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León XIV pide a los cardenales su apoyo «firme, explícito y público»

En el discurso de apertura del consistorio extraordinario, el Pontífice ha recordado que la misión no es una de las muchas tareas de la Iglesia, sino su razón de ser

«Quisiera pedirles una ayuda especial. El ministerio que el Señor me ha encomendado no puedo llevarlo a cabo solo. Requiere de su experiencia, su sabiduría pastoral, su conocimiento de las Iglesias y los pueblos que les han sido confiados. Cuento con ustedes para que me ayuden a discernir lo que el Espíritu está diciendo a la Iglesia hoy. Necesito su apoyo: firme, explícito y público. Necesito sentirme apoyado por ustedes como por hermanos».

Con esta apelación directa a los cardenales, el papa León XIV ha abierto este viernes el segundo consistorio extraordinario de su pontificado, tras el celebrado en enero, una reunión que el Pontífice quiere que se convierta en periódica, precisamente para que le ayuden en el gobierno de la Iglesia. «Les pido que me acompañen no solo en estos días de trabajo, sino también en mi servicio diario a la comunión de la Iglesia universal», les ha dicho.

En esta ocasión, los purpurados ayudarán al Pontífice a analizar la realidad del mundo en el que la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio, la cultura de la potencia y la civilización del amor —con protagonismo de la encíclica Magnifica humanitas—, la construcción del bien común y la sinodalidad.

Así, los cardenales tendrán que responder a preguntas sobre cuáles son las tensiones y sufrimientos que afectan con mayor fuerza a la sociedad y a la Iglesia, y qué signos de esperanza puede mostrar la Iglesia en estos momentos. O cómo puede ayudar a la reconciliación, la convivencia y la paz.

También tendrá que compartir las fracturas que impiden la construcción del bien común en cada uno de sus territorios, cuáles son las grandes preguntas que la Iglesia está llamada a escuchar o qué proyecto debe poner en práctica para ayudar de forma eficaz al bien común.

Tras una meditación o introducción al inicio de cada sesión, en función de cada caso, se dará paso al trabajo conjunto. Para ello se han creado 20 grupos que, a su vez, se dividen en dos secciones: la primera, integrada por nueve grupos en los que se encuentran cardenales electores ordinarios; y la segunda, formada por 11 grupos en los que están los cardenales electores de la Curia Romana y los cardenales no electores.

Cuatro sesiones

Durante su intervención, León XIV se ha detenido en cada uno de los temas de las cuatro sesiones. «Antes de preguntarnos qué hacer, necesitamos detenernos ante la realidad, mirándola con los ojos de la fe y dejándonos interpelar escuchando a nuestros hermanos y hermanas», dijo sobre la primera.

Sobre la segunda y la tercera, vinculadas a la encíclica Magnifica humanitas, ha dicho que le interesa, sobre todo, cómo resuena en las Iglesias locales, qué preguntas se plantean, qué preguntas se abren y qué pasos se sugieren. «Una encíclica continúa su camino cuando es acogida, interpretada y encarnada en la vida concreta de las Iglesias», ha señalado.

De sinoalidad, tema de la cuarta sesión, ha subrayado que es el camino para responder a las heridas del mundo, la construcción del bien común y la misión de la Iglesia. Un camino que pasa por escuchar, discernir y asumir conjuntamente la responsabilidad de las decisiones que el Señor nos confía.

«La sinodalidad no es principalmente un conjunto de procedimientos; es una actitud, una apertura, una voluntad de comprender», ha recalcado. Y ha aclarado que, lejos de ser una disminución de la autoridad, ayuda a comprenderla más profundamente.

Y ha concluido: «Todos los temas que abordaremos convergen en una sola pregunta: ¿cómo podemos ayudar a nuestras Iglesias hoy a proclamar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad? La misión no es solo una de las muchas tareas de la Iglesia. Es su razón de ser».

Misa en San Pedro: «La guerra nunca será bendecida por Dios»

Antes de la apertura de los trabajos, el Pontífice ha presidido una Eucaristía en la basílica de San Pedro, en la que ha ofrecido, al hilo de la Palabra de Dios proclamada, tres criterios de discernimiento para estos días.

En primer lugar, ha hecho una invitación a compartir en la fe la verdadera libertad. «La Iglesia viva es la Iglesia que cree, por el don del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones: esta es la Iglesia que da mucho fruto. Así como la gracia divina precede a la libertad humana, también la fe de la Iglesia precede a la nuestra y exige que demos testimonio de ella con entusiasmo», ha explicado.

Seguidamente, como segundo criterio, se ha referido al don de la paz en la unidad. Ha dicho el Papa que cuando se hiere este signo, todos sufrimos las consecuencias y nos sentimos desgarrados, y, por eso, «la guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales».

En este sentido, ha dicho que el testimonio cristiano, el que promueve la civilización del amor, que introdujo san Pablo VI, es profecía de un mundo nuevo, evangelización y servicio, proyecto cultural y social que promueve el desarrollo humano.

Finalmente, en tercer lugar, ha señalado la concordia en la obediencia. En este sentido, ha dicho que la puesta en práctica del Sínodo «invita a todos a avanzar en la unidad de la fe, en la promoción de la paz y en la obediencia a la Palabra viva, que es Jesús».

«Cuando se marchitan las ideologías del mundo, el Espíritu Santo hace florecer en la Iglesia la comprensión fraterna, la caridad y el impulso misionero», ha concluido.

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