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Aquilino Bocos y León XIV

Cardenal Aquilino Bocos: «León XIV establecerá puentes y concordará divergencias»

El misionero claretiano coincidió con Robert F. Prevost cuando ambos eran superiores generales de sus congregaciones

El cardenal claretiano Aquilino Bocos Merino conoce desde hace tiempo a León XIV. Coincidieron, en un primer momento, en la misión de guiar sus respectivas congregaciones religiosas como superiores generales. Y fue en ese contexto en el que el hoy Papa pidió a Bocos que impartiese un retiro al Capítulo General de la Orden de San Agustín. La relación se retomó años después, al compartir la púrpura cardenalicia. Antes del cónclave, pudieron hablar y, ya como Pontífice, nuestro entrevistado le agradeció su disponibilidad y le aseguró su oración. «Enseguida se advierte que es un gran creyente y enamorado de Jesucristo y de la Iglesia. Es inteligente, culto y prudente», subraya el purpurado español.

—¿Cuál fue su reacción al conocer que el nuevo Papa era el cardenal Robert Francis Prevost?
—La acción de gracias por tener, en la persona del cardenal Robert F. Prevost, un nuevo sucesor de Pedro, obispo de Roma y pastor de la Iglesia universal. Cada Romano Pontífice es un don para la Iglesia, pues en él tenemos un padre, un maestro y un pastor. La procedencia de los lugares y servicios de los cardenales era muy plural. El hecho de haber sido elegido tan rápidamente fue signo de mayor gozo, porque quiere decir que la coincidencia se produjo muy pronto. Y esto confirmaba la experiencia de comunión en la diversidad, que ya se había notado en las congregaciones de cardenales previas al cónclave.

—¿Qué le parece la elección del nombre: León XIV? Él mismo ha explicado la relación con León XIII y la Rerum novarum. ¿Por qué es importante esta referencia? 
—Al principio me sorprendió, pero viendo las revoluciones culturales, técnicas y sociales en las que estamos inmersos, me pareció muy oportuno. Nos invita a seguir renovándonos según el designio de Dios. El progreso del hombre entra dentro del plan divino. El Espíritu quiere hacer nuevas todas las cosas. Nos quiere veraces, libres, solidarios, pacíficos, misericordiosos.

—Usted, como él, fue general de su orden. Y coincidieron en algunos momentos. ¿Cómo ha sido su relación con el nuevo Papa? ¿Cómo es en el trato personal?
—Los tres primeros años de su servicio a la orden agustiniana coinciden con los tres últimos años de mi servicio a la congregación claretiana. Nos encontramos en la Unión de Superiores Generales. Al terminar su primer sexenio, me pidieron el retiro para el su Capítulo General. En este contexto, fue reelegido por otros seis años. Reiniciamos la relación al ser creado cardenal, siendo ya prefecto de la Congregación para los Obispos. En el trato personal es muy sencillo, acogedor y afable. Enseguida se advierte que es un gran creyente y enamorado de Jesucristo y de la Iglesia. Es inteligente, culto y prudente. Es fiel hijo de san Agustín y devoto de Nuestra Señora del Buen Consejo. Pero, sobre todo, es un hombre capaz de armonizar y conjuntar voluntades. Sabe que está al servicio de todo el Pueblo de Dios y de todos los hombres de buena voluntad, y se empeñará en promover la justicia y fomentar la concordia y la paz.

—¿Qué impresión le dio, ya como Papa, en los primeros encuentros con los cardenales?
—Muy buena. Espontáneo. Se le veía hermano entre hermanos. Humilde y dispuesto a acoger sugerencias. Pidiendo que le ayudáramos. Era evidente su conciencia de la responsabilidad que se le había dado, pero también de su confianza en la ayuda de Dios y de los hermanos, sobre todo en la oración.

—¿Pudo hablar con él? ¿Cómo fue esa primera conversación? 
—Al terminar el encuentro que mantuvimos el sábado 10 de mayo, pasamos a saludarle personalmente. Le felicité y agradecí que hubiera aceptado y le dije que contase con mi oración. Tiene buena memoria, pues me recordó algo que habíamos hablado durante las congregaciones.

—¿Cuál destacaría como la cualidad principal del nuevo Papa?
—Aunque ya he indicado alguna, subrayaría la sabiduría agustiniana, que es, a la vez, búsqueda, interioridad, prudencia y entrañable amor al prójimo.

—Su lema hace referencia a unas palabras de san Agustín sobre la unidad. ¿Cree que este será un acento de su pontificado? ¿Por qué?
—Su lema es inspirador y es programático, como lo fue desde su ordenación episcopal. Creo que hay que entenderlo en el conjunto de su escudo. Me fijo, sobre todo, en el corazón traspasado, reflejo de la conversión de san Agustín, y que el santo explica: «Has traspasado mi corazón con tu Palabra». Sin duda, motivará su servicio a la Iglesia y al mundo, impulsando la unidad en Cristo, promoviendo la conversión a la Palabra que lleva a la verdad, al diálogo, a la justicia, a la paz y al amor. La unidad y la comunión están en lo más profundo de su vocación agustiniana. Establecerá puentes, concordará divergencias. Es sintomático: en tan pocos días ha hecho varias llamadas a que cesen las guerras y se establezca la armonía entre los pueblos.

—¿Qué le puede aportar haber estado al frente de la Orden de San Agustín?
—El hecho de haber estado 12 años al servicio de la orden agustiniana, extendida en 50 naciones, le ha dilatado la mirada y ensanchado el corazón. Este cargo obliga a pensar, discernir y actuar en clave universal. Entra en contacto con la diversidad de carismas y ministerios, se comunica con los obispos de las distintas Iglesias locales donde están sus comunidades y establece vínculos con los laicos. Ayuda a apreciar lo diverso en las culturas, en las sociedades y en las iglesias locales. Un superior general valora la interculturalidad, la intercontinentalidad y la internacionalidad. Se le da la oportunidad de apreciar las reales necesidades que se experimentan en los lugares de frontera y marginación, como también donde están las verdaderas causas de los conflictos interterritoriales. 

Nuestro papa León XIV procede de EE. UU. y ha vivido más de 20 años en las misiones de Perú. Es un plus que ayuda a entender la realidad del mundo en que vivimos, tan plural y tan en contraste; tan lleno de oportunidades para el bienestar y tan conflictivo por intereses nada limpios. Ha recibido el don de la afabilidad y de saber acoger, dialogar, confortar y decidir. Dones que, sin duda, pondrá al servicio de la Iglesia que camina «en medio de tentaciones y tribulaciones», como dice Lumen Gentium.

—En sus primeras palabras como Papa, tanto desde la Logia de las Bendiciones, como luego en la Eucaristía con los cardenales, señaló «la misión urgente» de anunciar el Evangelio, también en los lugares donde no es bien acogido. ¿Cree que este va a ser el punto central de su pontificado?
—Cuando el día 10 de mayo nos convocó a los cardenales en el Aula del Sínodo, dejó muy claro su modo de ver y nos invitó a que renováramos juntos la plena adhesión al camino, a la vía seguida por la Iglesia posconciliar. Recordó lo que dijo el papa Francisco en la Evangelii Gaudium sobre el primado de Cristo en el anuncio, la conversión misionera de toda comunidad cristiana, el crecimiento de la colegialidad y de la sinodalidad, la atención al sensus fidei —especialmente en la religiosidad popular—, el cuidado amoroso de los débiles y descartados, el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo. Puede verse el discurso que nos dirigió. Es obvio que sea su prioridad. La Iglesia ha nacido para evangelizar, para llevar al mundo entero el mensaje íntegro de Jesús.

—¿Qué significa para la vida consagrada que haya sido elegido nuevamente un Papa religioso?
—He oído y leído palabras de extrañeza ante el hecho de que fuera elegido un nuevo Papa religioso. Creo que se ha elegido un pastor para la Iglesia universal. El hecho de que sea religioso, a mí me parece secundario. Los religiosos en el posconcilio han tenido Papas que procedían del clero secular y que se han desvivido por los religiosos. Basta repasar el magisterio de san Pablo VI, san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Que el Papa León XIV ponga sus propios acentos desde su condición de agustino, me parece lógico. Cada uno aporta el don recibido del Espíritu para la edificación de la Iglesia. Es más: sería de desear que acentuara la búsqueda de Dios y de la verdad, la interioridad, la conversión permanente, la fraternidad y que promoviera el nivel cultural, tanto en los sacerdotes, como en los religiosos y los laicos. 

—¿De qué manera este nuevo pontificado da continuidad al de Francisco?
—Es oportuno recordar que el papa León XIV sucede a Pedro. Los Papas guían la barca de Pedro. Quien hace de hilo conductor es el Espíritu Santo y lo hace con personas dotadas con dones diferentes. No sería constructivo estar haciendo comparaciones. Este es el Papa elegido: por él oramos y en él confiamos. Desde el Concilio hemos visto matices, acentos, insistencias, pero hay una línea clara de renovación eclesial que nos está pidiendo volver a la Iglesia que es misterio, comunión y misión. Dicho esto, es probable que el nuevo Papa siga poniendo el acento, como lo había indicado Francisco, en la centralidad de la misión evangelizadora, en la reforma de la Iglesia y en la sinodalidad, que es caminar juntos a la luz de la Palabra y del Espíritu. 

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