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«La hermosura de la Iglesia en Uruguay está en trabajar en un contexto secularizado»

Hablamos con el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, hoy único cardenal de Uruguay, primera etapa del primer viaje de León XIV por América Latina

La primera vez que León XIV pise América Latina será suelo uruguayo. El Papa llegará a un país que lleva 38 años sin conocer la visita de un Pontífice. Juan Pablo II había viajado allí en 1987 y volvió a hacerlo en 1988. Desde entonces, la nación más secularizada de América Latina no ha recibido al sucesor de Pedro. El de «secularizado» suele ser el «apellido» de Uruguay en términos de sentimiento o pertenencia religiosa. La nación tiene unos tres millones y medio de habitantes, de los que, aproximadamente, un 33 % se declara católico. Es decir, uno de cada tres. Cuando Juan Pablo II conoció el país, se estimaba que entonces, sobre una población de tres millones de habitantes, el 66 % se consideraba católico. En aquella época tampoco eran unas grandes cifras, pero es que Uruguay tiene una historia particular.

«Nuestro país se secularizó a principios del siglo XX con una muy fuerte secularización del Estado que acabó llegando a la sociedad. Hubo un presidente y un partido que, sin violencia, pero sí con una planificación y persistencia exitosa, fueron poco a poco separando las realidades que unían a la Iglesia y al Estado, llegando al fondo de la sociedad. Un ejemplo gráfico es el de nuestras fiestas. Todas las fiestas del calendario cristiano se quitaron o se mantuvieron cambiándoles el nombre. Desde 1919, en nuestro país, Navidad es el Día de la Familia. La Semana Santa es la Semana del Turismo. La Inmaculada Concepción es el Día de las Playas y la Epifanía es el Día del Niño». Quien explica así el estado de las cosas en Uruguay es el cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo. En conversación con ECCLESIA, el purpurado cuenta que evidentemente esta circunstancia «marca culturalmente a una nación» y, si bien «el pueblo cristiano se mantuvo fiel, hubo una disminución» de miembros de la Iglesia.

A este sustrato de por sí alejado de la fe se ha sumado la ola más reciente de secularización que ha inundado todas las sociedades, especialmente las occidentales. Por eso, Sturla dice que en Uruguay «llueve sobre mojado» y, por eso, ha aumentado el número de los que se declaran ateos o agnósticos. Sin embargo, parece que no solo la indiferencia ha calado. También la inminente llegada de León XIV está generando una curiosidad que, en ese terreno «mojado» por el desapego, podría hacer crecer una semilla. Porque hay grandes expectativas, también entre los no católicos, sostiene el cardenal. Opina que la presencia del Pontífice podría permear la coraza del no creyente. «En cuanto que la figura del Papa es respetada y querida y trasciende los límites de la Iglesia. Además, entiendo que, en un mundo donde hay una ausencia de líderes muy grande, el Papa es un referente mundial al que se le escucha», afirma Sturla. Cree que un ejemplo que ilustra muy bien la capacidad de León XIV para llegar a la opinión pública es su encíclica Magnifica humanitas y sus enseñanzas sobre la dignidad humana en los tiempos de la inteligencia artificial.

León XIV partirá el 6 de noviembre de Roma y recalará en la capital uruguaya. Junto a Montevideo, donde el Pontífice mantendrá los encuentros protocolarios con las autoridades y con la Iglesia uruguaya, León visitará las ciudades de Paysandú y Florida. En la primera, conocerá la labor caritativa y educativa de la Iglesia. En la segunda, se adentrará en la historia de la nación, ya que ahí se suscribió la declaración de independencia de 1825. Además, León tocará el corazón mariano de Uruguay en la Virgen de los Treinta y Tres, la patrona del país, cuya fiesta presidirá en el santuario el 8 de noviembre. En todos y cada uno de sus encuentros, el Pontífice podrá conocer la obra de la Iglesia uruguaya. Su cardenal asegura que el Papa distinguirá que «la hermosura de nuestra Iglesia la da el trabajar en un contexto más bien frío, porque el secularismo es la frialdad del alma. Ahí, la Iglesia es luz y calor». Y, donde se expresa con mayor certeza es en la caridad, algo que aprecian mucho los uruguayos. «Por ejemplo, uno de los actos del Papa va a ser en un barrio muy pobre de Montevideo, que es el lugar de mayor densidad de presencia católica de todo el país. Allí donde hay sufrimiento, la Iglesia está presente», señala Sturla.

Hace pocas semanas, los obispos uruguayos tuvieron su visita ad limina en Roma. Llevaron a León algunas de las preocupaciones y anhelos de esa Iglesia pequeña que camina en medio de una sociedad apática hacia la fe. «El Papa nos habló fundamentalmente de tres elementos: la transmisión de la fe, la familia y el amor a la vida. Y también tuvo presente el tema del suicidio. Él mismo lo mencionó como una preocupación, porque había leído el informe del Uruguay. Los obispos se lo presentamos como un dolor muy grande», indica el cardenal. Y es que otro de los «apellidos» de Uruguay es el del país con la mayor tasa de suicidio de América Latina. El cardenal Sturla afirma que se trata de una realidad que, en buena medida, «refleja la falta de fe, de esperanza y de amor» que vive mucha gente. Por eso, afirma que la Iglesia, transmitiendo a Cristo, «puede sanar muchas heridas» e intentar ayudar en un fenómeno «que provoca ondas expansivas de dolor». Para el arzobispo de Montevideo la presencia del Papa servirá para alentar a muchos, creyentes y no creyentes. 

Los preparativos siguen adelante. La organización local espera contar con el número de voluntarios suficientes, así como con los recursos económicos necesarios. La Iglesia uruguaya ha de sufragar prácticamente toda la visita. Para ello, están pidiendo donativos, grandes y pequeños, y se hará incluso una rifa con distintos premios. «Son muchos gastos para una Iglesia que a mí me gusta definir como pobre y libre, pequeña y hermosa, pero lo haremos con la ayuda de Dios. Confiamos en la Providencia», añade el purpurado.

«¿Y usted tenía la esperanza de ver a un Papa en Uruguay?», preguntamos a Sturla antes de despedirnos. «Sí, yo la esperanza la tenía desde el primer momento de la elección del Papa. Cuando le saludé, ya le mencioné que queríamos verlo en Uruguay, ya que no habíamos tenido la visita del papa Francisco». 

—¿O sea, el mismo día de la elección, el 8 de mayo de 2025?
—Exactamente el 8 de mayo. Así se lo dije. Hay que aprovechar el tiempo. Cuando somos un país chico, sabes que cuando tienes la posibilidad de hablar, hay que hacerlo al vuelo.

Y León XIV tomó buena nota de la petición de Daniel Sturla. 

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