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Fernando Filoni

Cardenal Filoni: «Si no se pone fin al odio, no habrá futuro en Oriente Medio»

El Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén cuenta en ECCLESIA su reciente peregrinación a Tierra Santa

El cardenal Fernando Filoni, además de ser una de las figuras que mejor conocen Oriente Medio, es el Gran Maestre del Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. Recibe a ECCLESIA pocos días después de realizar una peregrinación a Tierra Santa, la que él define como «la tierra de Dios para todos». Opina que la paz es posible, pero solo si se produce «una metanoia» y se destierran los extremismos.

—Eminencia, hace pocas semanas estuvo en Tierra Santa. Cuéntenos un poco de su peregrinación.
—Surgió por una invitación del abad de la Abadía de la Dormición. Hace un año me preguntó si estaría disponible para celebrar la Dormición de María el 15 de agosto en Jerusalén. En un año han pasado muchas cosas, tanto a nivel político como eclesiástico, y también en lo concerniente a la guerra, que se ha intensificado en este tiempo. Por ello, me pareció que mi presencia no podía ser simplemente una respuesta a una invitación, sino que también debía tener un sentido de peregrinación, dado el gran sufrimiento por el que atraviesa la Tierra Santa. Estos seis días han sido un verdadero ejercicio espiritual. Los Santos Lugares también nos hablan de las personas que viven allí, a quienes, mediante esta peregrinación, queríamos transmitirles que no los hemos olvidado. Como Orden Ecuestre del Santo Sepulcro, esta dramática situación no nos deja indiferentes.

—¿Cómo encontró a los cristianos que permanecen en Tierra Santa en medio de tensiones y conflictos y sin apenas peregrinos? 
—Este es un aspecto del drama opacado por eventos terribles, como los que tienen lugar en Gaza. En otras partes de Palestina, y en esta región en general—pensemos en Líbano, Irak, Irán, Siria, Yemen—, hay grandes problemas de muchos tipos y, junto a ellos, está la realidad más silenciosa de quienes viven de las peregrinaciones o del turismo. Para nosotros ha sido primordial reunirnos con estas personas y para ellos ha sido importante notar que no los hemos olvidado. Las actividades relacionadas con las peregrinaciones o el turismo prácticamente no existen o están suspendidas. La subsistencia de estos cristianos es un aspecto importante que abordar porque hay gente común que no tiene con qué afrontar el día a día. Y cuando no hay trabajo, también desaparece la dignidad de quien se gana la vida con su propio trabajo. 

Fuimos especialmente conscientes de esto en Belén, donde visitamos la parroquia y conocimos a algunas personas que nos hablaron de las estrecheces que atraviesan. El párroco nos contó que, gracias a Cáritas, a la ayuda que nosotros brindamos como Orden y a otros benefactores, cientos y cientos de personas pueden vivir con la asistencia que proporciona la parroquia o el Patriarcado, con la que compran productos básicos como arroz, pasta, aceite o jabón. Una precariedad a la que han llegado por la falta de trabajo. 

—No pueden ir a Israel a trabajar como hacían antes…
—Muchos han sido despedidos, especialmente musulmanes y cristianos palestinos. Para estas personas es extremadamente difícil pagar el alquiler, cubrir los gastos comunes, la educación de sus hijos, las medicinas… Y, reitero, es una situación de la que no se habla tanto porque hay otros dramas más graves como el de la guerra, cuyas consecuencias son más visibles. Estos cristianos nos pedían que no los olvidáramos, que volviéramos. Encontramos algunos grupos de peregrinos, pero eran pequeños. Yo puedo decir que no nos topamos con ningún problema a lo largo de nuestra peregrinación y que se puede viajar. Necesitamos retomar la tradición de peregrinar a Tierra Santa; una tierra que no pertenece exclusivamente ni a israelíes ni a musulmanes, y donde los cristianos son una minoría que tiene derecho a ella como un lugar que les pertenece espiritual y moralmente, por cultura y por tradición religiosa.

Me gustaría destacar que, incluso en tiempos de Jesús, los cristianos nunca han sido mayoría allí. La Iglesia primitiva era un rebaño pequeño. El mismo Jesús hablaba de ello. Retomo una idea del patriarca emérito Michel Sabbah: nunca seremos mayoría, ni nos interesa ser mayoría, sino ser un rebaño pequeño, pero funcional. Esto no debería escandalizarnos ni impresionarnos. Tampoco significa que, si somos mayoría, contamos, pero si somos minoría, no contamos. Esta es una conclusión de tono casi político que no nos pertenece. 

Los cristianos también debemos cambiar nuestra mentalidad a este respecto, porque aun siendo minoría tenemos una misión y una tarea. Además, Tierra Santa ha sido la Tierra Santa desde el principio, desde el momento en que Dios prometió una tierra a Abrahán. Así, Tierra Santa se convierte en una tierra de bendición. Quienes van a la Tierra Santa buscan la bendición de Abrahán, Isaac y Jacob, y de Jesús, quien la completa. 

Al mismo tiempo, es también un lugar donde se manifiesta la maldición. Leí una vez que Jerusalén había soportado más de mil guerras. Los cristianos hemos de luchar contra esta maldición para que prevalezca la bendición de Abrahán, el padre en la fe de Israel, de los cristianos y de los musulmanes. Se trata, por tanto, de impulsar un cambio de mentalidad que no sea de ocupación, de pertenencia o de exclusión, de «esto es mío y nadie me lo quita». Es necesario pensar en la bendición, en que Tierra Santa es la tierra de Dios para todos. Los cristianos no dependemos de si somos mayoría o minoría, ni de tener o no un papel político. Eso no significa que los cristianos no deban pedir a los políticos que demuestren su amor y su respeto por todos y cada uno de los peregrinos que acuden a esas tierras y por cuantos las habitan. 

—Hablemos de la Orden y del inmenso trabajo que viene realizando en «lo escondido»…
—Según el estatuto establecido desde la época de Pío IX, en 1847, la Orden se constituyó como una institución de apoyo a la Iglesia Patriarcal de Jerusalén. No actuamos como una entidad independiente. Siempre estamos un paso por detrás del Patriarcado Latino de Jerusalén, que es quien nos comunica sus necesidades. Así, ayudamos al Patriarcado con las contribuciones personales de todos los caballeros y damas para apoyar Tierra Santa y sus obras, ya sean pastorales, educativas o sociales, y ahora los desafíos que comporta la guerra en Gaza. La Orden aporta anualmente 16 millones de dólares a Tierra Santa gracias a las donaciones particulares. Es un vínculo económico con los Santos Lugares, pero, sobre todo, es expresión de un vínculo afectivo. En cualquier caso, como dijo Jesús, podríamos aplicarnos aquello de «que tu mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda». Nos complace pasar desapercibidos. 

—¿Cree que tras esta guerra podrán sanar las heridas entre israelíes y palestinos?
—Se hace necesaria una metanoia. ¿Qué es la metanoia? Un cambio de mentalidad. Mientras se sigan valiendo de las armas y otros echen leña al fuego, no habrá futuro. Debemos apagar estos incendios y comprender que, si el fuego se desata por quienes venden armas y fomentan el odio y no se encuentran soluciones para la convivencia y el diálogo, no habrá futuro. Creemos que es posible, pero debe haber un cambio de mentalidad a nivel global, regional y local. Si no se produce, estaremos en serios problemas. Si no se pone fin a este odio, que es casi palpable, no habrá futuro en Oriente Medio. Por eso, alentamos esta metanoia. Sí, los rehenes han de ser liberados sin condiciones; sí, la acción de Hamás fue malvada; sí, la reacción ya es desproporcionada, porque hay muchos inocentes muriendo… Pero si no se deshace este nudo, el odio persistirá entre ambas partes. ¿Es posible que pueblos nobles y antiguos como los de Israel y Palestina no puedan hablar?, ¿qué lo impide? El extremismo, que no forma parte del diálogo.

—Y también la venganza…
—El extremismo conduce a la venganza. 

—¿Cómo hacer que los cristianos permanezcan en aquellas tierras?
—Me he hecho esa misma pregunta y se lo he preguntado a algunas personas de Oriente Medio. Y me han respondido algo muy simple: «Mi abuelo fue a tal guerra y murió; mi padre fue a otra guerra y resultó herido… ¿Qué debo esperar para mis hijos?, ¿qué haríais vosotros en mi situación?, ¿dejaríais a vuestros hijos aquí para que libren la próxima guerra? Nos quedaremos aquí si hay unas condiciones de vida dignas. No hablamos de privilegios, sino de vivir con dignidad».

Desde un punto de vista teórico, no debemos tener miedo de ser ese pequeño rebaño que mencioné antes. Pero, por otro lado, también debemos tener en cuenta que las familias en Oriente Medio atraviesan muchas dificultades. En primer lugar, debido a esa idea de que los cristianos han de ser tolerados. Ese pensamiento debe desaparecer. Los cristianos son originarios de esa región y, por ello, no deberían ser discriminados ni tolerados. Son ciudadanos de pleno derecho. Me pregunto: ¿las religiones mayoritarias de esta zona aceptan a los cristianos como ciudadanos? En algunos países, sí; en otros, no. La presencia cristiana no es una presencia ocupante, sino de calidad. Si una familia viviera en condiciones dignas, no tendría motivos para emigrar. Porque también existe el derecho a no emigrar, siempre y cuando esas condiciones dignas sean garantizadas por las mayorías de cada país.

—Llevamos décadas reivindicando esto…
—Debemos seguir haciéndolo. Sí, nunca será algo que podamos dar por sentado; siempre será un bien que hay que construir. 

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