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León XIV empieza por los últimos de Madrid: «En estas historias continúan las cosas que hizo Jesús»

El Santo Padre ha visitado junto al cardenal arzobispo de Madrid la casa de acogida CEDIA 24 horas de Cáritas, para personas sin hogar y en riesgo de exclusión

El papa León XIV ha desplazado el foco de su agenda oficial en este primer día en España para protagonizar un encuentro en las periferias del protocolo oficial. En una transición que le ha llevado de la pompa del Palacio Real a la urgencia de la calle, el Santo Padre ha visitado el Centro de Información y Recepción CEDIA 24 horas de Cáritas Diocesana de Madrid, un enclave que opera como un nodo de resistencia contra la exclusión social y donde la «pastoral de la cercanía» se ha hecho carne entre los más desfavorecidos.

El Pontífice ha llegado pasadas las 18:00 horas a las instalaciones, a donde llegó acompañado por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, y fue recibido por el director de Cáritas Diocesana de Madrid, Luis Hernández Vozmediano.

En un gesto de profunda horizontalidad, el recorrido por las instalaciones no ha sido guiado por autoridades, sino por los propios residentes. Tras el paso por las habitaciones, el Pontífice se ha dirigido al comedor para compartir algo de tiempo con empleados, voluntarios y otros residentes, dejando su rúbrica en el libro de honor.

También se descubrió una placa conmemorativa de la visita y firmó en el libro de visita, dejando el siguiente mensaje: «Dejaos interpelar por la mirada de quienes necesitan vuestra ayuda y acogedlos con la caridad de Cristo. Con todo afecto pido a Dios que os bendiga».

Al término del recorrido, el Papa salió al patio colindante, perteneciente a la parroquia de Nuestra Señora de la Crucifixión, donde el cardenal Cobo le ha dado la bienvenida: «Si has estado en Madrid, has sido de Madrid». Así, ha recordado que ha entrado en la capital por una puerta singular, «pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia», situando este rincón humilde como un nuevo Belén por donde Dios ha querido entrar de nuevo en el mundo.

Así, ha recordado que esta visita se sitúa en una auténtica encrucijada de barrios de Madrid —Carabanchel, Latina, Aluche, Lucero— que saben a vida sencilla y a una Iglesia encarnada en lo concreto de cada día. Y ha destacado la magnitud de la labor de la archidiócesis, señalando que, solo el pasado año, «Cáritas Diocesana de Madrid acompañó a cerca de 90.000 personas en parroquias y en más de 400 proyectos sociales», una red que se completa con otros 300 proyectos sostenidos por la vida consagrada en la diócesis madrileña.

Por su parte, Luis Hernández Vozmediano, director de Cáritas Madrid, ha agradecido al Papa que «los últimos hayan sido hoy los primeros». Con crudeza y esperanza, ha explicado que por este centro pasan anualmente más de 2.500 personas «atravesadas por las heridas de la calle: descartados, sin papeles, sin oportunidades de trabajo o sin residencia». Hernández ha querido subrayar que, aunque la estancia media es inferior a tres meses, la puerta permanece abierta las 24 horas para reconocer la dignidad que Dios confiere a cada hombre.

Testimonios

Antes de su intervención, el Papa ha escuchado los testimonios más profundos, comenzando por Niurka, abogada cubana de 33 años que llegó aquí sola y embarazada. «En el Hogar Santa Bárbara he encontrado una familia», ha afirmado emocionada, recordando que allí han nacido sus hijos, Ares y Atenea, y allí han recibido el Bautismo. Al entregarle un lazo con los nombres de sus pequeños, ha sentenciado: «Dios bendice a quienes acompañan, porque ahí está la Iglesia: donde más se la necesita».

Khadry, por su parte, llegó desde Senegal en el túnel oscuro de la pandemia en 2020. Ha relatado ante León XIV su proceso de sanación tras sentirse perdido y solo. «He encontrado personas que me han acogido sin preguntarme nada, que me miran con respeto y me hacen sentir que mi vida importa», ha compartido con la voz quebrada. Al entregar al Santo Padre una réplica de su permiso de residencia, ha dejado una frase para la historia del centro: «Cuando una persona es acogida, descubre que nunca ha dejado de tener un lugar en el mundo».

El tercer testimonio ha sido el de Alicia, voluntaria del Proyecto Esperanza de las Adoratrices, quien ha hablado en nombre de los más de 9.500 agentes de Cáritas. Ha definido su labor como un servicio humilde: «Acompañar es para nosotros una forma concreta de anunciar el Evangelio: estar cerca, escuchar, cuidar y reconocer la dignidad sagrada». En un gesto simbólico, le ha entregado unas sandalias, recordando el encuentro de Moisés con Dios, pues, para ellos, el sufriente es siempre «tierra sagrada».

León XIV, tras escuchar estas historias que «ni el mundo entero podría contener si se escribieran una por una», ha tomado la palabra para reafirmar que nadie en esta casa se ha quedado solo. El Papa ha interpretado los dones recibidos —la cinta, el permiso y la sandalia— como mensajes de esperanza y honestidad, asegurando que «en estas historias continúan las cosas que hizo Jesús».

El Pontífice ha iniciado su intervención con una confesión: «Estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid y me he sentido como un madrileño más entre vosotros», ha declarado con sencillez. Para el Papa, el CEDIA no es solo un centro de asistencia técnica, sino el hogar de una «maravillosa familia en la que ocurren milagros de amor», un espacio sagrado donde la alegría y el dolor de cada individuo «son la alegría y el dolor de todos», afrontando juntos los retos sin ignorar la complejidad de la realidad.

Ahondando en la identidad espiritual del proyecto, León XIV ha recordado queCEDIA recorre «el camino del Evangelio siguiendo las huellas de Jesús», quien se ha identificado con cada persona que sufre en su propia carne. Ha hecho una comparación poética con la tradición local, señalando que, más allá de los famosos belenes artísticos que adornan Madrid en Navidad, la verdadera maravilla ha estado en este «belén sencillo y acogedor que habéis preparado día y noche para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral del centro». En este sentido, ha subrayado que quien da limosna no hace una mera beneficencia, sino que recibe una gracia mayor, pues «se ha hecho mirar por los ojos del Señor» al tocar la carne del hermano.

Bajo el lema «Alzad la mirada», el Santo Padre ha hecho una llamada a la urgencia de la caridad, que «no admite demoras». Ha comparado la necesidad de los pobres con el trigo maduro que debe cosecharse para no perderse, consagrando cada encuentro como «un kairós, un momento de gracia único para amar». «El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos», ha recordado, subrayando que la solicitud ante el necesitado es siempre la prueba fundamental de la fe.

En un tono de advertencia evangélica, el Papa ha pedido finalmente «huir de ideologías mundanas» que desprecian el ejercicio de la caridad. Ha alertado sobre el peligro de un «corazón aburrido, frío, que se ha blindado en la indiferencia y se ha vuelto impermeable». Para León XIV, un corazón vivo debe ser cálido y palpitante, pues «los que aman de verdad no se limitan a dar algo; escuchan, dialogan e intentan comprender la situación y sus causas».

Como signo tangible de su paso, el Pontífice ha hecho entrega del icono «Rostro de Cristo del Amor» y ha pedido a los presentes que, al dar limosna, siempre miren a los ojos y toquen la mano del hermano para sentir su carne, pues no se puede olvidar a los pobres sin «salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que ha brotado del Evangelio». Tras una breve parada en la Iglesia de la Crucifixión del Señor —«La Cruci»— para saludar a diversas asociaciones, el Papa ha abandonado el barrio de Lucero. 

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