«Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro» (León XIV)
Me detengo aquí para evocar a «los grandes» autores y personajes citados por León XIV en sus discursos y comentarios espontáneos en su viaje apostólico a España. A todos los españoles nos ha tocado el corazón escuchar esos nombres; hemos sentido un verdadero orgullo de ser católicos, de rezar y pensar en español y de formar parte de esa tradición hispánica con vocación universal.
En el Palacio Real, resonaron los nombres de Juan de la Cruz, Teresa de Ávila e Ignacio de Loyola, citando expresamente Noche oscura 3 y 5, Castillo Interior, y haciendo memoria de la Autobiografía del maestro del discernimiento. En la vigilia de oración con los jóvenes, el primer grande evocado —no podía ser de otro modo— fue san Agustín y seguidamente san Juan Crisóstomo, santo Tomás de Villanueva, santo Toribio de Mogrovejo. Dijo León XIV: «Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo, si ellos fueron capaces ¿por qué yo no? De cada uno expresó un calificativo: «Boca de oro», «obispo de los pobres» o «modelo de entrega al pueblo». Al finalizar la homilía en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, ante una multitud incontable, antes de la procesión con la custodia, citó el Papa a san Manuel González, «el obispo de los sagrarios abandonados» y volvió con los versos poéticos de san Juan de la Cruz… «Qué bien sé yo la fonte..». Y de nuevo en el Movistar Arena, volvería a citar a Lope de Vega, santa Teresa y san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o a Tomás de Aquino. No usó ambages para citar a la Escuela de Salamanca a la hora de «hablar de la persona humana» y entender, como hace 500 años, que «el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder». Con nombre propio citó a Francisco de Vitoria. Las autoridades citadas en el discurso a los obispos españoles fueron fray Hernando de Talavera, el alfaquí santo, y santo Toribio de Mogrovejo, «modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial». No podía faltar en los labios del Papa, ante los obispos españoles, una evocación del Doctor de la Iglesia y patrono del clero español, san Juan de Ávila; inspirado en su figura ofreció una descripción esencial del «simple sacerdote» y concluyó con una oración tomada del Sermón 57,20. En el estadio Santiago Bernabéu se deslizó de nuevo un verso del Nada te turbe de Teresa de Jesús.
Ya en Barcelona, y en la primera homilía después de la lectura breve en el rezo de la Hora Intermedia en la Catedral, volvió a citar a san Agustín, concretamente el Sermón 280,6. En el singular encuentro del Centro Penitenciario Brians 1, volvió a recordarlo con estas palabras: «Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello». En la Abadía de Montserrat, durante el rezo del santo rosario, se refirió de nuevo al fundador de la Compañía de Jesús, «efectivamente, ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo”. De nuevo, en Barcelona en la iglesia parroquial de San Agustín, declaró con el santo de Hipona, «ser cristianos es, ante todo, un regalo, una gracia».
En las Islas Canarias, ya en Las Palmas como en Tenerife, también se evocaron algunos grandes de la tradición cristiana. Así se expresó, en el encuentro con las realidades de acogida de los migrantes: «Que el Dios que “en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor” (cf. san Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera». Otra cita de san Agustín fue incluida en el discurso de la catedral de Las Palmas: «San Agustín decía: “Donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad”». (Sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos, Prólogo). En esa intervención aludió a santa Margarita María de Alacoque, en la solemnidad del Sagrado Corazón. En tierras nivarienses evocó a los santos locales, misioneros universales, santo Hermano Pedro y san José de Anchieta. El padre Anchieta, misionero jesuita en Brasil, lingüista, literato, médico, arquitecto, ingeniero, humanista y poeta.
Agradezco el encargo de estos años al frente de la Biblioteca de Autores Cristianos, porque, repasando el elenco de los grandes citados por el Papa, casi todos ellos tienen un hueco en la BAC. Inmensa gratitud e inmensa responsabilidad. Es momento de volver a los clásicos, a los místicos, a Teresa y a Juan de la Cruz, al padre Ignacio, a sus Ejercicios y a su autobiografía, a las obras completas de los obispos santos como Tomás de Villanueva o a una buena biografía pastoral de Toribio de Mogrovejo, siempre es momento para repasar las obras de san Juan de Ávila. Y en estos tiempos, de tanta frivolidad ante la vida y ante los pobres, es tiempo de nutrirse de la Escuela de Salamanca y de Francisco de Vitoria. Y quién no ha vuelto este último año a releer a san Agustín de Hipona. Este Papa nos ha cautivado y nos ha llevado de nuevo a beber del propio pozo. ¡Muchas gracias, Santo Padre!








