Los cardenales defienden que la Iglesia está llamada a hablar con autoridad en favor de la dignidad de la persona, la paz, la reconciliación y el bien común. El Papa cierra la primera sesión invitando a la comunión: celebrando los sacramentos y abriendo las iglesias, pero también creando ocasiones de encuentro
Tras la intervención del papa León XIV y del cardenal Re, la meditación del cardenal Ryś y un momento de oración, los cardenales presentes en el Aula Pablo VI, un total de 178, se repartieron en grupos para analizar el primero de los temas: la mirada a la realidad del mundo. Todos los grupos, ha informado la Santa Sede, destacaron, con gran conciencia, el sufrimiento que padecen hombres y mujeres en esta época de profundas transformaciones sociales.
Antes, el moderador de la sesión, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, recogió la petición del Papa a los cardenales para que le apoyen de forma explícita, y aseguró al Pontífice su adhesión con fe, alegría y disponibilidad.
En su trabajo conjunto, los purpurados subrayaron, como principales problemas, las crecientes polarizaciones dentro de las sociedades y las comunidades, generadoras de tensiones políticas y violencia, y alimentadas tanto por las fracturas sociales como por el uso de información falsa. En este sentido, se destacó cómo la polarización dificulta la gobernabilidad y la convivencia, cómo aumenta la violencia como medio de resolución de controversias, lo que desemboca en antagonismos personales, agresividad o, a nivel internacional, en guerras y conflictos.
Minorías y jóvenes
Varios de los grupos pusieron de relieve que muchos lugares del planeta sufren por la falta de respeto hacia las minorías, tanto religiosas como étnicas, lo que pone en crisis la libertad religiosa y desemboca en hostilidad, o incluso en violencia, especialmente contra la Iglesia. Algunos mencionaron también el antisemitismo.
También se hicieron referencias al individualismo exacerbado, a la crisis de la familia y, sobre todo, a la soledad. Problemas que causan males mayores como los suicidios o el consumo de drogas. En esta perspectiva, los jóvenes fueron protagonistas de las deliberaciones por el sentimiento generalizado de desconfianza, fatalismo e impotencia hacia las instituciones, la democracia y el futuro.
Migraciones
También se ha hablado de la necesidad de abordar de manera humana y cristiana el fenómeno migratorio, que cambia el rostro de los pueblos, las sociedades y las comunidades, lo que hace urgente la necesidad de políticas reales de integración, mientras surgen nuevas formas de exclusión; y se ha mencionado la crisis ecológica, así como la corrupción y el sufrimiento de la vida en las grandes ciudades.
Ante estos escenarios, ante el sufrimiento descrito a tantos niveles, todos los grupos han destacado la necesidad de que la Iglesia se muestre como madre, como un lugar acogedor —incluso mediante la reestructuración de las parroquias—, capaz de reconocer sus propios errores y de convertir el sufrimiento en un momento de crecimiento, de recordar al mundo que somos una familia humana.
En este contexto también ha surgido una fuerte conciencia de la responsabilidad confiada a la Iglesia en el momento histórico actual. Numerosos grupos han señalado que, mientras muchas instituciones atraviesan una crisis de credibilidad, la Iglesia se siente llamada a hablar con autoridad en favor de la dignidad de la persona, la paz, la reconciliación y el bien común.
Y lo puede hacer, sostuvieron los cardenales, porque es experta en relaciones auténticas y mira al mundo con compasión. «Ve a jóvenes con una sed creciente del Evangelio, con quienes construir un mundo mejor a través de la cercanía; ve cómo la sinodalidad es un camino providencial para que la Iglesia y la humanidad encuentren las respuestas que el mundo busca; cómo la caridad y la promoción de la solidaridad son un testimonio auténtico de hombres y mujeres laicos generosos; cómo los migrantes pueden ser una bendición para las comunidades que los acogen; trabaja por la paz y la participación de todos en las comunidades de fe», recoge la síntesis enviada por la Sala de Prensa de la Santa Sede.
En este sentido, también se mencionó el valor del testimonio de la Iglesia cuando es minoría, un pequeño rebaño entre tantos pueblos del mundo. Varios grupos destacaron la importancia de la educación, como lugar donde reconstruir el bien común, y el crecimiento de las vocaciones, y describieron la devoción popular y la fiesta de la fe del Pueblo de Dios como signos de esperanza.
Referencias al viaje del Papa a España
Se afirmó los esfuerzos ecuménicos y de diálogo interreligioso como signo del rechazo de la violencia y del papel de la oración en el apoyo a la paz. También hubo referencias para el viaje del Papa a España y sus palabras en nuestro país, «voz leal y libre estos tiempos».
El papa León XVI permaneció en el aula hasta el inicio de los trabajos en grupo, cuando se retiró. Regresó antes de que se reanudara la sesión plenaria. Al término de las ponencias de los grupos, intervino brevemente para dar las gracias a los presentes y subrayar una vez más el valor de la participación y el diálogo. Citó la meditación del cardenal Ryś, la imagen del hombre víctima, casi muerto: «Si no estamos ciegos, es cierto que hay mucho sufrimiento». La soledad y el sufrimiento, decía el Papa, son el resultado de esta sociedad, un desafío al que la Iglesia responde invitando a todos a la comunión, no solo abriendo las iglesias y celebrando los sacramentos, sino creando ocasiones y experiencias de encuentro.






