La Fraternidad Sacerdotal San Pío X mantiene la ordenación de obispos sin el consentimiento de Roma, que conllevaría la excomunión, prevista para mañana, 1 de julio
El papa León XIV ha enviado un último mensaje al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), antes de que mañana se produzcan las ordenaciones de obispos sin consentimiento del Vaticano y, por tanto, un acto cismático que conlleva la excomunión. «Con ánimo paterno deseo dirigirme a usted y, por su medio, a los obispos, a los sacerdotes, a los seminaristas y a los fieles vinculados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, consciente de la responsabilidad que el Señor me ha confiado como Sucesor del Apóstol Pedro», comienza el Pontífice su escrito, fechado en la Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo.
«La Iglesia reconoce la adhesión a la vida litúrgica, el compromiso en la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades afines a esa Fraternidad», reconoce, cuestiones que han «motivado una actitud de atención y benevolencia que mis Predecesores les han manifestado constantemente».
Por ello, «lleno de afecto cristiano», León XIV les «ruego y les pido con todo el corazón: ¡Den marcha atrás!». El Santo Padre exhorta a la FSSPX a que «consideren atentamente el bien espiritual de los fieles», porque el acto cismático que tienen previsto llevar a cabo «los privaría de la recepción lícita y, en algunos casos, incluso válida de los sacramentos que ellos aman y buscan para la propia santificación».
Por parte de Roma no van a faltar esfuerzos, pues «la Iglesia está dispuesta a un camino de diálogo y entendimiento que el Espíritu Santo puede hacer posible y fecundo». El Pontífice se despide asegurando sus ruegos por los lefebvrianos, «porque desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad», y pide al Señor que «ilumine sus conciencias y mueva sus corazones».
Por último, concluye con «la autoridad recibida de Cristo, con el alma afligida, pero aún llena de esperanza, tengo el deber de pedirles que desistan de su intento y confío estas plegarias al Corazón Inmaculado de María, Madre del Buen Consejo».








