesite.
—IM: También estamos siguiendo los viajes que está haciendo. Hemos seguido su periplo por África. En Guinea, su última etapa, estuvo nuestra hija mayor de misión.
—¿Cómo es la Iglesia que se va a encontrar León XIV en Madrid?
—IM: Acogedora, sana, alegre y joven. Y una característica principal: vital, es una Iglesia viva.
—¿Cómo creen que puede marcar o cambiar la vida de Madrid el paso del Papa?
—IM: Me gustaría que dejara muchas conversiones y mucha renovación personal y espiritual de cada uno, así como comunidades renovadas. Creo que serían los mayores frutos que podemos recibir: que nos acerquemos no solamente a la Iglesia, sino al Evangelio con una visión nueva.
En el mundo tan convulso que tenemos, debemos intentar ver a Cristo en el hermano que tenemos más cerca. Busco, sobre todo, la renovación personal y, después, la renovación de grupo, de comunidad y de Iglesia.
—LV: Pedimos y buscamos estar en disposición de recibir lo que va a dar este Papa. En el Evangelio de estos días [la entrevista se hizo a finales de abril] se lee la conversión de san Pablo, que muestra que Dios puede cambiar un corazón en un momento. San Pablo era un hombre que perseguía a los cristianos, pero en el fondo algo en su interior le decía que tenía que buscar la verdad. Si el Papa encuentra eso en quien le escucha, va a cambiar el corazón.








