Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Viaje por la existencia de Carmen Hernández

La sierva de Dios Carmen Hernández. Su vida y misión en 50 preguntas (BAC, 2025) ofrece un panorama conciso y bien documentado de la vida de la iniciadora del Camino Neocatecumenal

He aquí un librito de bolsillo diseñado específicamente para burlar la pereza lectora en plena era de la distracción. Así se presenta La sierva de Dios Carmen Hernández. Su vida y misión en 50 preguntas (BAC, 2025), obra de Carlos «Charlie» Metola e Isabel Banderas, en un formato, dicen, para aquellos que han perdido la «buena costumbre de leer libros». El volumen descorre el velo sobre Carmen Hernández Barrera (1930-2016), ofreciéndonos un nuevo recorrido por su existencia para descubrir, una vez más, que fue diseñada por la providencia para desafiar cualquier tipo de expectativa. De Ólvega, Soria, y licenciada en Ciencias Químicas por la Complutense con notas sobresalientes, Hernández no quiso ser, ni fue, una beata al uso. Las ciencias naturales le gustaban «mucho», y en ellas atisbó «la grandeza y la inmensidad de Dios». A menudo utilizaba el cloruro sódico, la sal, para explicar que, para dar sabor, «debe deshacerse, disolverse, morir», en una de tantas analogías químicas que usó para hablar del sacrificio. Es este un género de equivalencia que usó mucho, y que terminó por definirse en su predicación como rasgo de estilo propio.

Desde Tudela, su niñez ya vislumbraba el horizonte misionero. Inspirada por san Francisco Javier, su vocación fue «irrenunciable», tanto que abandonó una prometedora carrera en la industria alimentaria familiar para unirse a las Misioneras de Cristo Jesús. Su camino, sin embargo, no fue recto: una «kenosis» en Barcelona, aparente fracaso vocacional, fue la forja donde entendió en plenitud el Misterio Pascual y la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II. Aquellos ocho meses en la ciudad condal, esperando la decisión de sus superioras, debieron de ser un getsemaní personal. El rechazo de los votos perpetuos, pasado el trago y la incertidumbre iniciales, terminó siendo una revelación, tras la cual pudo entonar a viva voz: «¡Están rotas mis ataduras!».

Su historia, cuyo guion está escrito sin fisuras por una mano maestra, la llevó a las chabolas de Palomeras Altas, en Madrid. Allí, Dios le tenía preparada una «cita a ciegas» con Kiko Argüello, un artista con aires bohemios que se había ido a vivir «entre los pobres» con una Biblia, un crucifijo y una guitarra. De esa conjunción improbable, de la pobreza más absoluta y la «sinceridad enorme» de los marginados, de aquellos que no tienen nada que ofrecer salvo su miseria y, por tanto, nada tampoco que ocultar, nació lo que hoy se conoce como Camino Neocatecumenal, sostenido por un «trípode» sencillo pero fundamental: Palabra, liturgia y comunidad. La fe, sin aditivos ni velos, que se encarna en una existencia concreta. La historia que sigue es de sobra conocida: la intervención del entonces arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, que, tras presenciar la cruda realidad de Palomeras, confesó «yo no soy cristiano», fue el aval que lanzó el Camino a las parroquias. Una obra, en fin, no planificada, «fruto del Espíritu Santo» que demuestra soplar por donde él quiere.

El libro no escatima en cifras: 52 años de actividad apostólica, miles de viajes por 56 países, la «preocupación diaria por todas las iglesias». Carmen, la científica, la teóloga incansable, la mujer que vio a Dios en los elementos químicos y la inmensidad del universo, la que corregía a Kiko para ayudarle a entrar en la humildad que tanto predicaba, y la que defendió la «dignidad de la mujer» frente al «feminismo ideológico que ataca la fábrica de la vida»; falleció en 2016 y su muerte no fue el final. Dio pistoletazo de salida a una causa de canonización que aún sigue abierta y cuya fase diocesana está a punto de concluir. Su tumba es ya un punto de peregrinación. Los más de 64.000 «favores y gracias» registrados han conducido al título de sierva de Dios. Este librito, con su aparente sencillez, destila el denso espíritu de una mujer que, entre viaje, encuentro y visita catequética pasaba «horas y horas leyendo la Biblia»; ofrece un panorama conciso y bien documentado de la vida de Carmen Hernández, paralela a la génesis del Camino Neocatecumenal y resulta, en fin, un valioso instrumento para quienes deseen conocer su figura, su legado y la obra a la que dedicó su vida. 

This Pop-up Is Included in the Theme
Best Choice for Creatives
Purchase Now