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Primer día de León XIV en Uruguay: «El futuro de la humanidad se fragua en la familia»

Ante la Iglesia del país, anima a promover jornadas de ayuno y oración por las vocaciones

En la misma tarde primaveral de Latinoamérica, y con apenas hora y media de diferencia, León XIV ha desplegado en Montevideo una intensa cartografía espiritual, histórica y social del país que lo acoge como peregrino. Desde el pedestal de bronce del héroe nacional en la Plaza de la Independencia hasta las penumbras de la catedral metropolitana, el Papa ha lanzado sendos discursos complementarios al pueblo uruguayo en los que ha apelado a la responsabilidad cívica, la protección de los más vulnerables y la urgencia global de reavivar las vocaciones.

Segunda intervención, en la Catedral Metropolitana

Tras concluir el encuentro con las autoridades civiles, el Pontífice se ha trasladado a la Catedral Metropolitana de la Inmaculada Concepción y San Felipe y Santiago para presidir la oración de Vísperas junto al episcopado uruguayo, así como a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas. El ambiente de la Catedral de Montevideo evocaba los orígenes mismos de la patria, pues allí reposa la pila bautismal donde fue bautizado Artigas y descansa el sepulcro del beato Jacinto Vera.

Tomando como hilo conductor el Salmo 134 sobre los ídolos de oro y plata que «tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven», el Santo Padre ha advertido a los consagrados sobre los peligros de que el corazón quede atrapado en el reconocimiento, o en la tranquilidad de tener todo bajo control. Y, en contraposición a la inercia idolátrica, León XIV ha contrapuesto la mirada compasiva del Dios vivo. Con un acento marcadamente emotivo, el Papa ha agradecido la entrega silenciosa de la Iglesia uruguaya, rindiendo tributo a los muchos años de labor pastoral: «¡Qué hermosas son las manos que han envejecido haciendo el bien!». 

Y tomando la figura del beato Jacinto Vera —de quien una contemporánea decía que «de verlo nada más parecía que estaba siempre en oración»—, ha definido el núcleo de la misión de la Iglesia: «parecernos a Aquel a quien anunciamos». Uno de los momentos de mayor resonancia ha tenido lugar al abordar el desafío de las vocaciones en un país enormemente secularizado, como el Uruguay. El Santo Padre ha recordado cómo en 2024 el seminario interdiocesano no había recibido nuevas incorporaciones, lo que movilizó a los fieles en jornadas de oración y ayuno. Al constatar la presencia de los nuevos seminaristas y novicios en las naves del templo, León XIV ha querido enviar un anuncio de resonancia mundial: «Desde esta Catedral de Montevideo, invito a mis hermanos obispos de todo el mundo a promover en sus diócesis jornadas de oración y ayuno por el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada».

La jornada ha concluido con la encomienda del pueblo uruguayo y de la labor de su Iglesia a la protección de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona de la nación.

Primera intervención, bajo la mirada de Artigas en la Plaza Independencia

Ante la presencia del presidente de la República, autoridades del Estado, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático, León XIV ha abierto su visita oficial a Uruguay agradeciendo la cálida bienvenida de todo el país. El escenario elegido para la apertura cargaba, como testigos, con memorias de una honda densidad simbólica: el monumento a José Gervasio Artigas y las figuras que conmemoran el Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, popularmente conocido como la Redota.

El Pontífice, de este modo, ha centrado su atención en el friso esculpido por Angelo Zanelli, señalando cómo, en lo alto, el prócer aparece a caballo, pero en el relieve frontal se confunde con su pueblo. Para León XIV, este detalle evoca la célebre máxima artiguista del Congreso de abril de 1813: «Mi autoridad —dijo— emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana». Este esfuerzo del Papa de profundizar en el conocimiento y las raíces del país visitado ya se pudo apreciar en toda su magnitud durante su reciente viaje apostólico a España. A partir de esta premisa, ha subrayado que el ejercicio del poder público halla su razón de ser en el servicio al bien común y en el respeto al orden constitucional, al tiempo que se ha congratulado por los cuarenta años de democracia ininterrumpida que el país cumplió en 2025.

En su recorrido por el relieve del conjunto monumental, el Papa ha relacionado las esculturas de bronce con los dilemas contemporáneos del Uruguay: sostenibilidad intergeneracional, al ponderar que «la noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras»; o la transformación de la matriz de generación eléctrica hacia fuentes casi enteramente renovables, un logro de Uruguay que León XIV ha querido resaltar de manera expresa, instando a toda la comunidad internacional a mantener una visión a largo plazo en el uso del agua, la tierra y la energía.

En cuanto a la defensa de la vida naciente y la familia, el Pontífice se ha detenido en la imagen de una madre que abraza fuertemente a su bebé durante la marcha, recordando que «el futuro de la humanidad se fragua en la familia». El Papa, así las cosas, ha proclamado que quien aún no ha nacido forma parte del futuro de su pueblo y que su absoluta dependencia de la madre no le resta dignidad.

Sobre la educación, el trabajo y la Inteligencia Artificial, temas que le han evocado las figuras de niños que caminan junto a adultos en la piedra, ha remarcado el deber de garantizar una educación integral a los más pequeños. Asimismo, al abordar el impacto de las nuevas tecnologías sobre esta realidad, ha sido una vez más contundente: «El trabajo está “en función del hombre” y no el hombre “en función del trabajo”», advirtiendo que la inteligencia artificial debe ampliar las capacidades humanas y no reducir a la persona a una pieza prescindible.

Por último, se ha referido a los ancianos, la enfermedad y el drama del suicidio. Ante la figura de la anciana encorvada y los caminantes que se auxilian mutuamente, el Papa ha proclamado que «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada», y se ha apoyado en su propia vivencia reciente con la enfermedad. De este modo, ha abogado por un acceso universal a la atención sanitaria y ha abordado de forma directa la herida social del suicidio: «Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables». Nadie, ha afirmado, debería llegar a sentirse extraño entre los suyos.

Antes de concluir su discurso civil, ha definido la laicidad del Estado como un espacio de libertad que no debe recluir la fe a lo privado, celebrando asimismo la vocación diplomática uruguaya, consagrada en el artículo 6 de su Constitución y visibilizada en Montevideo como sede de la Secretaría del Mercosur.

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