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Aurora Aranda, directora de Cáritas Valencia

Aurora Aranda (Cáritas Valencia): «Nuestro mayor reto es que las personas puedan reconstruir su vida»

Cáritas Diocesana de Valencia reaccionó rápidamente a la tragedia provocada por la dana gracias a que tenía equipos en todas las poblaciones afectadas

Han pasado más de dos meses de aquella fatídica noche en que la riada segó la vida de más de 220 personas en Valencia y destrozó el futuro de miles y a Aurora Aranda, directora de Cáritas Diocesana de Valencia, se le sigue poniendo la piel de gallina cuando habla de ello. Dice que no fue consciente de la magnitud del desastre hasta que pisó las zonas afectadas al día siguiente. Entre tanto dolor, rescata un atisbo de esperanza: el poder transformador del amor y de la solidaridad. Se están volcando y se volcarán con los afectados por la dana, sin olvidar a los más vulnerables de las otras zonas de la diócesis

—Han pasado ya dos meses. ¿Cómo están en Cáritas?
—Esto ha sido un cóctel de emociones, vivencias, experiencias y sentimientos. Y unos van dando paso a otros. Primero, experimentamos la crudeza y la dureza de la situación. Nos hemos visto sobrepasados desde el principio en todos los sentidos: por la propia magnitud de la tragedia, por el dolor de las personas, por la solidaridad abrumadora… Esto nos ha hecho estar como en una nube. Después de este tiempo, estamos en un momento de conciencia de todo el trabajo que hay que hacer, de contacto con las familias. Esto nos afecta emocionalmente, porque sentimos el dolor y el sufrimiento de las personas. Estamos en ese proceso: acompañar a los afectados e intentar que reconstruyan su proceso vital. Es cierto que hay un poco más de serenidad.

—¿Cómo están contactando con las familias?
—Cáritas ya estaba desde antes de la dana en todas las poblaciones afectadas. Había un equipo de Cáritas, mayor o menor, pero había un equipo con una acción. Así que no hemos llegado como paracaidistas, digamos, de nuevas. El contacto, desde el principio, fue directo, con los párrocos y los voluntarios. Y hemos atendido y acompañado a las personas desde el principio. Cáritas ya estaba allí y eso nos ha ayudado para volver a habilitar espacios de acogida y atención, bien rescatando los que ya había o abriendo otros. Por otra parte, hemos reforzado en todas las poblaciones nuestra presencia con personal técnico, porque el trabajo va a ser intenso en los próximos años. Lo bueno es que la dinámica y los espacios ya existían, así que se han podido reactivar y reforzar.

—¿Cómo es el acompañamiento que ofrecen?
—Aquí hay dos claves importantes. En algunos de los equipos, los voluntarios todavía no están preparados para ayudar, porque son personas afectadas y no están ni en el momento emocional ni personal para dedicarse a esto. Y, en segundo lugar, es difícil asistir en la parte emocional a las personas, porque están en un proceso de duelo: por la pérdida de vidas humanas, pero también, por ejemplo, por la pérdida del hogar. Así que hemos reforzado estos equipos con voluntarios de otras Cáritas parroquiales. ¿Y qué hacemos? Generar espacios de acogida para que la persona que acude a nosotros tenga toda la información sobre recursos y ayudas y tenga la oportunidad de expresar las necesidades que tiene. Un tercer objetivo es la escucha, pues el impacto emocional ha sido muy grande. Cada vez que hablo de esto, se me pone la piel de gallina. 

—¿Cómo no?
—Las personas necesitan hablar, compartir su experiencia, qué ha pasado y qué han vivido. Otros no lo necesitan, o no ha llegado el momento para hacerlo, pero estamos ahí. Nuestra tarea es muy de estar, para lo que sea. En este sentido, estamos formando a los voluntarios para responder en esta clave más emocional. En algunos casos, habrá que facilitar a los afectados atención psicológica. Nuestra tarea es estar.

—¿Cuáles son las necesidades que les plantean?
—Nos encontramos en un segundo nivel de emergencia. Ayudamos ahora al equipamiento de viviendas, para que aquellas personas que tienen la casa limpia de barro y cuya estructura no corre peligro cuenten con electrodomésticos, menaje, sábanas, toallas, edredones… Y también estamos apoyando a familias que no han podido volver a sus viviendas, pero que, tras semanas en casas de conocidos o familiares, tienen que buscar una alternativa. Lo hacemos con el pago del alquiler o de suministros.

—Entiendo que estas son, en estos momentos, las urgencias…
—Hay otra. Tiene que ver con las personas que han perdido su trabajo, su medio de vida, su pequeña empresa… Cáritas también ha establecido apoyo para la rehabilitación de negocios o el sostén de alguno. Pero dentro de este colectivo hay personas todavía más vulnerables, como las personas que se dedican al empleo doméstico, que se han quedado sin trabajo y no pueden acceder a un ERTE o los migrantes en situación irregular. Las personas en situación de vulnerabilidad, que Cáritas ya atendía, son las más golpeadas.

—¿Cuál es el reto más grande a largo plazo?
—La reactivación de la economía es fundamental y, en este sentido, hay una mirada de carácter social, político y económico que es necesaria. En Cáritas, nuestro mayor reto tras la dana es que las personas puedan reconstruir su vida. Trabajaremos para que los que han sufrido la tragedia se recuperen, vuelvan a tener un proyecto vital y vivan con dignidad y felices. A veces, las dificultades se pueden ver como oportunidad y, en el caso de esta tragedia, han emergido las redes vecinales. Hemos visto el poder transformador del amor y de la solidaridad. Y esto nos abre a una mirada de esperanza. Ojalá que estos vínculos que se han generado ahora puedan ser el germen de, en un futuro, espacios relacionales, de encuentro, que tengan en el centro a las personas más frágiles.

—¿Cómo valora el papel de las administraciones? ¿Llegan las ayudas? 
—Algunas están llegando. Nadie estaba preparado para algo así y ha costado ponerse en marcha. Nosotros mismos hemos necesitado tiempo. Nos ha ayudado el equipo de emergencias humanitarias de Cáritas Española. Creo que a la Administración también le ha costado reaccionar. Lo que sí hay que exigirle es que coordine y genere espacios en el ámbito local y autonómico de diálogo y colaboración entre entidades y organismos públicos.

—¿Cómo se puede seguir ayudando a Cáritas?
—Cáritas sigue canalizando el apoyo económico de las personas, porque esta no es una emergencia que vaya a terminar pronto. Nuestro plan de acción se extiende por tres años, y seguirá más tiempo si es necesario. Es bueno seguir recibiendo aportaciones económicas, ahora o más adelante, porque esto va para largo. Cuando el foco no esté puesto aquí, se seguirá necesitando la ayuda. El voluntariado también es importante. Y aprovechando que hablo contigo, quisiera remarcar una cosa.

—Adelante…
—Es cierto que la dana nos ha hecho poner el foco en esta zona y también lo es que aquí va a haber un volcado de recursos económicos y humanos muy grande, pero la realidad de las personas vulnerables en el resto de la diócesis sigue estando presente y Cáritas las sigue atendiendo. No podemos olvidar que hay muchas personas que siguen necesitando nuestra ayuda. Nos hemos volcado con la dana y está bien, pero no podemos olvidar que hay otras realidades que siguen existiendo y que tenemos que apoyar. 

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