La especialista analiza para ECCLESIA los retos centrales de la pastoral familiar, la necesidad de conectar de forma genuina con los jóvenes, la superación del emotivismo y la importancia de acompañar cada etapa de las relaciones afectivas
María Álvarez de las Asturias es juez en el Tribunal Eclesiástico de Madrid, responsable de un despacho de acompañamiento familiar y autora de diversas publicaciones sobre noviazgo, matrimonio y nulidad matrimonial. A través de esta serie de reflexiones, la especialista analiza para ECCLESIA los retos centrales de la pastoral familiar, la necesidad de conectar de forma genuina con los jóvenes, la superación del emotivismo y la importancia de acompañar cada etapa de las relaciones afectivas.
—¿Cuál diría que es el criterio general a la hora de evaluar y renovar el trabajo en la pastoral familiar?
—Lo principal en este caso es aplicar el sentido común, que no es tan fácil: revisar qué es lo que ha funcionado para seguir aplicándolo y cambiar aquello que no ha dado resultado.
—En la actualidad, ¿qué signos de esperanza, desafíos y puntos críticos observa en los jóvenes respecto al amor y la familia?
—Como signo de esperanza, destaca que los jóvenes tienen innumerables preguntas e inquietudes sobre el amor, las relaciones y el matrimonio. El desafío radica en ofrecerles respuestas verdaderas que den sentido a sus búsquedas, ya que no se conforman con parches ni respuestas a medias. Entre los puntos críticos, se señala un acusado emotivismo: el criterio de verdad se ha desplazado a «si yo lo siento», lo que genera caos e inseguridad al ser las emociones y sentimientos volátiles, llevando a los jóvenes a desconfiar de su propia capacidad de amar. Al no hablarles del papel de la razón y la voluntad junto a las emociones, quedan inmersos en esa confusión. Además, existe una brecha en la comunicación: se va con retraso, se emplean materiales anticuados y no se utiliza el lenguaje ni el nivel técnico al que están acostumbrados .
—Frente a las dudas o críticas hacia la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, ¿cuál debería ser la estrategia de comunicación?
—En lugar de actuar a la defensiva o ir «apagando fuegos», la Iglesia debe realizar un planteamiento propositivo sobre la belleza del plan de Dios para el amor humano. A partir de esa belleza, se facilita el encuentro con el amor de Dios y se proporcionan las bases para que las personas puedan construir sus relaciones sobre roca.
—¿Qué itinerarios o programas pedagógicos resultan más adecuados para acompañar a adolescentes y jóvenes?
—Lo más oportuno es implementar un buen itinerario de formación afectivo-sexual en la adolescencia y, a partir de ahí, poner en práctica los itinerarios catecumenales para la vida matrimonial del papa Francisco, los cuales aportan orientaciones muy prácticas para cada etapa de la relación.
—¿De qué manera se puede sostener y acompañar a los matrimonios durante sus primeros años juntos?
—Ayuda enormemente contar con un grupo de matrimonios de edad y etapa vital semejantes, para compartir vivencias y preocupaciones. Asimismo, resulta fundamental facilitar el acceso al consejo profesional en cuanto surjan dudas o dificultades, evitando que los problemas se acumulen sin saber a quién acudir.
—¿Cómo cree que deben acoger las comunidades cristianas a quienes han atravesado procesos de separación, divorcio o nulidad?
—Es sumamente importante conocer con claridad las diferencias entre separación, divorcio y declaración de nulidad matrimonial. Por otro lado, resulta imprescindible evitar los juicios morales por apariencias cuando se ve una situación que descoloca, ya que habitualmente se desconoce la realidad de cada caso y sus consecuencias morales.
—Para concluir, ¿en qué proyecto o ámbito de acompañamiento se encuentra enfocada actualmente?
—Actualmente, trabajo en el acompañamiento a parejas que están empezando a salir y conocerse —mucho antes de un curso de preparación al matrimonio— con el objetivo de ayudarlas a realizar un buen discernimiento desde el inicio de su relación.






