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Cardenal Fabio Baggio: «Debemos comprometernos para que la migración sea una elección libre y no forzada»

El subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral subraya la importancia de la voz y presencia de los Papas en el fenómeno de la movilidad humana, uno de los signos de nuestro tiempo

«Debemos comprometernos para que la migración sea una

elección libre y no forzada»

Cuando se habla de las migraciones, muchas veces se piensa solo en números y cifras. De este modo, se tiende a simplificar un fenómeno que es muy complejo. Los datos son importantes para entender la magnitud, pero, sin embargo, es necesario recordar siempre que «cada persona tiene una historia». Que cada persona «tiene su dignidad y sus derechos». «Por una sola, hay que ponerse a trabajar, porque es una criatura de Dios única e irrepetible». Es la Doctrina Social de la Iglesia. Lo explica en esta entrevista el cardenal Fabio Baggio, subsecretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en el contexto de la visita de León XIV a las Islas Canarias, dentro de su viaje a España en el mes de junio. Una visita que estaba en el corazón de su predecesor, el papa Francisco. Allí, León XIV podrá conocer a los migrantes, así como la labor que la Iglesia realiza en su acogida y acompañamiento, un camino que va desde la emergencia hasta la integración en la sociedad a todos los niveles. El purpurado comenta la importancia que tiene la voz y la presencia de los Pontífices en el fenómeno migratorio, uno de los signos de este tiempo. 

—El Papa visitará las Islas Canarias el próximo mes de junio, recogiendo un deseo expresado por el papa Francisco. ¿Qué supone la voz de los Pontífices en la actual crisis migratoria que se vive a nivel global?
—Creo que los flujos migratorios que se están manifestando en estos últimos años corresponden más o menos con lo que ha sido el aumento que hemos visto en los últimos 40 o 50 años. Lo que sí ha cambiado es la naturaleza de los mismos, hoy cada vez más forzada. Esto ya lo había destacado el papa Francisco durante su pontificado. En varios mensajes, decía que, lamentablemente, la gente se encuentra cada vez con menos alternativas y, por tanto, con la única posibilidad de dejar su territorio, su tierra de origen, para ir a otro lado y, así, realizarse como persona, para escapar de situaciones muy difíciles o para realizar los sueños de su familia. Esto es lo que se está dando en los últimos tiempos. Sí, los números están aumentando, sí se están dando estos flujos en distintas partes. Pero, sobre todo, lo que aumenta son los flujos forzados. Además, ACNUR y otras organizaciones internacionales han destacado que dentro de los territorios nacionales se dan una serie de desplazamientos que han ido creciendo en los últimos años, y también está siendo un motivo de preocupación. Y aquí entra lo que sí es una crisis, la crisis climática. 

Los Papas, desde siempre, han estado muy atentos a los fenómenos sociales de distinta naturaleza, sobre todo cuando se trata de los más pequeños, los últimos, las personas más débiles y frágiles. Francisco hizo de esta atención una particularidad en su pontificado. Y León XIV está haciendo lo mismo, continuando con esta tradición de poner en el centro lo que normalmente queda en las periferias. Esto es importante, porque, evangélicamente hablando, la Iglesia tiene una predilección por los más pobres, los últimos. La voz de la Iglesia y de los Pontífices siempre va a estar, a partir del Evangelio, llamando la atención sobre la responsabilidad global que la familia humana tiene para con sus miembros y, sobre todo, con los más débiles. 

—León XIV ha visitado África en el mes de abril, visitará Canarias en junio y Lampedusa en julio. ¿Qué lectura podemos hacer de la continuidad de estos viajes?
—Los artículos que han acompañado la visita del Papa a África han hablado mucho de proximidad. Creo que es una palabra clave que debemos tener en cuenta. Cuando el Santo Padre visita un país, se mueve con él toda la Iglesia universal, con toda la atención mediática que este movimiento suscita. Eso significa que los viajes del Papa son para manifestar la atención que la Iglesia universal tiene con situaciones particulares, hasta la más remota y lejana, muchas veces desconocidas para la mayor parte de la población. Al mismo tiempo, con esa proximidad se manifiesta el amor misericordioso de Dios a todos y todas. Además, muestra algunos problemas y dramas que están todavía presentes en nuestra humanidad. A partir de una mayor visibilidad, se puede producir un camino de respuestas, un proceso que de otra manera sería difícil comenzar. 

—Acoger, proteger, promover e integrar. Son palabras que el papa Francisco repitió en muchas ocasiones cuando hablaba de la migración. Desde su trabajo en el dicasterio, ¿cómo se está llevando a cabo esta misión?
—Es uno de los mensajes más famosos del Santo Padre, en el que identificó, aunque hay más, estos cuatro verbos. Se trata de un camino que se realiza a partir de una primera acogida, recibiendo y acompañando a la gente hasta la total inclusión dentro de un grupo, comunidad o sociedad. Como dicasterio, vemos que ese trabajo le corresponde y es responsabilidad de la Iglesia local. Nosotros estamos para animar, apoyar y acompañar este proceso. Ofrecemos la posibilidad de que la Iglesia local tenga los conocimientos y recursos necesarios para promover este tipo de pastoral que llamamos migratoria, que, al final, se transforma en una pastoral intercultural de construcción de comunidades católicas. Este es justamente el objetivo que tenemos, también, a partir de la presencia de hermanos y hermanas que llegan. Una presencia que se transforma en construcción de comunidad cuando los que llegan son católicos, cristianos, y se convierte en misión si llegan desde otra creencia. Porque el testimonio de nuestra fe por medio de la caridad da la oportunidad a los demás de conocer el Evangelio y a Jesucristo. 

—¿Cómo es el trabajo con las conferencias episcopales?
—Estamos en contacto a diario con muchas conferencias episcopales. Algunas son lugar de salida, de tránsito, de llegada o de retorno. Muchas veces nos piden acompañarlos en la reflexión sobre el fenómeno, en la elaboración de programas y proyectos de pastoral migratoria. Al mismo tiempo, los acompañamos en la formación de los agentes de pastoral.  

—En ocasiones, la cuestión migratoria de la que estamos hablando solo se aborda desde las cifras. ¿Cómo humanizar esta realidad?
—Es interesante que el título del próximo mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado del próximo septiembre haga referencia al Evangelio de Mateo: «Incluso uno solo de estos pequeños». Esto nos recuerda que no son importantes los números: cada persona tiene una historia; cada persona tiene su dignidad y sus derechos. Por una sola persona ya hay que ponerse a trabajar, porque es una criatura de Dios única e irrepetible. Esto forma parte de nuestra doctrina social. Obviamente, los números sirven para entender mejor el fenómeno, las categorías, las causas y efectos. Desde una perspectiva pastoral, cada persona es una historia, cada persona representa a Jesucristo que golpea nuestras puertas. 

—Son personas que arriesgan todo para tener un futuro. Huyen del hambre, de la guerra, la violencia… Pero, al llegar a otro país, se encuentran dificultades, sufrimientos… ¿Cómo ofrecerles esperanza?
—El tema de la esperanza ha sido el del Jubileo del 2025. En la jornada mundial que hicimos a nivel jubilar, llamamos a los migrantes «misioneros de esperanza». La verdad es que si hoy en día tenemos que reconocer una esperanza de vida, a razón también de enfrentamientos, dificultades y riesgos, esa es justamente la de los migrantes. Ellos nos recuerdan que nuestra vida es una vida de paso, que estamos caminando hacia la patria celestial. En el camino vamos a encontrar riesgos y tentaciones que tenemos que superar. Toda la historia migratoria se transforma así en una parábola, una analogía de nuestra vida misma: entendernos como migrantes en esta tierra. Los migrantes están esperando encontrar en otra tierra lo que no pudieron encontrar en la suya, y, por tanto, habrá que garantizarles la mejor atención según las posibilidades. Al mismo tiempo, esta tierra prometida se construye junto a los que llegan, así como pasó con el pueblo de Israel en Egipto. Y reconocemos nuestra responsabilidad de construir el Reino de Dios en cualquier lugar donde estemos. 

Me gustaría recordar, también, que junto con el compromiso de acoger al que llega, tiene que existir el compromiso de garantizar que en la tierra de origen existan las condiciones para permanecer, lo que llamamos el derecho a no tener que emigrar. La comunidad internacional, todos los actores, tenemos que comprometernos a generar las condiciones necesarias para que la migración sea una elección libre y no forzada. Para que todas las personas tengan las condiciones para poder vivir bien y realizarse en su lugar de nacimiento. 

—Este aspecto fue abordado por el Santo Padre en Camerún en el encuentro en la Universidad Católica de África Central en Yaundé…
—Sí. Un tema también tratado en el mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2023. Aquel mensaje, sobre el derecho a no migrar, se titula «Libres de elegir si migrar o quedarse». Invito a leerlo, porque es muy profundo. 

—Usted conoce bien el fenómeno migratorio, con sus connotaciones, raíces y consecuencias. ¿Cree que en el debate social se tiende a simplificar, provocando así incomprensiones?
—Lamentablemente, podemos decir que los medios sociales reducen cada vez más las palabras que se leen, los titulares que se producen… Esto no ayuda a profundizar. La migración es un fenómeno complejo y antiguo como es antigua la familia humana. Nacimos nómadas y para comprender las dinámicas con las causas, efectos y todo lo que se genera, hay que dedicarle tiempo.No se puede resolver con una frase o con un lema. 

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