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Cardenal Carlos Aguiar

Cardenal Carlos Aguiar: «El Papa está cumpliendo lo que los cardenales compartimos en el precónclave»

El arzobispo primado de México visitó España para apoyar la causa de beatificación de Isabel la católica: «Tiene muchos rasgos que me han convencido plenamente de este camino»

Tras concluir el consistorio extraordinario convocado por León XIV, el cardenal Carlos Aguiar, arzobispo primado de México, se trasladó a nuestro país para una visita con varias etapas —Valladolid, Madrid, Sevilla y Granada— y con dos acontecimientos centrales: su participación en la Comisión Isabel la Católica para la causa de beatificación de la reina y el hermanamiento de las basílicas de Guadalupe en México y la Gran Promesa en Valladolid. El purpurado, acompañado por su obispo auxiliar, el español Francisco Javier Acero, también visitó Sedes Sapientiae, la casa de las editoriales y publicaciones de la Conferencia Episcopal Española. 

—¿Cómo ha ido esta visita?
—Ha sido espléndida. Con muchas alegrías, y también con el dolor por el accidente de tren en Adamuz, que coincidió con nuestra estancia. Fue un gran gusto recorrer ciudades tan históricas y ligadas al catolicismo como Valladolid, Madrid, Sevilla y Granada, todas vinculadas con la devoción mariana de alguna manera.

—En la reunión de la Comisión Isabel la Católica, usted ha mostrado su apoyo a la causa de beatificación. ¿Cuál es su opinión sobre esta gran reina?
—Ya tenía una buena percepción sobre la reina Isabel, pero en los últimos tiempos, con varias lecturas, pude profundizar en las características de santidad de su persona. Fue una buena cristiana, una mujer que practicó el bien pensando en la dignidad de los demás. Por ejemplo, recordemos esa indicación que envió a Colón y a las autoridades de América para que tratasen a los indígenas como a los españoles. Fue muy distinto a lo que sucedió con Portugal y sus colonias en Brasil.

—¿Qué rasgos de santidad destacaría?
—Uno es su espiritualidad. Para poder manifestar la fe a través de nuestra conducta es fundamental la espiritualidad. De hecho, tuvo buenos consejeros. Además, practicó mucho la obediencia, no solo a los asesores eclesiales, los cardenales, sino a sus intuiciones personales. Hay muchos rasgos que me han convencido plenamente de este camino hacia la beatificación y luego a la canonización.

—Durante su visita se ha producido el hermanamiento de Guadalupe con la basílica de la Gran Promesa en Valladolid, que se suma a otros. ¿Es este signo, como el apoyo a la causa de Isabel la católica, un puente entre México y España en tiempos de polarización?
—Vivimos un tiempo de transformaciones profundas y, al mismo tiempo, muy rápidas. Y la polarización, que está muy extendida por todo el mundo, ha sido el efecto negativo. En el otro lado, está el hermanamiento, el volver a reconocernos como hermanos, que tenemos la misma fe y la conciencia de que las advocaciones de María, en sus distintas expresiones, siempre han ayudado a los fieles y han atraído a otros a la fe católica.

—Hace unas semanas, participó en el consistorio extraordinario convocado por León XIV. ¿Cuál es su balance?
—El Papa, nada más ser elegido, pidió explícitamente celebrar la Misa con nosotros, los cardenales, y luego encontrarnos para que le dijésemos qué esperábamos de él. En aquella ocasión, pusimos encima de la mesa la necesidad de conocernos más y le planteamos la posibilidad de organizar un encuentro anual. El Papa ha cumplido. Ahora nos ha convocado para el mes de junio y luego quiere hacer reuniones cada año de unos cuatro días. El Papa nos convoca no solo porque se lo hemos pedido, sino porque está convencido de la necesidad de trabajar juntos.

—¿Qué opina sobre los primeros pasos de su pontificado?
—Está cumpliendo lo que los cardenales compartimos en el precónclave, en las congregaciones generales previas a su elección. Allí propusimos un perfil de Papa y él lo está llenando muy bien.

—¿Cuál cree que es su gran aportación?
—En primer lugar, esta expresión clara de que quiere hacer equipo. Luego, es un hombre con una gran capacidad de escucha y muy empático. Siempre está dispuesto a establecer una amistad.

—Miremos a su país. ¿Cómo está la Iglesia en México?
—Estamos muy unidos. Los obispos convergemos, aunque nuestras situaciones son diversas. Hay diversidad, pero en la Iglesia somos uno. En el caso de mi archidiócesis, la de México, estamos en un proceso para establecer estructura y procesos pastorales para llegar a ser una Iglesia sinodal, porque nadie puede caminar solo, por su lado. En este sentido, hemos abierto el proceso a la sociedad y, además de las parroquias, estamos visitando los mercados, los hospitales, los centros educativos… para conocer la realidad concreta.

—¿Sigue golpeando fuerte la realidad del narcotráfico?
—Es nuestra gran pesadilla, una pesadilla real.

—¿Y qué puede hacer la comunidad cristiana?
—Tener siempre las puertas abiertas para dialogar, con las autoridades, con los empresarios y todo tipo de personas, y hacer lo que nos toca, que es mover el corazón para que la conducta sea adecuada al Evangelio. 

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