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Pedro Miguel García Fraile: «La BAC es un servicio eclesial, puente en el diálogo con la cultura»


El nuevo director de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) afronta el encargo de los obispos con la responsabilidad de estar al frente de una editorial que «forma parte del patrimonio de la Iglesia en España»

Pedro Miguel García Fraile (Linares, Jaén, 1963) comenzó el pasado 1 de septiembre su andadura como director de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), un encargo de los obispos españoles que asume con un bagaje de 30 años en el sector editorial, que incluye importantes responsabilidades en editoriales como San Pablo o PPC. Experiencia que completa con una formación sólida; no en vano es doctor en Teología Dogmática y licenciado en Derecho Canónico. Pocos días después de llegar al edificio Sedes Sapientiae, casa del Servicio de Publicaciones de la Conferencia Episcopal Española, donde está integrada la BAC, atiende a ECCLESIA.

—¿Cómo afronta este nuevo reto profesional y eclesial?
—En esta encrucijada religiosa y cultural, recibo este encargo con cierto sobrecogimiento. Primero, por la responsabilidad que supone asumir esta misión al frente de una editorial que forma parte del patrimonio cultural de la Iglesia en España, sin olvidar su proyección latinoamericana. Una editorial con casi 90 años de historia que ha acompañado a varias generaciones de sacerdotes, religiosos y laicos en su formación y ha contribuido al fomento de la cultura cristiana en épocas de aridez o de contradicción. Y, en segundo lugar, por el honor que conlleva, en esta última etapa de mi vida profesional, dedicarme en cuerpo y alma a un proyecto tan privilegiado en el panorama editorial y religioso español. Intento vivirlo como un servicio eclesial, confiando poder estar a la altura, pues solo el repasar la estela de directores que me han precedido, tanto laicos como sacerdotes, es ya una llamada exigente a la responsabilidad. 

—¿Qué cree que puede aportar usted a la BAC?
—Me presento modestamente como «un becario con muchos cuatrienios». Vengo a una casa con un equipo profesional consolidado y con mucha experiencia. No se trata de inventar nada. Como en aquella parábola del Evangelio, recibo un tesoro que no se puede enterrar en un hoyo bajo tierra, sino cuidar con mimo y hacerlo crecer. Hago mías las palabras de un veterano en este sector que decía que «un editor es alguien que acierta algunas veces porque se equivoca muchas más y sabe vivir con el fracaso y el éxito sin dejar de leer cosas nuevas». Son ya varias décadas las que llevo metido en estas batallas del mercado editorial religioso español. He visto de todo: nacer y morir proyectos editoriales, cerrar librerías, momentos estelares, pero también crisis en el sector, que es especialmente vulnerable a las crisis y tensiones que en general padece nuestra sociedad. No me refiero solo a las crisis económicas —como la de 2009 o la pandemia—, sino a crisis culturales y, las más preocupantes, crisis de índole social y moral. Más allá de mi formación en Teología o en Derecho Canónico, creo que los años vividos en grandes editoriales te convierten en un viejo artesano del libro al que ya no le asustan los vientos contrarios ni las noches sin pesca. Cuántas veces, al levantarte por la mañana o comenzar un nuevo curso, tienes que decirle al Señor aquello de «por tu palabra echaré las redes…».


Me presento como un becario con muchos cuatrienos. Vengo a una casa con un equipo consolidado y con mucha experiencia.

—¿Qué es lo primero que se le viene a la mente cuando escucha Biblioteca de Autores Cristianos?
—Excelencia editorial, rigor teológico, servicio eclesial, diálogo cultural. Muchas personas, ajenas al mundo religioso, reconocen la BAC por sus cuidadas ediciones que hacen de sus libros no solo herramientas culturales, sino objetos de culto por la artesanía que envuelve sus volúmenes. Esto se puede decir tanto de los tomos encuadernados en tela como de las ediciones de bolsillo más sencillas. Sus colecciones son reconocidas por varias generaciones: ¿a quién no le suena la BAC Maior, Minor, Popular…? Son las marcas que se identifican claramente en las estanterías de universidades, seminarios, librerías o bibliotecas particulares. Pero la calidad y excelencia no están solo en el envoltorio, sino en el rigor y seriedad teológica. Tener en el catálogo la Suma Teológica de santo Tomás, las obras completasde san Agustín, manuales docentes de Teología o Filosofía, la historia de las diócesis de España y tantas otras obras monumentales son un reflejo del lugar que ocupa la BAC en el panorama bibliográfico europeo y latinoamericano. No quiero dejar de decir que es un servicio eclesial y somos puente en el diálogo con la cultura de nuestro tiempo. 

—Dígame tres obras de la BAC que le hayan marcado. 
—Como a toda mi generación, los que fuimos niños en los años 60 y 70, no cabe duda de que la primera lectura directa de la Palabra de Dios la hicimos en la versión de la Sagrada Biblia de Nácar-Colunga. Era el texto que utilizábamos en la escuela y en la parroquia, así como para el uso personal. Aún conservo mi ejemplar. Otro libro que me ha acompañado en todos mis viajes y traslados son las obras completas de santa Teresa de Jesús, edición especialmente cuidada y manejable la de la BAC. Quizás por mi afición a la santa abulense. Y por mencionar el último libro leído este verano: La teología del siglo XX, sobre 11 grandes figuras del pensamiento teológico del siglo pasado. A partir de estos tres, podríamos hacer una lista interminable.

—¿Dónde están hoy los autores cristianos? ¿Y cuál es el papel de la BAC con ellos?
—Don José Luis Gutiérrez, el gran director de la BAC de 1975 a 1990, cuenta en sus Apuntes para una historia de la Biblioteca de Autores Cristianos que la BAC nació con la pretensión de crear una colección o biblioteca de 100 autores cristianos, que de otra manera no hubieran sido accesibles al clero y al laicado de mediados del siglo XX. El éxito de la propuesta hizo que los 100 títulos se convirtieran en varios cientos de autores. Los fundadores de la BAC, discípulos de don Ángel Herrera Oria, acuñaron aquel sencillo lema publicitario de la BAC: «El pan de la cultura cristiana», que sigue teniendo vigencia y eficacia en nuestros días. Aquellos pioneros de la BAC supieron encontrar y publicar los autores del momento, a nosotros nos toca conectar con esos autores cristianos que tienen su hueco en la editorial. Frente a lo efímero, frente a la tiranía de las novedades, la BAC ofrece perpetuar en el tiempo proyectos editoriales que sobrevivan por varias generaciones. Eso es fácil con las obras clásicas, con las ediciones de la Biblia o con los manuales de historia, pero el reto es que una novedad pueda pervivir en el catálogo una década o varias décadas. Ese es el secreto del éxito. 

—¿Cuáles son los principales proyectos para los próximos años?
—Es demasiado pronto para tener definido un plan editorial para los próximos años. Sería pretencioso por mi parte. Estoy recién llegado y me contento con reactivar, después del verano, los proyectos en curso y las urgencias, que son muchas. Está claro que hay líneas fuertes que se deben acelerar, como son las obras completas de Joseph Ratzinger, la colección de comentarios del Concilio Vaticano II, la valiosa colección de Comprender la Palabra, por mencionar lo que está ahora sobre mi mesa. Aparte de las novedades mensuales, otra tarea que está bajo mi responsabilidad es mantener vivas y disponibles las principales obras del fondo editorial y que, sorprendentemente, se siguen reimprimiendo año tras año.

—Habla del fondo editorial. ¿Cómo ponerlo en valor?
—Dándolo a conocer y procurando que esté disponible a la venta en el catálogo. Volviendo a lo de la sostenibilidad, la salud económica de una editorial se mide por el peso que tiene en la venta el fondo editorial versus novedades. Con más de 2.000 títulos vivos, es sorprendente que haya títulos que se lanzaron hace 40 o 60 años y se siguen reimprimiendo como si fuesen una novedad de última hora. Las obras de patrología, los comentarios bíblicos, los manuales docentes o los clásicos nunca podrán desaparecer del catálogo de BAC, pero lo mismo se puede decir de las diferentes versiones de la Biblia, los documentos conciliares o los textos de derecho canónico. Vuelvo a otro símil evangélico: el editor de la BAC es como aquel «padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». 

«La BAC ofrece perpetuar en el tiempo proyectos editoriales que sobrevivan por varias generaciones».

—La BAC es el buque insignia del Servicio de Publicaciones de la CEE, donde también están EDICE, ECCLESIA y Libros Litúrgicos. ¿Qué aporta al conjunto y qué le aporta esta vinculación?
—La puesta en marcha de un Servicio de Publicaciones imagino que no pretendía sino aprovechar los recursos y sinergias de diferentes realidades editoriales bajo el paraguas de la Conferencia Episcopal. La tendencia en el sector, e incluso en publicaciones periódicas, no es la dispersión, sino la coordinación entre diferentes marcas. El Servicio de Publicaciones cuenta con un equipo de profesionales especializados en libros religiosos: sean ensayos, catecismos, edición de Biblias o libros y subsidios para las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. No se trata de una coordinación técnica o comercial, es una coordinación que pasa por la audacia y creatividad editorial. Todo enmarcado en una exigencia de servicio a las Iglesias particulares y comunidades cristianas. También la BAC comparte su sello en la coedición de algunos proyectos litúrgicos para América Latina. En estos procesos, la rentabilidad está en función de la sostenibilidad, y la sostenibilidad al servicio de la eclesialidad del proyecto. 

—¿Se lanzará al libro electrónico?
—No cabe duda de que es un reto. Pero hay que ser realistas. El libro electrónico no acaba de despegar en el mercado religioso español, apenas supera el 5-6 % de las ventas en el sector y, salvo en el año 2020, en plena pandemia, no se detecta ningún crecimiento exponencial. El principal libro de la BAC, que es la Sagrada Biblia, sí está disponible desde hace años en formato electrónico. Pero es cierto que tenemos que plantearnos el desafío de hacer accesible parte del fondo editorial a través de bibliotecas o librerías digitales. Habrá que marcar prioridades. 

—Los obispos acaban de estrenar líneas pastorales para los próximos años. ¿Cómo puede ayudar una editorial como la BAC a alcanzar sus objetivos?
—Las editoriales religiosas tenemos un papel clave de mediación entre la Iglesia y la sociedad. Nuestra misión es hacer accesible al pueblo de Dios y a la sociedad en general el Evangelio, el magisterio de la Iglesia en sus diversas expresiones y la cultura cristiana. Las líneas pastorales aprobadas por nuestros obispos responden a retos concretos de nuestra Iglesia: iniciación cristiana, formación litúrgica, diálogo con la cultura, profundización de la Palabra de Dios. Podríamos hacer un listado bibliográfico con los títulos de la Biblioteca de Autores Cristianos, a modo de Excel, colocándolos como paralelos o como propuesta editorial —catequética, espiritual o cultural— a cada una de las líneas. 

—¿Cuál es su análisis sobre la situación del libro religioso? ¿Por dónde pasa su futuro?
—En España no llegamos a 30 los sellos editoriales religiosos, circunscribiéndome al grupo propiamente cristiano. La mayoría sustentados por instituciones católicas. Sigo pensando que hay más oferta que demanda. A pesar de lo que llaman ahora renacer religioso, me pregunto si estamos respondiendo a los desafíos que nos plantea este momento eclesial. Alguno de nuestros pastores ha alertado recientemente de un «enfriamiento religioso» y de cómo algunos sacramentos de iniciación cristiana pueden seguir siendo los «sacramentos del adiós». Por ello, el sector editorial religioso tiene que hacer su «reconversión». Publicamos muchos libros que nadie abre, llenamos mesas de novedades en las librerías que tienen una vigencia efímera. Recordemos aquello que decía Ortega y Gasset: «La obra de caridad más propia de nuestro tiempo: no publicar libros superfluos». Quizás tendríamos que hacer examen de conciencia. Aunque esta pregunta daría para otra entrevista… 

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