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Belén Domínguez, premio CEU a los valores en redes: «Si tengo a Dios en mi enfermedad, no me falta nada»

La influencer sevillana lucha contra un cáncer muy agresivo desde 2023 y comparte su experiencia de vida en internet dando testimonio de fe en Cristo

A principios de 2023, cuando contaba 30 años, Belén Domínguez empezó a sentir dolores en el cuello. «Pensé que tenía una contractura, porque siempre he sido una chica muy deportista, pero la verdad es que me dolía mucho», recuerda, en entrevista con ECCLESIA. Tras dos meses de pasar por varios fisioterapeutas, no se iba. «Me di cuenta de que algo pasaba. La mano izquierda también la tenía mal y estaba ya muy mal. Recuerdo que estuve una noche entera bajo la ducha porque apenas me podía mover», prosigue. Hasta que Emilio, su prometido, la llevó al hospital. Allí le detectaron un cáncer intramedular de grado cuatro, el más agresivo.

Desde entonces, la lucha de Belén ha soportado quimioterapia y radioterapia y, ahora que ninguna de las dos funciona en su cuerpo, un tratamiento experimental que le produce efectos secundarios terribles: «Me arde todo el cuerpo, la tensión me sube muchísimo, con fuertes dolores de cabeza y náuseas. Tengo mucho dolor neuropático, me duelen literalmente los nervios, como un dolor de muelas en todo el cuerpo», detalla. «Normalmente —comenta Charo, su madre—, la gente suele dejar estos ensayos en dos semanas, no pueden aguantar más. Ella lleva casi un año ya». Desde su último ingreso, Belén lleva doce meses sin moverse de la cama ni salir de su habitación del hospital, un año, como ella misma relata, «sin ver la luz del sol ni que te dé el aire en la piel». Sin embargo, «este año ha sido bueno en la parte espiritual: comulgo todos los días, rezo el rosario a diario y todos los días también escucho Misa con mi familia. Dios es lo más importante de mi vida, y sin Él no podría salir adelante. Tengo a mi familia, a mi gente que me apoya, estoy hiperagradecida porque el Señor me da toda la fortaleza para seguir aquí, a pesar de estar encerrada en una habitación. A pesar de eso, si le tengo a Él lo tengo todo, no me falta nada más».

El próximo lunes, Belén recibirá el premio Ángel Herrera de la Fundación Universitaria San Pablo CEU por «la influencia de sus valores en las redes sociales», donde comparte su experiencia de vida tras el diagnóstico del tumor en la médula aquel julio de 2023. También ha plasmado su camino en el libro La vida es bonita incluso ahora (Nube de Tinta). «Hemos asimilado todo con aceptación, no nos hemos resignado ni rebelado contra el proceso, tenemos a Dios con nosotros y todos lo hemos ido aceptando, tanto mi familia, en la cual se incluye Emilio, como yo», añade.

Testimonio online

«El inicio de las redes fue algo más bien simpático, por todos los amigos que preguntaban por ella», comenta su madre. «Le dije: “Belén, cuelga un vídeo en tu instagram normalito y tú cuenta cómo está yendo. Pese a que tenía pocos seguidores, aquello se empezó a hacer viral», agrega. «Nosotros siempre cuando hablamos decimos: “A ver, esta subida tan exponencial de las redes no es normal. Es decir, Dios tiene que estar por ahí”», opina Belén. El número de sus seguidores crece a velocidad de vértigo y supera ya las 176.000 personas, con subidas exponenciales cada día.

«Luego —continúa Belén—, nos han dado las gracias por nuestro testimonio, nos han dicho que han encontrado a Dios en él, porque no lo encontraban, seminaristas que nos han dicho que, de no haber sido por nosotros, lo habrían dejado, gente que se ha sentido movida a ir a Misa cuando no había pisado una iglesia en la vida… Cosas así, tremendas. Es un testimonio de vida, nada más. Al final, nos hemos dado cuenta de que solo con eso puedes evangelizar y es lo que hacemos».

En el proceso, tuvo que enfrentarse a una operación de nueve horas de la que, en el mejor de los casos, saldría mucho peor que entraba, porque había mucha probabilidad de no salir de allí. «Había otra chica joven esperando para algo parecido, y no paraba de llorar, como es lógico, pero mi hija iba con una paz y una serenidad que solo las da Dios», relata Charo. «Con mucho trabajo y mucho esfuerzo, tras aquella operación recobró la movilidad, empezó a andar, los esfínteres… Muchas cosas que había perdido, pero después vino otro ingreso y volvió a perder todo lo que tanto le había costado recuperar», explica.

Cuando las terapias dejaron de funcionar, les rescató el doctor Luis Ley, jefe de Neurocirugía del hospital Ramón y Cajal de Madrid, quien les propuso un ensayo experimental como alternativa a los cuidados paliativos. El doctor Ley es uno de sus ángeles de la guarda en su calvario de hospital —«lo ha mandado Dios, porque nos ha rescatado cuando ya nos estamos yendo, ya teníamos el centro de cuidados paliativos elegido, y nos ha dado esperanza»—; los otros son los capellanes del Ramón y Cajal. «Han hecho una labor impresionante con nosotros, de acogida, de respeto, de acompañamiento, de escucha… Desde darle la unción de enfermos cuando se encuentra mal a escucharla en un bajón puntual, aunque sean las dos de la mañana», afirma su madre. «He pasado momentos muy malos y de mucho dolor. De decir: “No puedo, esto me está superando, esta cruz es muy larga y demasiado dolorosa”. Y ahí ha estado en todo momento el capellán ayudándonos», admite Belén.

Bajones y esperanza

Durante la entrevista, aparece Francisco, uno de los capellanes, por la habitación del hospital. Ella, que se ha levantado baja de ánimo —«aunque me dan pocos bajones y suelen durar como mucho diez minutos», reconoce—, quiere enseñarle una cosa que le ha devuelto la alegría. Se trata de una carta del papa Francisco para ella, firmada de su puño y letra. Dice así:

«Querida Belén: Me han informado sobre el sufrimiento que enfrentas debido a la enfermedad. Te aseguro mi afectuosa cercanía y mi recuerdo en la oración. Continúa encontrando fortaleza y consuelo en la fe. Que la gracia de Jesús, que es nuestra esperanza, te sostenga y fortalezca. No cedas al desánimo. Gracias por tu testimonio de fe y por el bien que haces con tu libro “La vida es bonita incluso ahora”. Te abrazo e, invocando la protección de la Virgen Santa y de San José, de corazón te bendigo a ti y a las personas que te son queridas. Fraternalmente, Francisco».

Antes de caer enferma, Belén trabajaba haciendo impuestos para la petrolera BP a nivel nacional e internacional. Tenía mucha tarea, era una profesional joven y de éxito, deportista, amiga, una sevillana muy normal, y «que iba a Misa cuando cuadraba y rezaba cuando me acordaba, muy poco, sin más», explica. Por eso, está convencida de que su proceso de aceptación de la enfermedad «ha sido un milagro». «La profundización en la fe me ha llegado por la enfermedad. Desde el principio, Dios me dio la mano de alguna manera y yo la cogí. No se explica de otra manera que yo haya podido aceptar de esta manera algo tan tremendo», confiesa.

Por todo ello, Belén siente este reconocimiento como otro acicate para seguir con su lucha: «Para mí, la carta que me envió el presidente del CEU ya es un premio. Significa muchísimas cosas y me da mucha alegría. Este premio me da fuerzas para seguir, conozco la universidad, sus valores y me encantan; es algo increíble, no me lo creo ni yo. Parece que me lo ha mandado Dios desde arriba». Porque, como ella misma subraya, «un año después de mi último ingreso, estoy aquí con esperanza. Y sobre todo este año, que es el Jubileo».

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