El Pontífice ha celebrado la Eucaristía en la víspera de la Natividad de la Virgen. En el templo, fue descubierto un retrato suyo, que se suma al de otros pontífices
El Papa León XIV ha regresado este lunes al santuario de la Madre del Buen Consejo de Genazzano para presidir la Misa de la Natividad de la Virgen, en la víspera de la fiesta.
El Pontífice ha abierto la homilía con el recuerdo de su primera visita, en mayo de 2025, nada más se elegido Papa: la Virgen del Buen Consejo, escribió entonces en el libro de firmas, «durante toda la vida me ha acompañado con su presencia materna, con su sabiduría y el ejemplo de su amor al Hijo». Ahora ha vuelto para confiar a María Niña «lo que en esta pobre y magnífica humanidad todavía nace: frágil como un brote, pero signo de la fidelidad de Dios».
Para releer las lecturas del día se ha apoyado en santo Tomás de Villanueva, y de él ha tomado una pregunta incómoda: por qué los evangelistas callaron sobre la vida de María. «Oh, evangelistas, a vosotros me dirijo: ¿por qué nos habéis privado de una alegría tan grande con vuestro silencio?», ha recordado, citando al santo agustino. De ese silencio ha sacado una lección, la de «interrogar a la Escritura y dialogar con los testigos de la Revelación, como con amigos».
El Papa ha insistido en el contraste entre los títulos y la sencillez del hecho. «Celebramos el nacimiento de una niña llamada a ser la madre de su Creador. Y, sin embargo, nace sencillamente una niña, como las hijas y las nietas que tenemos en brazos», ha dicho. «Hoy tenemos para ella títulos nobles y altísimos, de Señora y Reina, pero el camino de Dios ha sido y sigue siendo más sencillo y silencioso, y no por ello menos potente y transformador».
«Deja correr la fantasía, ensancha los confines de la comprensión y pinta en lo profundo de tu alma» la figura de la Virgen, porque «el Espíritu Santo no la ha descrito por escrito, sino que ha esperado que tú la pintaras interiormente». No se trata de fantasía, ha precisado el Papa, «sino de profecía. La necesitamos, en tiempos de destrucción y de incertidumbre, para ver la obra de Dios y servirla».
León XIV ha pedido por último a los fieles «imaginar la paz» para «reconocer que ya existe, para acogerla y servirla». «Dejemos crecer la paz en nosotros. Germinará en el mundo», ha concluido. «Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión».






