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León XIV denuncia en la UNESCO que se llame «inteligencia» a las máquinas mientras se descarta a las personas

El Pontífice comienza su visita a Francia. Pasará cuatro días en el país, con etapas en París, Lourdes y Metz

León XIV ha aterrizado este viernes en el aeropuerto de Orly, donde le ha recibido el presidente Emmanuel Macron. Así comienza una visita de cuatro días bajo el lema «Para que el mundo tenga vida». Es la primera visita de Estado de un papa a Francia desde el viaje de Benedicto XVI en 2008. La jornada de hoy transcurre en París, con un discurso ante las autoridades en el Elíseo, una intervención en la UNESCO, las vísperas en Notre-Dame y, por la noche, una vigilia con 80.000 jóvenes en el Estadio de Francia. Será la primera liturgia de un papa en la catedral desde el incendio de 2019.

En la UNESCO, «¿qué significa ser humano?»

Del Elíseo, León XIV se ha trasladado a la sede de la UNESCO. Allí ha renovado ante los representantes de los Estados miembros el compromiso de colaboración de la Santa Sede con el organismo, en el que está presente desde 1952 y cuyo 75 aniversario se celebrará en 2027. El Papa ha planteado a la asamblea «una pregunta fundamental que nos interpela con urgencia», la de qué significa ser humano. «Incluso en el siglo XXI, no podemos dar por sentado que sabemos quién es la persona humana o qué significa vivir como ser humano», ha advertido.

Su respuesta ha partido del nacimiento. «Ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo», ha explicado. El Papa ha alertado de que, cuando se olvida este origen común, la vida «ya no se entiende como un don, sino como un producto». Ha señalado además una paradoja de nuestro tiempo. «Mientras se atribuye “inteligencia” a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas», ha lamentado. Frente a ello, ha recordado que «nuestra dignidad no se ve destruida por la enfermedad ni por el sufrimiento, ni depende de nuestras capacidades».

León XIV ha afirmado que «la más terrible de las “obras humanas” es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar». Para ilustrar los riesgos del momento actual ha recurrido a la imagen bíblica de la Torre de Babel. «Hoy, la tentación de Babel reaparece en una globalización perseguida sin fraternidad, en formas rapaces de neocolonialismo, en imposiciones ideológicas», ha denunciado, frente a la unidad en la diversidad de Pentecostés. También ha pedido a la comunidad internacional una atención especial a los niños y jóvenes, porque «en la era digital, su vulnerabilidad nunca debe convertirse en una oportunidad para la explotación».

El Papa ha propuesto medir el compromiso de todos por el cuidado que se presta a los más frágiles, desde los niños en el vientre de sus madres o en escenarios de guerra hasta las personas con discapacidad, los mayores, los migrantes y los refugiados. «Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana», ha subrayado. Ante la crisis de eficacia que atraviesan las instituciones internacionales, ha reclamado la confianza, «una virtud tan escasa como deseada», porque «el diálogo sincero puede generar un bien mayor que aquel que cada uno podría obtener por sí solo».

OSV News photo/Remo Casilli, pool via Reuters

En defensa de la vida y de una «justa laicidad»

Ya en el Palacio del Elíseo, León XIV ha pronunciado su primer discurso ante el presidente Emmanuel Macron, las autoridades y el cuerpo diplomático. El Papa ha recordado las raíces cristianas de Francia y su aportación a los derechos humanos, y ha advertido de los riesgos del progreso técnico cuando se aleja del bien. Ha vuelto sobre el tema de su primera encíclica, la inteligencia artificial, para insistir en que «es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno».

El Pontífice ha elogiado la labor caritativa de la Iglesia en Francia, desde san Vicente de Paúl hasta hoy, y ha alertado de «la tentación de esperar que la ciencia nos brinde una solución y un consuelo para todos nuestros sufrimientos». «Cuando la ciencia y la tecnología no están guiadas por la conciencia, pueden proponer soluciones inmediatas que parecerían responder a los deseos y sufrimientos de los hombres y mujeres, pero que, en realidad, consiguen desviarlos gravemente del bien al que aspiran profundamente», ha señalado. El Papa ha constatado «con preocupación ciertas derivas de las sociedades actuales que corren el riesgo de convertir la ciencia y la tecnología en empresas lucrativas que favorezcan las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada». Y ha recordado que «el respeto mutuo y la protección de la vida de toda persona humana constituyen una responsabilidad de cada uno y de todos».

León XIV también ha defendido el lugar de los creyentes en la vida pública de un país marcado por la laicidad. «El cristiano que participa en la vida pública y actúa según la luz de su conciencia iluminada por la fe no puede ser considerado un proselitista ni una amenaza para la unidad de la patria», ha afirmado. Para el Papa, «una justa laicidad no consiste en excluir a la religión del espacio público o de la educación, sino en trabajar para que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen entre sí y unan sus fuerzas al servicio de lo verdadero, lo bueno y lo bello».

La última parte del discurso ha estado dedicada a la paz. Tras recordar a quienes «padecen el flagelo de la guerra», el Papa ha asegurado que «no podemos permanecer indiferentes ante tales sufrimientos que hieren la dignidad humana y claman justicia ante Dios». Ha exhortado a los dirigentes «a no resignarse nunca ante la perspectiva de una guerra considerándola “inevitable”, sino a promover sin descanso el diálogo y la diplomacia». Y ha subrayado que «Francia tiene la vocación de seguir siendo un incansable artífice de la paz y del multilateralismo, especialmente en el seno de nuestra querida Europa».

OSV News photo/Benoit Tessier, pool via Reuters

Ceuta, «una crisis humanitaria»

Antes incluso de pisar suelo francés, León XIV ha tenido presente a Ceuta. En el vuelo a París se ha detenido con los periodistas españoles que viajan en el avión papal y les ha asegurado que ha seguido «desde el primer día» la crisis migratoria que vivió la ciudad a finales de julio. El Papa no ha esquivado la gravedad de lo sucedido. «Ha sido verdaderamente una crisis humanitaria», ha afirmado.

El Pontífice ha pedido además atender a su origen. «Es una crisis que tiene detrás causas de distinto tipo. Hay que entender cómo responder para evitar este tipo de emergencias», ha señalado. En su conversación con los periodistas ha explicado también que viaja a Francia «como seguidor de Jesucristo para anunciar la paz». Se ha referido a la inteligencia artificial, un ámbito en el que la comisión vaticana sigue «en contacto con muchos de los líderes» del sector. Y ha recibido como regalo una cruz hecha con madera de los incendios forestales de España, ante la que ha recordado que «debemos tener responsabilidad y cuidado de la casa común».

OSV News photo/Gregorio Borgia, Reuters

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