“Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David” (Mt 15,22)
- El evangelio recoge la súplica de una mujer extranjera y tal vez pagana. ¿Somos conscientes de los sufrimientos que afectan hoy a tantos hombres y mujeres?
- Esta mujer cananea sabe pedir compasión ¿Hemos aprendido a ver que los considerados como paganos pueden tener un profundo sentido religioso?
- La mujer cananea invoca a Jesús como Señor. ¿Reconocemos con humildad su señorío sobre nuestras vidas y sobre nuestras decisiones concretas?
- ¿Proclamamos nosotros y aceptamos el señorío de Jesucristo sobre los poderes de este mundo y sobre las estructuras que hemos creado en nuestra sociedad?
- La mujer cananea invoca a Jesús como “Hijo de David”. ¿Recocemos las “semillas del Verbo” que pueden encontrarse en las culturas y religiones no cristianas?
- Seguramente conocemos personas que tienen dificultades para aceptar la fe. ¿No tendremos que ayudarles a descubrir confiadamente la misericordia de Dios?
- ¿Y yo, me reconozco como un discípulo de Jesús, dispuesto a acercar hasta él a las personas que lo buscan implorando su compasión?





