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Las propuestas de Argüello para promover la vida como vocación: obediencia y santidad

«La obediencia es la principal virtud de Cristo. […] El empoderamiento es antievangélico. No seguimos a un poderoso, seguimos a uno que pasó por el pesebre y por la cruz», subraya

Obediencia y santidad. Son las recetas del arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, para que los bautizados recuperen y puedan ofrecer a la sociedad una propuesta de vida como vocación.

En el marco de un encuentro en el Seminario Conciliar de Madrid, presidido por arzobispo madrileño, cardenal José Cobo, Argüello propone —y es el núcleo de la reflexión que se va a hacer de cara al Congreso Nacional de Vocaciones del año próximo— un cambio a nivel pastoral. Pasar de una pastoral de valores y que pone el foco en tomar la opción por Jesús a una de la obediencia y de la santidad.

«El desafío de la libertad en esta hora de la historia pasa por redescubrir la obediencia. Es algo escandaloso, contracultural. Para recuperar la libertad, para redescubrirla y así responder a la llamada del Señor, es preciso ayudar a la libertad enseñando la asignatura de la obediencia», explica el también responsable del Servicio de Pastoral Vocacional de la CEE.

Según sostiene, «la obediencia es la principal virtud de Cristo». Y añade: «Los proyectos que tienen que ver con el empoderamiento son antievangélicos. No seguimos a un poderoso, seguimos a uno que pasó por el pesebre y por la cruz».

Y es importante dar una respuesta en este sentido porque una de las tendencias que más afectan al hombre de hoy es la entronización de la libertad, que luego pasa a ser autonomía, autodeterminación y derecho a tener derechos.

Una exaltación de la libertad que no solo, dice, provoca heridas a nivel personal —pues limita los vínculos—, sino que también tiene consecuencias a nivel social y político, pues es un peligro para la democracia. Por eso, cree, en línea con lo que ya afirmó en su día Juan Pablo II, que «la cultura vocacional es la mejor aportación que puede hacer la Iglesia a la construcción de Europa».

Reconciliar vida de fe y vida social

Además del desafío que plantea la tensión entre libertad y gracia, el presidente del episcopado español subraya otras dos: la relación entre formar parte de la Iglesia y formar parte de la sociedad y la relación entre meter las manos en la historia para anunciar el Reino de Dios y sabernos ciudadanos del cielo y peregrinos hacia la vida eterna.

«Ser vocación significa reconciliar la vida privada y pública, la vida social y económica con la vida iluminada por el Evangelio de Jesús», explica. Porque, a veces, hay propuestas que promueven la doble vida, con la vida de fe y la vida social caminando por caminos separados.

En este sentido, afirma que el mundo de hoy precisa adultos, «personas que no solo pidan derechos», sino que asuman los deberes. De hecho, dice que una buena contribución de la educación católica sería ayudar a los niños no a reclamar derechos, sino a asumir deberes.

En este contexto se enmarca, explica, el Congreso Nacional de Vocaciones, que quiere renovar una propuesta para que la vida sea cultivada como vocación y, por ende, surja una cultura vocacional que dé la vuelta a la antropología dominante. 

«Se trata —insiste— de promover la vida como vocación para que desde cualquier forma vocacional que podamos asumir salgamos a la misión. Precisamos crecer como discípulos misioneros, es prioritario que haya matrimonios cristianos, que haya militantes cristianos en la lucha por la justicia. La vida como vocación supera los voluntariados».

Y, precisamente, porque no tenemos una vocación, sino que somos vocación, la Iglesia tiene la misión de ayudar al hombre de Dios a descubrirla, pues una de sus características es, precisamente, vivir sin vocación.

En su opinión, la cultura de lo trans tan de moda hoy —transhumanismo, transexualidad…— es el reflejo de que el hombre, aunque equivocadamente, busca más allá de sí, necesita trascendencia. «Es importante escuchar el latido de los hombres y mujeres de esta época», concluye.

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