El presidente de la CEE participa en un diálogo de la Universidad de Comillas con el presidente de la Generalitat de Cataluña. En el evento, ha denunciado «el relativismo moral que ha acabado en que el Estado sea fuente de moralidad», usurpando la auctoritas de la religión
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, y el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, han compartido espacio hoy en Madrid, protagonizando un diálogo en el que ambos han coincidido en señalar que «la polarización es una estrategia» al servicio de intereses espurios. Este encuentro, que ha tenido lugar en el auditorio de la Fundación Pablo VI, ha girado en torno a la necesidad de buscar puntos de unión en una sociedad cada vez más dividida y para delimitar el poder del Estado.
Durante la cita, organizada por la cátedra José María Martín Patino —en el centenario de su nacimiento— de la Cultura del Encuentro de la Universidad Pontificia de Comillas, se ha presentado a Salvador Illa como «un buen católico», reproduciendo las palabras que el cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona, le ha comentado a monseñor Argüello, bromeando: «Suele ir a Misa, aunque menos de lo que me gustaría».
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, por su parte, ha comenzado su intervención abogando por «no demonizar al que quiere dialogar», una práctica que ha lamentado como «muy habitual en los tiempos que corren» donde «nos demonizamos unos a otros», diciendo: «Con estos no se puede hablar». En este sentido, el arzobispo de Valladolid ha instado a la búsqueda permanente de la verdad y a identificar qué se puede hacer en común.
Ambos líderes han encontrado, desde sus respectivos caminos, un punto de acuerdo, al describir la polarización como una estrategia. Monseñor Argüello ha explicado, citando a los teólogos Von Balthasar y Guardini, que «la polarización es una estrategia», y ha instado a reflexionar sobre la responsabilidad individual de cada persona. El presidente de los obispos españoles ha propuesto buscar, en cambio, «polaridades antropológicas básicas», como cuerpo y espíritu, o la distinción entre hombre y mujer, cuya dilución, en su opinión, ha creado un «terreno fértil para la polarización». También ha lamentado el «consecuencialismo» actual, donde el fin justifica los medios en lugar de principios éticos claros, y ha cuestionado el uso de la polarización «con fines electoralistas». Illa se ha sumado al razonamiento, asegurando que «no hay ágora ni espacio público, y eso hace que no me veas, que no me conozcas», y ha subrayado que «por el camino de la polarización no llegamos a ningún lado», abogando por el reconocimiento del otro para la convivencia.
Para combatir este clima de confrontación, Argüello ha afirmado que la solución, al contrario de lo que se piensa, «no es buscar el término medio, renunciando a la polaridad», sino buscar «apasionadamente los puntos de encuentro», deseando que los católicos sean un referente en esta misión. En este sentido, y echando mano de la dualidad clásica entre auctoritas y potestas, ha señalado que, mientras el camino de la legalidad y la potestas son cosas del Estado, la religión tiene el soporte de la auctoritas. Y se ha apoyado en el Evangelio para ello: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es Dios».
Sin miedo
De este modo, el arzobispo de Valladolid ha destacado la importancia de «no tener miedo» a hacerse fotos con quien piensa distinto, ya sea Salvador Illa —como en el día de hoy— o, antes, con Santiago Abascal. «Me hago una foto aquí con Salvador Illa y hace unos meses me hice una foto con Santiago Abascal, y no me avergüenza ninguna de las dos fotos», ha dicho, al tiempo que ha reconocido que para los medios de comunicación y los estrategas de los titulares en un caso vuelve a salir «el rojo de los años 70» y en el otro «el facha del siglo XXI»
El socialista, por su parte, ha defendido el «diálogo entre diferentes», calificando de «error» la consideración habitual de «confundir diálogo con debilidad». Y si ha sido el propio Argüello quien ha sacado a relucir sus diálogos con Santiago Abascal, el presidente de la Generalitat ha puesto como ejemplo su reciente reunión con Carles Puigdemont en Bruselas para preguntarse: «¿Pero cómo le puedo pedir yo a los ciudadanos que convivan entre ellos si yo no soy capaz de reunirme con el líder del segundo partido de mi país?».
Amparado en la auctoritas de la religión, Argüello no ha rehuido el debate sobre el papel de la Iglesia en relación con la política. Ha declarado sin titubeos que la política puede ofrecer a la religión «hombres y mujeres virtuosos», lo que la Iglesia ha denominado «la caridad política». Y ha lanzado una clara advertencia: «El Estado no es Dios. La Iglesia lucha contra la idolatría del poder del Estado». En este sentido, ha denunciado el «relativismo moral» de algunas democracias ha acabado en un «positivismo jurídico», donde el Estado «se hace fuente de moralidad, con un aura religiosa».








